NIÑOS CASTRADOS, BUROCRACIA Y MÚSICA

Eunucos otomanos

En la actualidad se habla en los EEUU, Francia y España, de la castración como un castigo extremo (sin duda, lo es) para detener el incremento de los crímenes sexuales, como si la imposibilidad de utilizar los genitales fuera suficiente para frenar los impulsos de pederastas y similares (la disminución de tetosterona es bastante discutible, de acuerdo a los expertos). En atención a la modernidad, que prefiere verse a sí misma como menos cruel que aquellos que la precedieron, la castración punitiva de hoy es química y reversible, a pesar de lo cual resulta temible. En otras culturas, que disponían de técnicas menos refinadas que las actuales, no se dudaba en extirpar quirúrgicamente los genitales infantiles, una medida a todas luces imposible de revertir, con otros propósitos, que hoy causan horror, pero entonces no se cuestionaba demasiado.

Chinos, egipcios y otomanos confiaron durante siglos a los eunucos la administración pública, en la confianza de que ellos, por carecer de descendencia propia, se encontrarían menos predispuestos a la corrupción habitual entre los burócratas que intentan perpetuarse. En ciertos casos, la mutilación era voluntaria: las familias que aspiraban a lo mejor para sus hijos, solicitaban esa mutilación a los barberos, que tanto cortaban el pelo, como arrancaban muelas o… Si la castración clausuraba definitivamente ciertos disfrutes del cuerpo afectado, abría sin embargo el camino para un desempeño profesional que se consideraba deseable.

Zhen He

Los eunucos alcanzaban a veces altas posiciones y fama. En el siglo VI, Narsés, que había sido operado para dedicarlo a cuidar el harén real, llegó a ser principal consejero y General del ejército del emperador Justiniano I. En China, Ts´ai Lin fue a comienzos de nuestra era consejero del Emperador He de la dinastía Han y se lo considera el inventor del papel. Zheng He fue un navegante y explorador del siglo XV, que tuvo 30.000 hombres a su mando y recorrió Ceilán, los mares de la India, la península arábiga y Mozambique.

El arte recibió el aporte muy apreciado de aquellos varones que habían sido liberados de sus genitales. Dado que las mujeres han sido vistas desde siempre como seres deseables para los hombres, eso no ha impedido que también se las percibiera como figuras temibles, por los conflictos de todo tipo que despertaban en aquellos que se sentían su atracción. Aunque los hombres suelen ser privilegiados por las estructuras sociales, que les otorga la posibilidad de moverse de acuerdo a su capricho, hacer negocios, conducir el Estado, encargarse del culto a los dioses, combatir en las guerras, etc., ellos se consideran involuntarias víctimas de los encantos de las hembras, que los incitan a enfrentarse unos a otros o desobedecer los mandatos de la religión y la moral.

En los países islámicos, las mujeres son consideradas tan peligrosas que no pueden mostrar sus cabellos a cualquiera, ni usar ropas ajustadas, ni andar solas por la calle. Los fundadores de la Iglesia cristiana reservaron a los hombres los privilegios del sacerdocio. Aunque aceptaban que las mujeres asistieran a los oficios religiosos, las obligaban a cubrirse la cabellera. La posibilidad de que las mujeres tuvieran alma, se discutió más de una vez durante el medioevo.

No obstante, el cristianismo no desconfiaba de las mujeres más que el judaísmo o el islamismo, religiones que hasta la actualidad les reservan otro espacio para que ellas oren, separadas de los hombres, para que no perturben la concentración masculina (en el caso de las sinagogas) o ni siquiera las obligan a asistir al culto religioso, para evitar que distraigan a los fieles (en las mezquitas).

Razones similares fueron esgrimidas en el momento de prohibir el canto femenino durante el culto cristiano y en cualquier espectáculo público de la Europa medieval. Si el teatro era un antro de pecado y los templos debían dedicarse a la oración, las mujeres debían guardar silencio, con lo que la música sufrió una pérdida evidente.

Apartar a las mujeres de la circulación, para evitar que adquirieran demasiado peso en la sociedad, no le costaba mucho a los hombres que tomaban las decisiones. Resignarse a la ausencia de sus voces domadas por la música en las reuniones públicas, resultaba más difícil. Los hombres que cantaban en teatros y templos, comenzaron a cantar en falsete, pero no les resultaba posible mantener ese tipo de canto demasiado tiempo, ni lograban otorgarle suficiente volumen. Pronto se decidió utilizar a niños capaces de encarar el repertorio tradicional de una soprano. Los niños que demostraban mejores aptitudes para el canto, podían ser sometidos a un riguroso entrenamiento musical y resultaba fácil comprarlos a sus padres de las clases más pobres, pero ofrecían el inconveniente de cambiar de voz, justo cuando habían acumulado alguna experiencia musical.

Para superar este obstáculo, se recurrió a los castrados. Como no era cosa de esperar que el Azar los proveyera en la cantidad y calidad que requería el reemplazo del canto femenino, se sometía a los niños con buena voz a una operación tan dolorosa (por la falta de anestésicos) como riesgosa para su vida, por el primitivo desarrollo de la Medicina. Muchos de los que sufrían ese tipo radical de cirugía, eran víctimas de infecciones y morían en poco tiempo. Si sobrevivían a una operación que las leyes condenaban en teoría, les quedaba asegurado un don precioso: conservaban por el resto de sus vidas algo parecido al registro vocal de las mujeres. Las audiencias adineradas se disputaban a los castrati.

Corrado Giaquinto: Retratode Farinelli

En 1720, el cantante Carlo Boschi, conocido como Farinelli, debutó a los quince años en la ópera Angelica e Medoro. Dos años más tarde cantaba en Roma. Comenzaba de ese modo una carrera internacional que se prolongó durante tres décadas y le otorgó fama y admiradores tales como Fernando VI, rey de España, que lo retuvo para su disfrute personal durante veinticinco años. Farinelli había nacido en el seno de una familia de la nobleza, que lo castró cuando era niño (según algunos, por causa de una enfermedad, a pesar de que esa excusa era frecuente cuando se pretendía justificar algo tan repudiable como la castración de niños con buena voz).

Farinelli tenía una voz de soprano penetrante, completa, rica, luminosa y bien modulada (…). Su entonación era pura, su vibración maravillosa, su control de la respiración extraordinario y su garganta muy ágil. (Johann Joachim Quantz).

En el filme que se produjo hace algunos años, la voz del personaje fue reconstruida mediante los aportes combinados de un contratenor y una mezzosoprano, porque ya no hay quien alcance el registro para el que fue compuesta esa música. Grandes músicos, como Scarlatii, Monteverdi, Glück, Handel o Vivaldi, se dedicaron a escribir óperas (Rinaldo, Julio César, Xerxes, Orlando Furioso) que tenían a los castratri como protagonistas. Se trata de personajes masculinos, interpretados por hombres, que tienen voces femeninas.

Philippe Jaorussky

Gran parte de esa música vocal del Barroco es difícil de ejecutar en la actualidad y al asignarla a mujeres, como ha hecho la mezzosoprano Cecilia Bartoli no hace mucho, en el álbum Sacrificium, se la distorsiona al mismo tiempo que se la saca del olvido, mientras la versión del contratenor Philippe Jaroussky desconcierta: esa voz no se corresponde con el cuerpo que la emite.

Con el tiempo, la provisión de castrati para el deleite de los amantes de la música religiosa y profana, se transformó en un lucrativo negocio que se prolongó durante trece siglos en Europa, hasta que el retorno de las mujeres al espacio público, en teatros y templos, decidió el desprestigio de los hombres que las habían reemplazado y la caída en el olvido de la música compuesta para ellos. La muerte de Alessandro Moreschi, el último castrato, ocurrió a comienzos del siglo XX. De él se conservan algunas grabaciones primitivas, que sin embargo dan cuenta de un timbre inimitable.

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Acerca de oscar garaycochea

Dramaturgo, guionista de cine, libretista de TV, docente especializado en dramaturgia audiovisual, blogger empecinado en aprovechar lo que le queda de vida en comunicarse.
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