NIÑOS EN PELIGRO (I)

BabesWood_Caldecott
Caldecot: portada de The Babes in the Woods

La imagen más frecuente de los niños y adolescentes que suministran hoy los medios de comunicación masiva, exalta la total carencia de responsabilidades y el disfrute sin límites al que ellos tendrían derecho, por la sola justificación de sus pocos años (o porque los adultos inseguros, demuestran ser  incapaces de negarles nada). Los niños suelen ser presentados como figuras bellas, que no escatiman la exhibición de su encanto, desprovistas de las marcas penosas que deja la vida en aquellos que envejecen. Vale la pena detenerse a observarlos, con una mezcla de envidia y crueldad, porque todo hace suponer que por un tiempo (breve) estarán libres de las rutinas, compromisos y precauciones que oscurecen la vida de aquellos que superaron esa etapa. Gracias a la inocencia de su comportamiento (condenada a desaparecer cuando se corrompe, engañosa en otrasocasiones) no es raro que los niños capturen la atención de sus iguales, como de los adultos. Al parecer, los más jóvenes viven en un mundo paralelo al de los adultos, gozando de un estado de feliz extravío, similar al que se da en los sueños de los adultos, una combinación de mitos demasiado improbable y peligrosa para quienes pretendan aceptarla como una manera de organizar la realidad.

Esta es una mitología tolerada y evidentemente disfrutada por millones de usuarios de los medios de comunicación, que se vuelve cada vez más difícil de desmentir. Ser joven (como se enfatiza) consiste en pasarlo muy bien la mayor parte del tiempo, ahora, y sufrir las consecuencias (en el peor de los casos) en un fin de fiesta imprevisible, cuando llegue la edad adulta y concluya la impunidad que deberían gozar los jóvenes, nadie sabe por qué.

Paul Claudel afirmaba que la juventud no es la edad del placer, sino aquella del heroísmo, reemplazando un mito moderno con otro, más acorde a los valores tradicionales y no por ello menos falso. En un caso y otro se mantiene la misma perspectiva: los jóvenes pueden (y más bien deben) ser controlados por los adultos, que se encuentran disponibles para suministrarles pasatiempos que los distraigan de toda responsabilidad, o misiones trascendentes y dolorosas que los subordinan a la decisión de otros.

La infancia es la edad de quienes todavía carecen de una palabra que pueda considerarse propia; que no gozan de suficiente discernimiento y credibilidad. Es la edad de aquellos que, a pesar de lo que digan para representarse a sí mismos, lo más probable es que no lleguen a ser tomados en cuenta. En la etimología latina, infantis o infans, incluye el prefijo in, que indica negación, y el participio del verbo for o faris, que equivale a hablar. Desde muy temprano los jóvenes pueden hacer ruido, pero si se considera su habilidad para expresarse, no tendrían que ser escuchados. En las grandes ocasiones, ellos deberían ser representados por los adultos encargados de traducir sus demandas en términos aceptables para el resto de la comunidad.

La discriminación implícita en el lenguaje, queda subrayada por las distintas acepciones del adjetivo “pueril”: si originariamente se refirió al comportamiento de los niños, con el tiempo terminó siendo un término despectivo: lo pueril sería algo demasiado torpe, elemental, insatisfactorio, imposible de ser aceptado por un adulto.

La discriminación implícita en el lenguaje, queda subrayada por las distintas acepciones del adjetivo “pueril”: si originariamente se refirió al comportamiento de los niños, con el tiempo terminó siendo un término despectivo: lo pueril sería algo demasiado torpe, elemental, insatisfactorio, imposible de ser aceptado por un adulto.

Otra imagen se superpone entonces, la de jóvenes incapaces de valerse por sí mismos, que son extraviados por los adultos en el bosque (abandonados en una cesta que flota precariamente en un río, como se da en las historias de Karna, el niño héroe del dique holandés, de los más conocidos Moisés, Rómulo y Remo o Taliesin). El bosque hostil para quienes llegan desde el mundo urbano, pródigo en fieras y carente de senderos que permitan regresar al sitio de donde se partió, las aguas turbulentas que pueden hacer naufragar cualquier embarcación endeble, son el ámbito donde se espera que esos niños encuentren la muerte, porque el objetivo de los adultos es librarse de ellos.

A pesar de circunstancias tan adversas, la mayor parte de los niños de esas historias se salvan del fin previsible, son protegidos de la amenaza inicial de los adultos por la llegada de una figura inesperada, no siempre humana, que les permite continuar su desarrollo. Después de un tiempo, ellos reaparecen fortalecidos, convertidos en adultos que cambian el aspecto del mundo.

Tales son las historias contadas a los jóvenes por los adultos encargados de formarlos, con escasas variantes, durante siglos, no se sabe si para amenazarlos con hacerlos sufrir algo parecido o para consolarlos de las frustraciones a las que son sometidos durante el aprendizaje.

Niño guerrillero

Niño guerrillero

Algunas de estas historias son a todas luces ficticias (como la del niño heroico que al poner un dedo en una grieta salvó el territorio holandés de ser anegado por el mar), mientras otras han ocurrido efectivamente (continúan sucediendo en la actualidad, como se comprueba en el secuestro de miles de niños para incorporarlos a la guerra civil de Uganda), pero unas y otras parecen corresponder a las mismas expectativas de quienes las cuentan y quienes las oyen: suministran una visión del mundo que no ha sufrido muchas variantes.

Los jóvenes pueden superar esas pruebas desmedidas. No todos intentan oponerse, ni tampoco todos los desafiantes logran derrotar a los adversarios, pero aquellos que lo consiguen se transforman en héroes, en modelos admirados, que el resto imita o permite consolar a quienes no se atreven a desafiar el orden. Después de sufrir bajo el poder de los adultos, los jóvenes los despojan de sus atributos y eliminan su amenaza. No pocas veces los matan, pero en otras establecen pactos menos cruentos.

¿Por qué reaparece en estas historias de tiempos remotos o cercanos el escenario del bosque? Durante la instrucción de los boy scouts, el contacto con el territorio salvaje permite desarrollar percepciones y destrezas que los jóvenes podrán ser aplicar en otras circunstancias, por el resto de su vida. En los cuentos de hadas, el bosque donde son conducidos y abandonados Blanca Nieves, Hansel y Gretel, Pulgarcito, Caperucita Roja o los protagonistas de la balada inglesa The Babes in the Woods, como el no menos incierto río que utilizan para huir de un padrastro asesino, los niños del filme de Charles Laughton Night of the Hunter, cambian para siempre la existencia de los personajes.

De acuerdo a la tradición, al apartarse de la sociedad, los seres humanos revierten al salvajismo, como enseñan las historias de niños ferales (criados por animales). En el bosque se ponen a prueba las capacidades de los jóvenes para sobrevivir, sin el auxilio (también sin el estorbo) de los adultos que se ofrecen para guiarlos e imponerles sus límites. En el territorio al margen de la civilización, se vuelve posible encontrar un refugio que permita a los inocentes distanciarse del orden opresivo que reina en el mundo urbano, controlado por adultos.

Los niños abandonados a la Naturaleza, pueden extraviarse para siempre. Los cuentos de hadas se encargan de plantear la decisión de los adultos como intento de condenarlos a muerte, pero luego, al progresar la historia, no son pocos los abandonados que vuelven del bosque (o emergen del agua) no solo vivos, sino convertidos en otros, fortalecidos por la experiencia que hubiera debido destruirlos, enriquecidos con dones que obtuvieron durante la estadía en ese mundo adverso y al mismo tiempo pleno de recursos, capacitados para controlar sus vidas tal como no eran capaces de hacerlo antes, y (sobre todo) autorizados para conducir a otros que no tuvieron esa experiencia.

El extravío de niños en el bosque, la entrega de niños a una corriente de agua, expresan una visión pesimista, pero también consoladora de las relaciones entre padres e hijos, entre maestros y aprendices. A pesar de que jóvenes y adultos conviven tanto tiempo y podría suponerse que los lazos de afecto que establece cualquier vecindad, ellos parecen condenados a una lucha a muerte con los adultos.

Lo más probable es que tan pronto como en la infancia, comiencen a manifestarse hostilidades que habrán de durar hasta que alguna de las partes quede eliminada, porque de acuerdo a una percepción generalizada, de los adultos solo cabe esperar que frenen el desarrollo de los jóvenes, mientras que en la perspectiva opuesta, de los jóvenes solo se espera que desplacen a los adultos lo antes posible y sin consideraciones.

¿Por qué son tantas las historias de enfrentamientos generacionales, y a veces resultan tan parecidas entre ellas? ¿Por qué son tan breves la mayoría, que el lector interesado en profundizar se verá obligado a continuar la búsqueda por sí mismo? ¿Por qué hay otras, en cambio, que se cuentan con tantos detalles? ¿Por qué algunas se ilustran y otras no?

Habrá quien disfrute (reflexione) el recorrido que aquí se plantea, como también habrá quien lo encuentre demasiado rápido. Si algo queda en claro, es que la preocupación por los niños, entendidos como seres dotados de derechos, no solo de obligaciones, que no pueden esperar la edad adulta para hacerse oír, ha tardado siglos en consolidarse y en la actualidad carece del reconocimiento universal que le corresponde.

La historia de la infancia es una pesadilla de la que hemos empezado a despertar hace poco; cuanto más se retrocede en el pasado, más expuestos están los niños a la muerte violenta, el abandono, los golpes, el terror y los abusos sexuales. (Lloyd DeMause: Historia de la Infancia)

El estudio comparativo de este tema [abandono de niños] en el folklore mundial, muestra una regularidad muy clara: se abandona en el agua a los futuros caudillos de los pueblos. De este modo comienza su camino Moisés, del mismo modo empieza el rey Ciro, lanzado de pequeño al Tigris, de igual manera inicia su camino el rey babilonio Sargón I, y así también inicia la senda de caudillo, semidios y rey Edipo (…) o según la leyenda cristiana, el Papa Gregorio, san Andrés y otros muchos. (Vladimir Propp: Edipo a la luz del Folklore)

Myley Cyrus y los hermanos Jonas

Acerca de oscar garaycochea

Dramaturgo, guionista de cine, libretista de TV, docente especializado en dramaturgia audiovisual, blogger empecinado en aprovechar lo que le queda de vida en comunicarse.
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