LOS NIÑOS Y EL OGRO

Gustave Doré: Pulgarcito

Los gigantes son figuras temibles, aunque solo sea por su tamaño superior al común de los seres humanos. Si son tan grandes y fuertes, ¿por qué habrían de privarse de la satisfacción de abusar de los más débiles? En los cuentos de hadas, una situación como la suya los convierte en los adversarios ideales de ciertos niños excepcionales, los héroes que a pesar de la desventaja de su escasa estatura y falta de experiencia, logran el reconocimiento de su comunidad cuando derrotan la amenaza planteada por la mera vecindad del gigante. La lucha posible entre seres tan disímiles, es una tarea que se presenta como digna de atención. El desenlace debería ser trágico para el niño, por la extrema desigualdad de las fuerzas que se enfrentan.

Todo anuncia un nuevo sacrificio de inocentes, pero al mismo tiempo el desarrollo de los cuentos de hadas no se ajuste demasiado a la realidad. En ellos no sucede lo que podría ocurrir si el enfrentamiento se diera en el mundo real, sino aquello que demanda el deseo de quienes los narran y quienes los escuchan. Pase lo que pase, sin importar los recursos que utilicen los personajes infantiles, ellos tienen que vencer al gigante, para conquistar un lugar propio en el mundo de los adultos.

Caravaggio: David y Goliath

En los textos bíblicos, Goliath atemoriza al ejército de sus enemigos, los hebreos, hasta que un pequeño pastor, David, lo derriba con una sola piedra bien lanzada, tras lo cual procede a degollarlo, asegurándose de ese modo el rol de salvador y primer rey de su pueblo. Si había sido capaz de derrotar al gigante, lograría también imponerse sobre sus contrincantes, los caudillos que dedicaban tantos esfuerzo a hostigarse unos a otros, debilitando los reclamas de los israelitas sobre un territorio que Dios les había concedido.

La figura del temible Polifemo, en La Orestíada, corresponde a la de un ogro, por su fealdad, corpulencia y la disposición a alimentarse con carne humana. Algo parecido sucede con Grendel, en el poema Beowulf del Medioevo inglés. No es posible negociar con ellos, porque a pesar del gran tamaño que debiera tener su cerebro, ellos no razonan demasiado y su estupidez refuerza la amenaza. ¿Quién pretende negociar con alguien dotado de tanta fuerza? Los seres humanos tienen que destruirlos para sobrevivir.

En los países escandinavos se habla de trolls y en Cantabria de Ojáncano. Para los musulmanes, son también vampiros. En los cuentos japoneses hay figuras similares que se denominan Momotaro y los oni, seres decididamente feos y malhumorados, barbudos y armados con garrotes. También hay figuras que cumplen el mismo rol en la mitología de los pigmeos del África y entre los indígenas norteamericanos (donde aparece como Pie Grande). El Hombre del Saco o Comemantecas de la tradición hispana cumple una función similar, con el agravante de presentarse como un habitante de este mundom que pone en peligro la integridad física de niños reales.

Charles Perrault (1626 – 1703) utiliza la palabra ogro, refiriéndose a un monstruo devorador de niños, en su libro de cuentos de hadas publicado en los últimos años del siglo XVII (narraciones que traducen y adaptan la obra del escritor napolitano Giambattista Basilem que a su vez había recogido tradiciones populares). La madre del Príncipe de La Bella Durmiente es una ogresa repulsiva, que recibe una muerte horrible cuando intenta destruir a la protagonista de la historia y los dos hijos que ha tenido con el Príncipe.

El Ogro que aparece en Pulgarcito sufre un castigo no menos atroz. Los siete niños indefensos y hostigados por aquellos que intentaban someterlos, triunfan sobre los adultos pérfidos, gracias a una movilidad superior, la carencia de miedo y una astucia que les permite superar la desventaja inicial de fuerzas. ¿No está clara la lección que plantean? Ellos no se dejan estar, ni menos aún demuestran sus intenciones de resistirse, después de enterarse de que están condenados a muerte por las fuerzas superiores de los adultos.

Poco después de Perrault, la Condesa d´Aulnoy da el nombre de ogroo a las crías de ogros, en el cuento El Naranjo y la Abeja. Los ogros de este cuento son feos y cabezones, pero no demasiado inteligentes, y por lo tanto no cuesta mucho vencerlos.

En los cuentos de hadas hay personajes amenazantes de todos los géneros y edades. La posibilidad de que sean niños quienes enfrenten al Ogro, en lugar de los adultos que se supone mejor capacitados para luchar contra seres tan malvados, resulta más atractiva para el lector infantil, por la evidente desproporción de fuerzas y la inclusión en la trama de personajes con las cuales los destinatarios de las narracione tienen que identificarse inevitablemente. ¿Quién triunfará de una contienda inevitable, que desde el planteo se advierte desigual?

Jack y las habichuelas

En los cuentos para niños, se demuestra la posibilidad de derrotar al Ogro mediante la astucia de quien es físicamente más débil, pero también más rápido y certero en el momento de tomar decisiones. Lo fundamental es no dejarse dominar por el miedo. Aquel que hubiera debido ser la víctima, se burla públicamente de la torpeza del gigante, y para mayor humillación lo despoja de sus posesiones más valiosas (como las joyas y botas de siete leguas que roba Pulgarcito o el arpa cantora que se lleva Jack, el de las habichuelas) demostrando que no hay adulto invulnerable para los jóvenes.

Viendo que el ogro había recuperado su forma primitiva, el gato bajó y confesó que había tenido mucho miedo.

-Además me han asegurado –dijo el gato- que vos también tenéis el poder de adquirir la forma del más pequeño animalillo; por ejemplo, que podéis convertiros en un ratón, en una rata. Os confieso que eso me parece imposible.

-¿Imposible? –repuso el otro- Ya veréis- y al mismo tiempo se transformó en una rata que se puso a correr por el piso.

Apenas la vio, el gato se echó encima de ella y se la comió. (Charles Perrault: El gato con botas)

A veces conviene devorar al ogro (como hace el Gato con Botas cuando lo ve reducido a la forma de un ratón), pagándole con la misma moneda, para evitar que él continúe devorando a sus víctimas humanas. Son situaciones extremas que revelan un viejo anhelo infantil. Habría que superar el control y las restricciones de los adultos lo antes posible, no importando con qué armas, para evitar que ellos destruyan a los jóvenes.

Shrek

A comienzos del siglo XXI, el ogro Shrek, protagonista de una serie de filmes exitosos de dibujos animados, es presentado como el héroe ecológico, salido del pantano que ya no es visto como un lugar infecto, repugnante para los habitantes de la ciudad, sino más bien como el ámbito donde sabiamente se recicla el ecosistema. En Shrek, casi todos los valores tradicionales se han trastornado: los seres humanos y las hadas son vistos como traidores, ambiciosos, egoístas, destructores del ambiente, mientras las criaturas de la naturaleza son los modelos a imitar.

Green Giant

El Ogro verde de la actualidad (confundido con la figura sonriente del Green Giant que aparece en los envases de los vegetales en conserva, que acecha a los consumidores desde las estanterías de los supermercados) es el instrumento de una burla sistemática en torno a los valores tradicionales de los cuentos de hadas, donde lo habitual era invitar a los lectores a empatizar con los seres humanos normales, presentados como los adversarios siempre más débiles y bellos que sus enemigos de la Naturaleza. Shrek es feo, maloliente, pero simpático. Su pareja, víctima de una maldición, prefiere el estado de ogresa, antes que el de una bella princesa humana.

En los cuentos de Perrault, en cambio, el ogro mantiene su imagen horrible, que nos hace desear la desgracia que habrá de llegarle por el ingenio del protagonista.

Se levantó a eso de la medianoche y tomando los gorros de dormir de sus siete hermanos y el suyo, acercóse de puntillas a la otra cama, les puso con sumo cuidado los gorros a las siete hijas del Ogro, después de haberles quitado las coronas de oro, que colocó en la cabeza de sus hermanos y de la suya, para que el Ogro les tomara por sus hijas y a éstas por los niños a quienes quería degollar. (Charles Perrault: Pulgarcito)

Gustave Doré: Pulgarcito

Acerca de oscar garaycochea

Dramaturgo, guionista de cine, libretista de TV, docente especializado en dramaturgia audiovisual, blogger empecinado en aprovechar lo que le queda de vida en comunicarse.
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