SECUESTRO DE NIÑOS

Toda guerra, ya sea justa o injusta, victoriosa o desastrosa, es siempre una guerra contra los niños. (Eglantyne Jebb)

Niño soldado en Uganda

 ¿Por qué robar niños en el mundo moderno, cuando se supone que la esclavitud fue abolida hace tiempo? Las evidencias demuestran lo contrario. En Asia o en los países de Europa oriental, se secuestran jóvenes para someterlos al tráfico sexual. Niñas de Centro América son vendidas con ese mismo objeto, por 100 o 200 dólares. En Brasil se venden 40.000 niños por año para trabajar en el campo o dedicarlos a las tareas domésticas. En 1997 fue descubierta en New York un grupo de 55 niños que vendían llaveros en el Metro y los trenes suburbanos. Al interrogarlos, se comprobó que eran mexicanos explotados por mafias que los castigaban y no les pagaban por su trabajo.

En África, ya no se trata de suministrar mano de obra barata al continente americano, como sucedió con los esclavos vendidos entre los siglos XVI a XVIII, sino de proveer soldados a las distintas facciones en guerra, según se observa en Uganda, donde los menores que están en esa situación son decenas de miles.

¿Quiénes son capaces de secuestrar niños? El caso del hijo del aviador Charles Lindbergh, en 1932, planteó esos interrogantes y sugirió más de una respuesta errónea. ¿Podía ser el crimen organizado? ¿Era alguien cercano a la familia, por ejemplo, una ex empleada vengativa o el propio padre? En ocasiones, los conflictos que llevan a un divorcio, alientan a alguno de los padres a esconder un niño que temen perder, si confían en las decisiones de la Justicia, o al menos demorar la entrega al otro cónyuge durante las visitas que establece la ley. En ciertos lugares, esto constituye un delito, en otro no.

Las dificultades aumentan cuando los padres u otros miembros de la familia que se ha roto, se llevan a los hijos fuera del país de origen. La Convención de La Haya sobre Aspectos Civiles del Secuestro de Niños es un tratado internacional que intenta regular el tema (pero no todos los países, como sucede con los islámicos, han suscrito esos acuerdos).

Alex Griffiths fue secuestrado en 1990 por una mujer que no esperaba cobrar ninguna recompensa, pero pretendía criarlo como si fuera suyo. La misma motivación aparece en el caso de Abbie Humphries, secuestrada en 1994. El niño Montana Barbaro fue secuestrado en 2004 por una pareja.

Con frecuencia, el secuestro aislado tiene como objetivo el pago de rescate por los familiares que quieren recuperar al niños; otras veces, involucra a personas que por distintos motivos no pueden tener hijos propios y en lugar de pasar por los trámites engorrosos de la adopción legal, se apoderan de los niños ajenos.

Centenares de niños fueron secuestrados por los uniformados y sus parientes durante el régimen militar que se prolongó en Argentina entre 1976 y 1983. Eran hijos de militantes de izquierda que habían sido detenidos y en muchos casos ejecutados y desaparecidos ilegalmente. Algunos nacieron en centros de tortura y sus madres no volvieron a verlos (o ellas mismas desaparecieron). Durante más de una generación, los abuelos denunciaron el robo y reunieron pruebas para devolverles su verdadera identidad. En ciertos casos, los niños involucrados, hoy adultos, se negaron a aceptar la verdad sobre su origen.

 Visto que no ha cesado el espíritu de presentar como una “mano salvadora y llena de amor” el Plan Sistemático de Robos de Bebés, es decir, el Robo de Nuestra Verdadera Identidad durante la última dictadura militar, nosotros, “los nietos” queremos decir claramente que: No corresponde que esté en tela de juicio el derecho a recuperar nuestra verdadera identidad, que muchas veces es puesto en discusión. (…) El Estado debe usar todas las herramientas para devolverle la identidad a los más de 400 jóvenes apropiados que aún desconocen su verdadera historia, para así cerrar esta herida que marca a nuestro país desde hace más de 30 años. (H.I.J.O.S.: Carta abierta de nietos y hermanos restituidos que buscan a sus hermanos/as nacidos en cautiverio)

Entrenamiento de niños soldados

 En 1989, el sudanés Emmanuel Jai tenía siete años cuando soldados del Ejército de Liberación de Sudán mataron a su madre y violaron a su hermana. Él mismo fue conducido a un campo de entrenamiento, donde le enseñaron a utilizar un fusil AK-47. Jai participó cinco años en combates armados. Se supone que los niños son buenos soldados, porque obedecen a sus superiores y son más fáciles de controlar que los adultos. En el caso de Jai, tras escapar de la guerra, se convirtió en un músico de rap que vive en Londres.

Durante los ataques matábamos gente, quemábamos casas, destruíamos propiedades y cortábamos miembros. (Alhaji Baba Sawaneh)

Ishmael Beah fue nombrado Embajador de la UNICEF en el décimo octavo aniversario de la institución, tras haberse convertido en el exitoso autor de una autobiografía, A Long Way Home, donde contó sus experiencias como niño soldado durante la guerra civil de Sierra Leona. Dejado huérfano a los doce años, fue secuestrado junto a otros niños de su edad y obligado a combatir dos años, junto a los adultos que habían asesinado a su familia. Las gestiones de la UNICEF le permitieron liberarse y emigrar a los EEUU en 1998.

África es un continente convulsionado por conflictos políticos. En Liberia, Burundi, Congo, Sudán, Costa de Marfil, Somalia, se secuestran niños. La organización no gubernamental Save the Children denunció el continuado reclutamiento de menores de edad por los distintos grupos armados que se enfrentan en la República Democrática del Congo. Se calcula que en la actualidad hay más de 300.000 implicados en acciones bélicas. Más de un tercio son mujeres que sufren los abusos de sus superiores e iguales..Muchos niños sufren de estrés postraumático. Por lo menos 50 países de todo el planeta reclutan como soldados a menores de 18 años.

 Es inmoral que los adultos quieran que niños combatan en las guerras. (…) No hay excusas, no existe ningún argumento aceptable para armar a los niños. (Obispo Desmond Tutu)

Volvía de la iglesia un domingo por la mañana. Secuestraron a cinco chicas que volvían de la iglesia. Nos llevaron al frente. Teníamos que cocinar y transportar munición al monte. Nos trataban muy mal: si no iba con ellos, me mataban. (…) Yo quiero ir al colegio. Quiero volver a Nimba con mi gente. (E.B.: 14 años)

Acerca de oscar garaycochea

Dramaturgo, guionista de cine, libretista de TV, docente especializado en dramaturgia audiovisual, blogger empecinado en aprovechar lo que le queda de vida en comunicarse.
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