NIÑOS TEMIBLES

Bullying escolar

Bullying escolar

Los mitos elaboran imágenes del mundo real que a muchos les resultan creíbles, al punto de no solicitar ninguna prueba adicional, porque se corresponden a la perfección con sus deseos y prejuicios, a pesar de que un análisis elemental sería capaz de demostrar que carecen de fundamentos y (sobre todo) que son erróneas.  Para los creyentes cristianos del Medioevo, el Demonio rondaba por el mundo cotidiano. Podría introducirse en el cuerpo de las mujeres, para impulsarlas a tentar a los hombres. Con mayor facilidad aún, se encarnaban en los niños, que manifestaban esa posesión llorando y molestando a los adultos. El llanto infantil, en lugar de considerarse el signo de alguna incomodidad o hambre, era visto como un pecado, para el Malleus Maleficarum, manual de caza de brujas publicado en 1487. Maltratar a los niños, entonces, era una buena manera de impedir que el Demonio controlara a esas criaturas que parecían indefensas, pero eran temibles.

Los medios masivos difunden con horror evidente (con cierta satisfacción también) imágenes de niños involucrados en asaltos, violaciones, golpizas, vandalismo, actividades en las que ellos demuestran una sangre fría y carencia de valores asombrosa. No importa la poca edad que tengan, porque son capaces de ponerse a la par de cualquier criminal avezado. Ellos aprovechan las limitaciones de la ley, que hasta alcanzar la mayoría de edad los considera no imputables y no tardan en salir libres, como si el sistema los estimulara a delinquir lo antes posible.

En el peor de los casos, pueden ser encerrados en correccionales, pero una vez allí, organizan motines, incendios, violan a compañeros, comercian drogas, asesinan a guardias y perfeccionan sus habilidades antisociales.

¿Por qué los niños habrían de constituir una amenaza tan grave para la seguridad de los adultos, que se habla de bajar la edad de imputabilidad, para encerrarlos a los catorce años? Primera respuesta: porque precisamente lo contrario suele estar más cerca de la verdad (los adultos constituyen con frecuencia una amenaza contra los niños). Reconocerlo se vuelve demasiado incómodo para los adultos, responsables de todo tipo de abusos contra los más débiles que se encuentran a su cuidado.

Segunda respuesta: porque nadie sabe muy bien que ocurrirá cuando los niños crezcan. Aunque no pretendan ocultar nada, los niños constituyen, por lo incompleto de su formación, un enigma. ¿Se someterán siempre a la opinión de la mayoría, como hacen algunos, cuando descubren que no les queda otro camino? ¿Serán tan rebeldes cuando maduren, como fueron durante los primeros años? ¿Constituirán un peligro para las instituciones o tan solo irán marginándose, por incapacidad para adaptarse?

Dr. Benajamin Spock

Dr. Benajamin Spock

Durante la segunda mitad del siglo XX, el doctor Benjamin Spock logró una enorme repercusión con sus textos sobre la conveniencia de implantar una crianza no autoritaria de niños. Los libros se tradujeron a decenas de idiomas y solo fueron segundos en venta después de la Biblia. Millones de padres y madres coincidieron en otorgarle a la disciplina un valor represivo que ellos se negaban a reproducir.

Un par de generaciones más tarde, los críticos de Spock lo han presentado como el mentor de la permisividad, responsabilizándolo de la crianza de niños carentes de reglas interiorizadas, que no logran adaptarse a la sociedad, ni tampoco la modifican. Durante los años ´60, el reverendo Peale acusó a Spock de haber formado una generación carente de sentimientos patrióticos, que se oponía a la guerra de Vietnam.

A comienzos del siglo XXI, llegan voces de alarma que denuncian la existencia de una cantidad creciente de niños tiranos, que desconocen sus límites y se convierten en el tormento de otros niños y los adultos con quienes se encuentran en contacto. Mediante quejas, berrinches o actos destructivos (incluyendo actos autodestructivos), llaman la atención de quienes los rodean, para tenerlos pendientes de sus reacciones desconsideradas y subordinarlos a la satisfacción de sus caprichos.

Estos niños se caracterizan por el despilfarro de todo lo que obtienen sin mayor esfuerzo de su parte, y la búsqueda de halagos y prebendas de parte de los testigos y proveedores. No toleran frustraciones, no consiguen concentrarse demasiado tiempo en las tareas que se ven obligados a emprender, divagan de un tema al otro, aburriéndose pronto de todo lo que se les cruza en el camino.

Dr. Spock, Karen Anderson y quíntuples (1974)

Dr. Spock, Karen Anderson y quíntuples (1974)

De acuerdo a estudios realizados en España, las víctimas más frecuentes de las agresiones infantiles suelen ser las madres. Ellas se encuentran cerca, y por lo tanto reciben patadas, empujones, golpes de puño, intentos de estrangulamiento, agresiones con armas corto punzantes, insultos verbales, etc. ¿Se atreverán a pedir ayuda? ¿Los denunciarán a las autoridades? No resulta demasiado probable. Después de todo, ellas los trajeron al mundo, los formaron para que llegaran a ser lo que son y tuvieron directa responsabilidad en la situación que sufren ellos y los maestros de sus hijos.

[Los padres[ no están dispuestos a tolerar que se imponga a sus hijos la más mínima restricción o límite que marque, mantenga o garantice el orden o la disciplina en clase. (Iñaki Piruel y Araceli Oñate)

En la mitad de los casos, el conflicto surge como rechazo de cualquier autoridad que intente imponerles alguna regla, sin detenerse a examinar cuál sea. En un porcentaje menor, el motivo es la exigencia del dinero con el que habría de satisfacerse alguna demanda infantil. Durante el primer semestre de 2007, hubo en España 3500 denuncias de padres por esa causa.

Cuando en el hogar no se llega a esos extremos, de todos modos los niños deciden gran parte de los alimentos que consumen, la marca de las ropas que usan, los programas de televisión que observan. Ellos son el objetivo de los publicistas que los bombardean con ofertas engañosas. Se les inculca la urgencia de parecerse a otros niños de su edad (modelos cuidadosamente acondicionados para ocupar el espacio de los medios masivos), para no quedar aislados.

En 1993, dos amigos de once años, John Venables y Robert Thompson, faltaron a la escuela, concurrieron a un centro comercial donde encontraron a James Bulger, un niño de dos años que estaba jugando fuera de la carnicería donde compraba su madre, lo secuestraron, lo llevaron hasta las vías del tren, le arrojaron ladrillos, lo golpearon con una barra metálica, lo patearon, lo torturaron con electricidad y abandonaron en un sitio donde los trenes iban a arrollarlo. Las búsquedas duraron cuatro días. Los asesinos fueron juzgados como adultos y pasaron ocho años en prisión.. El gobierno británico les ofreció una nueva identidad y otra residencia.

Eric Hainstock, de 15 años, llegó a la escuela donde estudiaba con una pistola y un revolver (armamento propiedad de sus padres). Disparó contra un encargado de la limpieza y el Director de establecimiento que intentaban detenerlo. Fue atrapado y condenado a pasar el resto de su vida en prisión. Al revisar su historial escolar (una medida que hubiera debido tomarse antes), se constató que Hainstock había sido víctima de bullying escolar.

No hay sentimiento de vinculación moral o emocional, ni con sus padres ni con otras personas o instituciones. (…) El sistema nervioso de estos chicos, por alguna razón tiene problemas para aprender las lecciones morales, para sentir empatía, compasión o responsabilidad. Y como consecuencia de esto, tienen problemas para sentir culpa, una reacción emocional que solo puede existir sobre la base de que previamente me he vinculado con la gente. Podré fingir que lo lamento, pero en el interior a mí me da igual. Por consiguiente, hay una ausencia de conciencia. (Vicente Garrido: Los niños tiranos: el Síndrome del Emperador)

Los niños no son siempre amables, como pretendía la imagen del siglo XIX. A veces revelan una agresividad sin frenos, y a comienzos del siglo XXI no solo agreden, sino que también registran con sus teléfonos celulares las agresiones, para elevarlas a Internet, donde cualquier que pase pueda enterarse.

El tema del bullying o acoso entre iguales no es nada nuevo, pero ha tardado en instalarse entre las preocupaciones de la opinión pública. En las escuelas hay violencia física y psicológica ejercida por los mismos estudiantes, en forma paralela o coincidente con la ejercida por educadores y preceptores. Para algunos, solo se trata de juegos y bromas pesadas que no tiene sentido vigilar, porque no tendría mayores consecuencias. Los varones se destacan en la agresión física y las muchachas en la maledicencia.

Terror y sensación de peligro inminente, tristeza, llanto incontenible, ataques de pánico, trastornos de ansiedad generalizada, pesadillas y recuerdos invasivos, irritabilidad crónica, anestesia emocional, evitación de lugares asociados al hecho traumático, dificultad de concentración, hipervigilancia, forman parte de la sintomatología propia del cuadro de estrés postraumático que las víctimas de atentados terroristas desarrollan como consecuencia de una situación de indefensión extrema. (Araceli Oñate)

Acerca de oscar garaycochea

Dramaturgo, guionista de cine, libretista de TV, docente especializado en dramaturgia audiovisual, blogger empecinado en aprovechar lo que le queda de vida en comunicarse.
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