VIDA DIFÍCIL DE NIÑOS PRECOCES

 Demóstenes tenía siete años cuando su padre murió, en 378 a.C., dejándole recursos tales como esclavos y propiedades, pero también tres tutores adultos, Aphobus, Demophon y Theríppides que debían ocuparse de su educación. Los tres abusaron de la confianza depositada en ellos. Cuando Demóstenes llegó a los doce años, les pidió cuenta del manejo de sus bienes. Las negociaciones para recuperar el patrimonio perdido o mal empleado duraron dos años.

En ese momento, Demóstenes comenzó a estudiar Retórica y superó el problema de su tartamudez, poniendo piedras en su boca y hablando en la playa, para superar el ruido de las olas. Buscó a maestros de oratoria como Isaeus y actores como Satyrus, que podían entrenarlo para defenderse a sí mismo en los juicios que seguía contra sus tutores. Demóstenes se convirtió gracias a su temprana iniciativa, en el orador más renombrado de su época.

Alejandro Magno

Alejandro, hijo del rey Filipo II de Macedonia, tenía trece años en 343 a.C., cuando lo encomendaron a Aristóteles, para que continuara la educación que había comenzado con Lisímaco. Era un joven culto, que conocía de memoria los textos de Homero y se estaba preparando para ejercer el poder.

A los quince años, Filipo II lo nombró regente. A los diecisiete dirigía una sección del ejército macedónico, durante la batalla de Queronea. La buena relación que había mantenido con el padre, terminó con la nueva boda de Filipo II, que amenazaba con quitarlo de la sucesión al trono. Despojado de los privilegios que hubiera debido disfrutar por su nacimiento, Alejandro tuvo que forjarse desde muy temprano una carrera militar en la que todo lo que obtuviera habría de debérselo a sí mismo.

¿No te avergüenzas, hijo mío, de haber cantado tan bien? (Filipo II de Macedonia a Alejandro Magno).

A los nueve años de edad, en 236 a.C., Aníbal Barca, rogó a su padre Amílcar que le permitiera incorporarse al ejército cartaginés que él comandaba. Amílcar estaba celebrando un sacrificio y le hizo jurar que no descansaría hasta derrotar a Roma, el eterno adversario de Cartago. Las guerras que opusieron a ambas ciudades se extendieron durante más de un siglo. El sagrado juramento que une a padre e hijo es narrado por Tito Livio, para justificar el origen de una enemistad que surgió de la expansión de Roma como potencia económica del Mediterráneo, solo terminó con la muerte de Aníbal y la destrucción de Cartago.

Hallaré un camino o lo abriré. (Aníbal)

 El Medioevo occidental fue una época de fuertes convicciones e instituciones débiles. La precocidad de algunos personajes puede ser vista más como la presión ejercida sobre niños a los que se obligaba a desempeñar funciones que el sentido común supone superiores a sus fuerzas.

Otto III fue coronado en 983 rey de Sajonia cuando tenía tres años, tras la muerte de su padre, Otto II. Un año más tarde, el depuesto Duque de Bavaria lo capturó y proclamó la regencia. Otto III fue devuelto a su madre, la princesa Theophanu, preocupada de establecer una alianza entre la Iglesia y el Imperio. Tras la muerte de la madre en 991, la abuela Adelaide se encargó de la regencia. Otto había sido educado por los más famosos sabios de la época. Al alcanzar la mayoría de edad y la corona, a los 14 años, convirtió a Roma en el centro del Imperio y demostró que la educación recibida no había sido en vano.

Guillermo I de Inglaterra (conocido como Guillermo el Conquistador) fue coronado Rey a los ocho años, en 1035, cuando su padre Roberto I, llamado el Diablo, lo nombró su heredero antes de salir en peregrinación a Palestina, donde murió muy joven. Guillermo y su hermana Adelaida, de cinco años, quedaron al cuidado de Gilberto de Brion, Herleuin de Conteville, Osbern el Senescal y Alano III de Bretaña, los tutores que gobernaban por ellos, mientras crecían. Esta situación se prolongó durante una década.

Matilde de Canossa

Matilde de Canossa (conocida también como Matilde de Toscana) era la menor de los hermanos, su padre había sido asesinado apenas dos años antes y Beatrice, la viuda indefensa, se casó con uno de sus primos para proteger la herencia de los hijos. Matilde  tenía ocho años en 1054, cuando la comprometieron en matrimonio con un pariente cercano. Su padrastro la mantuvo encerrada, en condiciones humillantes, pero finalmente murió y Matilde se encontró heredera única de las tierras de su padre, bajo la tutoría de su madre. Matilde fue educada en las artes de la guerra, participó en combates y se casó con su primo.

Jeanne d`Arc

En 1424, a los doce años, la campesina francesa Jeanne d´Arc comenzó a oír voces que atribuyó a los santos Miguel, Margarita y Catalina, que la urgían a librar el territorio de su patria de los invasores ingleses y poner en el trono al Delfín de Reims. A los dieciséis optó por vestirse de hombre y logró convencer al rey Charles VII para que le permitiera incorporarse al ejército. Jeanne no tardó en revelarse como una hábil conductora de sus hombres, antes de ser capturada por los ingleses, juzgada y condenada a la hoguera cuando tenía diecinueve años. 

En 1447, a los once años, Johann Müller Köningsberg (conocido luego como Regiomontano) ingresó a la Universidad de Leipzig, con el objetivo de estudiar Dialéctica. Allí permaneció tres años. Luego pasó a la Universidad de Viena, donde estudió Matemáticas y Astronomía. En cinco años había concluido sus estudios universitarios y tuvo que aguardar cinco años más, para recibir su título, hasta cumplir los veintiuno, edad mínima contemplada por la Universidad. Müller se destacó como astrónomo y matemático. Fue uno de los fundadores de la Trigonometría.

Durante una noche de 1457, Leonardo da Vinci fue separado de Caterina, su madre, con quien pasó los primeros cinco años, para incorporarse a la nueva familia de su padre, casado con una joven de dieciséis años. Hasta entonces, había sido el hijo ilegítimo de una campesina. De pronto se encontraba huérfano, entre gente adinerada y extraña.

Muy pronto quedaron en evidencia las habilidades artísticas del niño. Un vecino le pidió que pintara una tabla redonda y Leonardo pintó dos serpientes enredadas que escupían fuego, imagen tan asombrosa para los observadores adultos, que el padre se la vendió a un mercader de arte de Florencia, quien a su vez la vendió al Duque de Milán. Con el dinero obtenido, el padre compró una pintura convencional, que entregó al vecino, para compensar la pérdida de la tabla. A los catorce años, Leonardo entró como aprendiz al taller del renombrado artista Verrocchio.

Casi medio siglo más tarde, en1490, Gian Giacomo Capriotti da Oreno, llamado Salai, niño de diez años, entró al servicio del maduro Leonardo da Vinci, que no había sido capaz de armar una familia. Tal vez Salai no fuera el sirviente más laborioso, de acuerdo a los escritos de Leonardo, que lo describe como ladrón, mentiroso, glotón y testarudo, pero su belleza le aseguraba una posición segura. Leonardo le compraba ropas lujosas y no se cansaba de dibujarlo en sus cuadernos de apuntes. Salaí aprendió a pintar (aunque sus obras carecen del valor que se atribuye a otros aprendices, como Oggione o Boltraffio) y permaneció con él treinta años, fue el receptor de gran parte de su herencia, dentro de la cual una tabla que Leonardo apreciaba más que nada, puesto que le había dedicado varios años de su vida, La Gioconda.

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Acerca de oscar garaycochea

Dramaturgo, guionista de cine, libretista de TV, docente especializado en dramaturgia audiovisual, blogger empecinado en aprovechar lo que le queda de vida en comunicarse.
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