METÁFORA DEL BOSQUE Y LOS NIÑOS

Randolph Caldecott: Babes in the Wood

¡A menudo pienso que nos abandonaron! / ¡Pronto regresarán a casa! / ¡Bello día! ¡No estéis inquietos! / Solo están haciendo una larga caminata. (Friedrich Rückert: Canciones de los niños muertos)

Es la voz de alguien que trata de convencerse y convencernos de algo que sabe imposible. Los niños que se alejaron, contra su voluntad, de la protección que podían esperar de sus familias, lo más probable es que no regresen. Aquellos que buscan consuelo al lamentarse, después de constatada la pérdida, o distraen con hipótesis optimistas a quienes los oyen, o no se arriesgan a buscarlos, porque saben que podrían encontrarlos vivos (pero cambiados) o muertos, y tanto en un caso como el otro deberían preocuparse de  asegurarles un futuro o interrogarse sobre su responsabilidad en la desgracia que ellos mismos u otros como ellos causaron. Por eso no lo harán. El poeta escribirá una endecha conmovedora, a la Gustav Mahler podrá música. Eso es todo y más que suficiente para la mentalidad de los adultos: plantear el tema del abandono de los niños, aunque solo sea para negarlo a continuación mediante un artificio retórico.

El tópico de la niñez abandonada a los peligros del bosque, forma parte de la tradición literaria, como el de los amores juveniles contrariados por los conflictos de aquellos que los precedieron, o el la inocencia acosada por el vicio y finalmente recompensada. Reaparecen y gozan de una evidente aceptación de la audiencia, que no reacciona del mismo modo cuando la situación se presenta en la realidad (y tiene otro desenlace).

En 1595, Thomas Millington publicó en Norwich (Inglaterra) la balada Babes in the Wood, que cuenta la aventura de dos hermanitos abandonados en el bosque por dos hombres pagados por un tío malvado, que pretende quedarse con la herencia que les dejó su padre y cubiertos con hojas por los pájaros cuando los descubren muertos. La misma historia ha sido vuelto a contar muchas veces en los siglos posteriores (por ejemplo, durante el siglo XIX por el artista plástico Randolph Caldecott o a mediados del siglo XX por el actor y director de cine Charles Laughton).

En la versión de Millington, los niños mueren de hambre y sed al poco tiempo, porque son incapaces de adaptarse a otros medios de subsistencia. No consumen hojas, raíces, hongos, bellotas, ni otros frutos, que son los utilizados por los animales que los observan. Sus fantasmas atormentan al responsable del crimen, un consuelo que no puede compararse con la justicia.

Para la mentalidad del Medioevo, el bosque no era (tal como sucede en la visión de los tiempos modernos) el sitio donde se entra con contacto con la naturaleza, una fuente inagotable de recursos para los seres humanos, que allí recuperan el contacto con lo más auténtico de ellos mismos. Esa es la visión del Romanticismo del siglo XIX y de la Ecología de hoy. El bosque era para el Medioevo la metáfora del mundo ajeno al orden de las ciudades y la civilización. Un sitio atemorizante, donde se jugaba la vida o la muerte de quienes eran arrojandos a él.

Gaustav Doré: Caperucita Roja

Son varios los cuentos de hadas ejecutan mínimas variantes del mismo esquema. Blanca Nieves es enviada al bosque por su madrastra, la reina celosa de su belleza, a una muerte lejos de testigos, en manos del guardabosque encargado de arrancarle el corazón. También Caperucita Roja es enviada al bosque por una madre imprudente, que pone como excusa la necesidad de hacer llegar alimentos a la abuela. En cuanto a Pulgarcito o Hansel y Gretel, son niños deliberadamente abandonados en el bosque por los mismos que los han traído al mundo, cuando advierten que no serán capaces de alimentarlos.

En la visión de Perrault (y la de aquellos que lo precedieron al elaborar los cuentos y difundirlos durante generaciones) la juventud es una molestia para los adultos que los trajeron al mundo y no aceptan responsabilizarse de sus actos imprudentes. Por eso los jóvenes aparecen como los únicos culpables de su ruina (Caperucita Roja), aunque en otros casos no pueda evitarse la imagen de víctimas de los adultos (Blanca Nieves, Hansel y Gretel, Pulgarcito).

A partir del siglo XVIII y los textos de Rousseau, se establece la imagen del niño como buen salvaje, alguien a quien ni siquiera hace falta educar, para que en él se manifiesten las mejores tendencias. Con eso se justifica otro tipo de descuido: los adultos pueden librarse del esfuerzo de cuidar a sus hijos, porque ellos se las compondrán solos. Los cuentos de hadas permiten abrigar la creencia de que hasta los monstruos que los niños pueden encontrar en el bosque (las brujas, los ogros) terminarán siendo una bendición disfrazada, porque al ser derrotados por el ingenio infantil, suministrarán las riquezas y la estabilidad emocional que sus padres fueron incapaces de darles.

Arthur Rackham: Hansel y Gretel

Las ideas del aborto y el infanticidio no eran del todo ajenas a la Edad Media, época donde predomina la fe religiosa, pero también se dan pestes y grandes hambrunas. Durante el paleolítico y el neolítico, no se dudaba en sacrificar a los niños para alimentarse con su carne. Mediante el recurso tan cruel del infanticidio, un gran número de sociedades controlaba la natalidad.

Cuando los Yumu, Pindupi, Ngali o Nambutji [tribus de Tasmania y Australia] estaban hambrientos, se comían a los pequeños sin motivos ceremoniales o animísticos. Entre las tribus del sur, los Matuntara o Pitjentara se comían a cada segundo niño en la creencia de que la fuerza del primero se duplicaría con semejante procedimiento. (Géza Róheim)

Un padre y una madre, cuando producen un niño se felicitan uno al otro, pero si producen una niña le dan muerte. (Han Fei)

Tal como continúa sucediendo hasta la fecha en China, la eliminación de niñas, que tanto cuesta criar a sus mayores, a pesar de lo cual, una vez que alcanzaban cierta edad abandonan a la familia para casarse y pertenecer a otra familia, ha sido tradicionalmente más frecuente que el de niños, considerados como guerreros o útil mano de obra, al cabo de pocos años. En la actualidad, se ha denunciado que las ecografías son utilizadas para averiguar el sexo de los fetos y permitir el aborto selectivo.

Niños como ellos superan las pruebas que les plantea la vida en el laberinto del bosque. De hecho, no permanecen demasiado tiempo en ese ámbito natural, porque o bien encuentran la forma de regresar a su familia, gracias al rastro que dejaron con ese propósito, o bien descubren en el descampado alguna residencia humana peligrosa, donde se ven obligados a enfrentar a un monstruo, al que vencen sin la ayuda de otra cosa que su ingenio. Los niños de la balada inglesa, en cambio, no tardan en convertirse en víctimas. La alternativa de convertirse en fantasmas que obsesionan al responsable de su muerte, no altera demasiado el rol pasivo que se le atribuye a la infancia.

En 2009, gracias a los rumores que recogieron la radio y la prensa escrita, en Nicaragua hubo una mujer caníbal, que se dedicaba a devorar niños de localidades rurales. Para eludirla, los campesinos se encerraban en sus casas, antes de que cayera la noche o dejaban de enviar a sus hijos a la escuela. La información fue desmentida posteriormente por las autoridades, pero la amenaza tardó en disiparse.

Gargantúa

En el Perú, las madres amenazan tradicionalmente a los niños que no quieren irse a dormir, con la llegada del Chuncuday, un demonio que llega de la naturaleza y devora niños. En el procedimiento no hay atisbos de negociación: aquel que desobedezca las decisiones del adulto, lo pasará mal. En la localidad de Vitoria, España, una de las diversiones veraniegas incluye la instalación de un gigante llamado Gargantúa, artefacto de seis metros de alto al que los niños trepan por una escalera, penetran por la boca y descienden deslizándose por un tobogán.

En Hixquilucan, México, fue capturada no hace mucho una banda de secuestradores autodenominada Los Comeniños, que se especializaba en capturar a hijos de comerciantes, por quienes exigían el pago de rescate, amenazando a los familiares con mutilar a las víctimas o matarlas. La estrategia de la violencia física que se promete ejercer sobre los niños o la violencia psicológica resultante de poner a los niños como testigos de la crueldad que se ejerce sobre los adultos, se ha vuelto un factor cada vez frecuente en la ejecución de los secuestros express. Los delincuentes toman a niños como rehenes, calculando que de ese modo anularán cualquier posible resistencia de los adultos. La ley de la supervivencia que se suponía reservada al bosque, reaparece en las concentraciones urbanas.

En Italia, Katerina Remhof y Sascha Schmidt, una pareja de turistas alemanes, dejó abandonados en una pizzería de la ciudad italiana de Aosta a tres niños de cuatro años, dos y ocho meses (todos ellos hijos de la mujer) con la excusa de salir a fumar fuera del local. Pasada media hora, viendo que los adultos no regresaban, los dueños de la pizzería avisaron a la Policía. La madre y su pareja fueron localizados en un bosque, algunos días más tarde. Una cuarta hermana había sido muerta por el padre, que estaba en prisión por esa causa. Tras los sucesos de Italia, el Tribunal de Lennenstadt procedió a quitarle a la madre la potestad sobre sus hijos.

El bosque sigue siendo un lugar amenazante, propicio para que los niños hallen una muerte prematura, incluso en la actualidad, cuando ya no queda en este planeta rincón que escape del escrutinio de los satélites que todo lo registran y reportan desde el cielo, pero son incapaces de evitar la comisión de un crimen.

El bosque medieval ha desaparecido en gran parte del planeta, mientras los riesgos que los niños se pierdan no disminuyen. En la actualidad, los padres temen las excursiones de los menores en las redes sociales, otro territorio que a los adultos les resulta desconocido. Los niños entablan diálogos carentes de precauciones, con desconocidos que los aguardan en los chats, los mensajes de texto, en Facebook, en Twitter, en You Tube, con el exclusivo objeto de seducirlos. Ellos toman las apariencias más engañosas (avatares in fantiles), ofrecen pruebas falsas de su identidad y desensibilizan pudores, antes de solicitar en reciprocidad las imágenes y direcciones de quienes se les entregan como sus víctimas.

Acerca de oscar garaycochea

Dramaturgo, guionista de cine, libretista de TV, docente especializado en dramaturgia audiovisual, blogger empecinado en aprovechar lo que le queda de vida en comunicarse.
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