LOS HOMBRES DEL SACO

 

Madeleine McCann

Duérmase ya el niñito / que viene el cuco / y se lleva a los niños / que no duermen mucho. (nana de Puerto Rico)

El niño de mis ojos / duerma y sosiegue / que a la fe venga el coco / si no se duerme. (Juan Caxés)

No conviene que los niños se aparten de los adultos que se responsabilizan de su crianza. La desobediencia infantil conduce a la muerte. Los cuentos de hadas reiteran esa moraleja amenazante, incluso en situaciones tan opuestas a una conclusión lógica de la trama, como el abandono de esos niños por los parientes más cercanos, según se advierte en Pulgarcito o Hansel y Gretel.

Aunque los niños no fueran demasiado protegidos por la sociedad, los adultos responsables de asesinar a niños podían ser castigados de manera ejemplar. En Alemania, Peeter Stump fue acusado de licantropía hacia fines del siglo XV, Cuando se convertía en lobo, habría llegado a matar a trece niños, dos mujeres y un hombre. Condenado a muerte, arrancaron partes de su cuerpo con pinzas calentadas al rojo vivo, tras lo cual quebraron los huesos de sus piernas y brazos.

El Coco (en otros países de habla española, el Cuco, denominado Cuca en Brasil) suele ser representado como una figura hirsuta y muda, que espera pacientemente en los rincones mal iluminados, a veces debajo de la cama o incluso dentro de un armario. ¿Cómo entró en un territorio que los adultos hubieran debido resguardar? Nadie lo dice. Allí aguarda por niños rebeldes, a los que devora, aprovechando que los padres no andan cerca.

La fuerza mágica del Coco es precisamente su desdibujo. Nunca puede aparecer, aunque ronde las habitaciones, y lo delicioso es que sigue desdibujado para todos. Se trata de una abstracción poética. Y por eso, el miedo que produce es un miedo cósmico, un miedo en el cual los sentidos no pueden poner límites salvadores (…) porque no tienen explicación posible. (Federico García Lorca)

La historia del temible hombre del saco o tío Camuñas o Saín o El Bute en diferentes regiones de España (llamado también Hombre de la bolsa o Viejo del costal, mientras que en los países anglosajones se lo conoce como Bogeyman) carece de detalles precisos, a pesar de lo cual su amenaza no se debilita. Es un vagabundo que sale a la medianoche, en busca de niños solitarios.

Lilith, en los textos hebraicos, pare una infinidad de hijos que engendró el Demonio, pero también devoraba a los niños crudos (por ejemplo, a aquellos que desobedecieran las indicaciones de los adultos). A veces, bastaba con llevar a los niños de paseo por el sitio donde colgaban a los criminales, un espectáculo que se consideraba altamente moralizador.

Dejarles que presencien un una ejecución pública, en ocasiones no es una mala cosa. (Mafio Regio: De Educatione Liberorum)

Un mito divulgado en los países anglosajones, atribuía al contacto sexual con niños, la capacidad de curar las enfermedades venéreas de los adultos, con lo que se combinaban dos formas particularmente crueles de explotación de la infancia.

Hombre del Saco

El Hombre del Saco es una figura que puede haber sido denunciada por los pedagogos como la estrategia que empleaban tradicionalmente los adultos para someter a los niños rebeldes. El personaje regresa en la actualidad, más creíble y atemorizante que nunca, gracias al discurso de los medios masivos, porque es la continuidad de una representación afianzada en la memoria colectiva.

Durante el medioevo español, se contaba que los judíos sacrificaban a un niño cristiano en una cruz y bebían su sangre, durante la celebración de Pésaj. El mismo Alfonso el Sabio recoge la historia. Aunque el mito fuera imposible de comprobar, de todos modos justificaba el pedido de desalojo de los judíos del país que habían compartido con los musulmanes y cristianos por cientos de años, para asesinarlos y despojarlos de sus bienes. La escena del rapto ha quedado representada por Francisco Bayeu, en la Catedral de Toledo. La figura del presunto mártir es llevada en procesión todos los años.

Santo Niño de La Guardia

Acusaciones de parecidas atrocidades se repitieron entre los siglos XII y comienzos del XX. Cada vez que un niño desaparecía o era encontrado muerto por circunstancias no naturales, se renovaba la acusación contra los rituales judíos que parodiaban criminalmente el culto cristiano. Un niño de Zaragoza, consagrado santo Domingo de Val, habría sido crucificado en 1250. En 1468, en Segovia, un rabino llamado Salomón Picho fue acusado de robar un niño, insultarlo, crucificarlo, crímenes por los que fue conducido a la hoguera. La condena fue considerada insuficiente por el pueblo, que asesinó a la mayor parte de los judíos y quemó el barrio donde vivían.

Una vez expulsados o convertidos los judíos de España, los mismos prejuicios se trasladaron a los árabes. Se afirmaba popularmente que los musulmanes designaban a uno de sus niños para que los bautizaran repetidamente, evitando cristianizar al resto de su generación. Cuando el niño crecía, lo mataban

Hacia fines del siglo XIX, la revista L´Osservatore Catolico reseñaba nada menos que 150 casos de crímenes rituales a los que otorgaba plena credibilidad. Estas afirmaciones fueron recogidas posteriormente por los propagandistas del régimen nazi, para justificar el exterminio de millones de judíos.

En los cuentos fantásticos de Hoffmann, la figura amenazante del adultos desconocido que los familiares ponen frente a los niños para conseguir que obedezcan, es denominada el Hombre de Arena:

Lleno de curiosidad, impaciente por asegurarme de la existencia de este hombre, pregunté a una vieja criada que cuidaba de la más pequeña de mis hermanas, quién era aquel personaje.

-Ah, mi pequeño Nataniel! –me comentó- ¿no lo sabes? Es un hombre malo que viene a buscar a los niños cuando no quieren ir a la cama y les arroja un puñado de arena a los ojos, haciéndolos llorar sangre. Luego los mete en un saco y se los lleva a la Luna creciente para divertir a sus hijos, que esperan en el nido y tienen picos encorvados como las lechuzas, para comerles los ojos a picotazos. (T.A.Hoffmann: El Hombre de Arena)

A comienzos del siglos XIX, ante la expansión de la maquinaria industrial, adquirió cuerpo en Barcelona el mito de que las locomotoras y los telares eran lubricados con grasa humana, preferiblemente de niños raptados por hombres vestidos de oscuro, que cargaban un saco al hombro.

Durante la segunda mitad del siglo XIX, Juan Díaz de Garayo Ruiz de Argandoña se convirtió en un renombrado asesino en serie, bajo el apodo de El Sacamantecas, que a pesar de estar casado varias veces, violaba y mataba a prostitutas. Su infame apodo fue utilizado para asustar a los niños. Desde el Medioevo circuló en España la leyenda de otros sacamantecas, que mataban a niños para quitarle la grasa corporal y fabricar con ella una pomada que hubiera debido curar la tuberculosis.

Motivaciones parecidas se daban en la historia de Francisco Ortega, que hacia 1919, esperaba curar la tuberculosis que lo aquejaba, gracias al expediente de beber la sangre de un niño, mezclada con azúcar, y untarse el pecho con su grasa todavía caliente.

A comienzos del siglo XX, en Barcelona (España), se identificó a Enriqueta Martí, una figura siniestra que raptaba niños, los prostituía desde los tres años, y en otros casos los asesinaba para fabricar ungüentos a los que atribuía propiedades curativas (para la turberculosis). Los restos de al menos una docena de víctimas fueron identificados, pero se supone que hubo muchas más. Cuando la descubrieron y encarcelaron, sus compañeras de prisión la asesinaron.

Ronald Jebson

La policía inglesa encontró en 1970 los cadáveres de dos niños de once y doce años en un pozo del bosque de Enfield, al norte de Londres, a pocos kilómetros de su hogar. El crimen queda sin resolver. Casi treinta años más tarde, el pedófilo Ronald Jebson afirmó saber quién había matado a los niños (según él, los padres de la niña), pero finalmente las evidencias lo inculparon a él.

Madeleine McCann, de cuatro años de edad, desapareció de la habitación del hotel portugués donde dormía con sus dos hermanos, mientras los padres (una pareja de médicos ingleses) y otros amigos cenaban a poca distancia, durante un viaje de vacaciones de la familia. Nadie pide rescate. El caso es difundido por la prensa y suscita un aluvión de pistas descabelladas. Entre las hipótesis que se examinan, figura la de un asesinato circunstancial, responsabilidad de algunos de los padres, que luego habrían tratado de ocultar el cuerpo.

Gracias a los rumores que recogen en 2009 la radio y la prensa escrita de Nicaragua, habría una mujer caníbal, que se dedica a devorar niños de localidades rurales. Para eludirla, los campesinos se encerraban en sus casas, antes de que cayera la noche o dejaban de enviar a sus hijos a la escuela. La información fue desmentida posteriormente por la Policía.

Acerca de oscar garaycochea

Dramaturgo, guionista de cine, libretista de TV, docente especializado en dramaturgia audiovisual, blogger empecinado en aprovechar lo que le queda de vida en comunicarse.
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