¿DE DÓNDE VIENEN LOS NIÑOS?

Cigüeña portadora de bebé.

El [tema] del nacimiento [de los niños] me importaba poco. Primero me dijeron que los padres compraban a sus hijos; este mundo era tan vasto y lleno de maravillas desconocidas, que muy bien podía haber una tienda de bebés. Poco a poco esa imagen se borró y me contenté con una solución vaga: “Dios crea a los chicos” (…) El recurso a la voluntad divina tranquilizaba mi curiosidad: a grosso modo lo explicaba todo. En cuanto a los detalles, yo me decía que poco a poco los iría descubriendo. Lo que me intrigaba era el cuidado de mis padres por ocultarme ciertas conversaciones: cuando me oían llegar bajaban la voz o callaban. Había por lo tanto cosas que yo hubiera podido comprender y que no debía saber. (Simone de Beauvoir: Memorias de una joven formal)

La posibilidad de que una niña inquieta, perteneciente a una familia europea educada, que gozaba de una buena posición social, como era el caso de Simone de Beauvoir durante los primeros años del siglo XX, permaneciera ignorante de las informaciones básicas sobre la reproducción humana, era más alta de lo que en la actualidad se considera tolerable. Esa ignorancia no era perjudicial, sino beneficiosa. Preservaba la inocencia infantil, que debía ser resguardada como un tesoro inavluable.

 

Apuntes de Leonardo da Vinci

Apuntes de Leonardo da Vinci

De la reproducción humana o animal no se hablaba en la escuela, aunque la pregunta inquietara a los escolares. La posibilidad de que la información correcta circulara en el interior de la familia, tampoco era demasiado alta. El pudor, los prejuicios y el desconocimiento establecían una alianza difícil de desafiar, en una época en la que para los especialistas ya no quedaban enigmas sobre el tema.

La conexión entre el acto sexual de un macho y una hembra pertenecientes a la misma especie, y el embarazo de la hembra que puede derivar de ese encuentro, no estaba demasiado clara para culturas primitivas, incapaces de sistematizar su observación del mundo, pero tampoco sucedía nada distinto en culturas tan admirables en otros aspectos como la griega.

De acuerdo a las creencias populares, los espíritus de la tierra y el cielo, la vegetación, las piedras, los dioses mismos, eran quienes fecundaban a las mujeres. El rol de la pareja era secundario. Al hombre le correspondía adoptar al niño que le había nacido a su mujer, aunque no entendiera por qué había sucedido.

En los cuentos folklóricos, un ser humano puede nacer de un vegetal o de un animal, como si existiera una absoluta continuidad entre todas las manifestaciones de la Naturaleza.

Una muchacha maravillosa (un hada) sale de un fruto milagroso o adquirido por el héroe a costa de grandes esfuerzos (granada, limón, naranja); una esclava o una mujer muy fea la mata y usurpa su puesto, convirtiéndose así en la esposa del héroe: del cadáver de la muchacha brota una flor o un árbol  )ola mucha se transforma en un pájaro o un pez, al que mata la mujer fea, y del nace un árbol); del fruto (de la cáscara o de una astilla) del árbol surge, finalmente la heroína. (Mircea Eliade: Tratado de Historia de las Religiones: Morfología y dialéctica de lo sagrado)

Esas circunstancias excepcionales parecen de rigor cuando se trata de justificar la divinidad de personajes históricos. La doncella china Jiang Yuan, pisa la huella de un dios y queda embarazada. Lo mismo le pasa a otra joven, Jian Di, cuando come el huevo de un pájaro negro. Las dos `preñeces desembocan en el nacimiento de aquellos que van a ser los fundadores de dos dinastías, la Zhou y la Shang.

Los contactos con los poderes sobrenaturales continúan durante toda la etapa del embarazo. Para los mapuches del sur de Chile, la mujer embarazada debe quedarse encerrada en casa, después de la caída del sol, para evitar los encuentros con espíritus capaces de provocar el aborto o diversas anomalías en el feto. La misma prohibición incluye al sacrificio de animales y la cercanía de moribundos. Se teme que el alma de aquellos que mueren, en forma de aliento, se traslada al que todavía no nació y lo perjudica.

Las conexiones que establece el pensamiento mágico respecto de los hechos inexplicables de la vida cotidiana, parecen no tener límites. Para los aztecas, si una mujer contemplaba un eclipse de luna durante el embarazo, las consecuencias podían ser tan lamentables como que el hijo naciera con el labio leporino (dado que el eclipse era visto como un mordizco sufrido por la luna). Para evitar desgracias, la mujer debía cargar objetos metálicos (alfileres, prendedores, una tijera, pedernal, una piedra de obsidiana).

Durante el Medioevo europeo, se creía que pneuma (espíritu) de Dios, era el responsable de la propagación de la vida. A mediados del siglo XX, las mujeres solteras de Soria (España), tal como le sucedía también a las yeguas y los pájaros, podían quedar embarazadas por haberse expuesto al viento de la primavera. Para evitar esa deshonra, las solteras agredían al viento con piedras recogidas el Sábado de Gloria, en el momento de comenzar a escucharse las campanas de la Pascua de Resurrección.

La verdad científica no suele ser lo más importante, cuando se trata de responder preguntas que ponen en juego la concepción del universo que tiene la gente. Si los adultos han mentido descaradamente a los niños cuando ellos los interrogan sobre su origen, desde que se tiene memoria, debe tomarse en cuenta que los mismos adultos dan una vez y otra la espalda a la realidad, para afirmar mitos que solo preservan la ignorancia y dificultan el diálogo confiable entre distintas generaciones.

Thomas Pedersen: ilustración de Pulgarcita de Hans Christian Andersen.

En Pulgarcita, el cuento de Hans Christian Andersen, la minúscula protagonista nace de la flor de un grano de cebada, que la madre siembra en una maceta. En Italia, de acuerdo a la versión que brindaban los adultos, los niños recién nacidos eran recogidos de los sembrados de repollos. En España y Latinoamérica, una cigüeña cruzaba el Atlántico, para traerlos desde Paris.

En los cuentos folklóricos rusos, las mujeres estériles caminan por el bosque o pasean por el mercado y ven una arveja reluciente o una manzana, que sienten la tentación de comer, como consecuencia de lo cual quedan embarazadas. Para el pensamiento mágico, los animales y vegetales se encuentran estrechamente relacionados en la eventualidad de la reproducción. Así como la cópula de seres humanos en un campo que se prepara para la siembra, favorece su fertilidad de la vegetación, las plantas pueden fertilizar a los seres humanos.

Para el pensamiento mágico, la posibilidad de parir, no se encuentra limitada tan solo a las hembras. En el cuento rumano citado por Eliade, un anciano que come una manzana regalada por san Viernes, advierte que de una de sus pantorrillas le nace una hija. En la mitología griega, Marte nace del contacto que habrían tenido Juno y Flora, dos diosas, sin la intervención de ningún hombre.

En el sudeste asiático, en las islas Fidji o entre los indios Pueblo del continente norteamericano, se suponía que un coco o algunas nueces producían el mismo efecto fecundador. En Hawai, bastaba con guardar un par de plátanos entre los pechos de una joven, para que ella quedara esperando un hijo.

Incluso cuando se conocen de manera científica los mecanismos de la reproducción humana, las mujeres que desean concebir, consumen por tradición familiar, una serie de alimentos que consideran saludables, pero al mismo tiempo denotan los restos de un pensamiento mágico.

En Grecia se recomienda a las futuras madres que coman membrillos. En la República Checa, se trata de ingerir bayas de enebro. Arroz es el alimento que favorecería la gestación en la India. El culto primitivo se combina a veces con la religión establecida, como sucede en Italia, donde las mujeres que aspiran a quedar embarazadas, rezan a Santa Ana y luego comen una manzana.

El mundo cristiano se resigna a la persistencia de cultos paganos relacionados con la fertilidad. En el monte Avalar de Navarra, las mujeres que desean embarazarse van a misa, pero lo hacen sentadas en una piedra que tiene fama de fecundar a las estériles. En Pontevedra, las mujeres que quieren concebir se sumergen en el mar, durante la medianoche de San Juan o al escuchar el canto del gallo, para recibir el embate de nueve olas, una por cada mes del embarazo. En Salamanca, se confía lograr la fecundidad de la mujer mediante el empleo de tres hojas de fresno que son guardadas en la caparazón de una tortuga y durante tres meses, tres semanas y tres días, se rocían con vinagre blanco.

 

Acerca de oscar garaycochea

Dramaturgo, guionista de cine, libretista de TV, docente especializado en dramaturgia audiovisual, blogger empecinado en aprovechar lo que le queda de vida en comunicarse.
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