NIÑOS GUERREROS

Niña soldado

Masas y masas de niños pequeños están extrañamente ausentes de los testimonios escritos. (…) Hay algo misterioso en el silencio de esas multitudes de niños (…) y adolescentes en los relatos que los hombres escribían. (…) No podemos saber si los padres ayudaban a cuidar a los niños. (,,,) Hay que hacer un esfuerzo mental para recordar continuamente que los niños estaban siempre presentes en el mundo tradicional; casi la mitad de la comunidad viviendo en una situación de semisupresión. (Peter Lasket: The World we have lost).

De las mujeres y los niños no se habla demasiado en la Historia tradicional. Ellos debieron andar muy cerca de los protagonistas masculinos adultos, puesto que eran sus madres, esposas e hijos, pero solo llegan a ser mencionados por excepción y rara vez con el detalle suficiente como para formarse una idea de las circunstancias en que desarrollaron sus vidas. Cuando se mencionan los actos de un niño, suele ser porque se trasladan al joven los atributos que tendrá el adulto. De acuerdo a la mitología popular, reciclada por libros escolares, películas y comics, los niños Napoleón Bonaparte o Simón Bolívar, conducían a sus compañeros de juegos en batallas ficticias, que anunciaban desde los primeros años sus futuras dotes de estrategas.

Del joven Alejandro de Macedonia consta que se destacó desde la adolescencia como conductor de ejércitos, al punto que llegó a convertirse en un adversario de su propio padre. Durante la Edad Media europea, los niños de la nobleza eran empleados como pajes de algún poderoso. Entonces comenzaban el aprendizaje básico de las armas y la equitación. Al llegar a la adolescencia se convertían en escuderos, que limpiaban las armas, ayudan a vestir y desvestir la armadura a su señor. Estaban asignados a alguno de los caballeros, responsable de su formación ulterior en las artes bélicas. Acompañaban al caballero a la guerra, si moría lo enterraban, pero no participaban en el combate, porque los enemigos hubieran considerado un deshonor luchar contra un aprendiz, considerado inferior.

Los niños han estado siempre implicados en las guerras, aunque se argumente que no pueden ser responsabilizados de ningún crimen ante la Ley. Algunos son utilizados como mensajeros, otros como espías o informantes, otros transportan municiones. En la Rumania de Nicolás Ceaucescu, niños y adolescentes eran utilizados para espiar a sus maestros y compañeros de estudio. Como compensación, se les pagaba (también se utilizaba el chantaje), cuando no se lograba convencerlos de estar efectuando una labor patriótica. El 20% de los informantes tenía menos de 18 años.

En ocasiones, se utiliza a los niños como escudos humanos, de acuerdo a lo que se denuncia de los talibanes en Afganistán. ¿Por qué habrían de librarse los niños de conflictos sociales que en ningún caso desataron? Los adultos no están dispuestos a dejarlos al margen de sus enfrentamientos, por crueles que sean. Por lo contrario, no dudan en utilizarlos como soldados a los que no cuesta sacrificar, porque siempre hay otros de la misma edad o todavía más jóvenes que podrán reemplazarlos.

Adolf Hitler y los niños en 1933

En 1945 el régimen nazi había organizado militarmente a los niños en la Hitlerjugend (Juventudes Hitleristas) desde que asumieron el poder, con fines proselitistas. Con el tiempo se demostró que el entrenamiento no era parte de un juego. Durante los seis años que duró la Segunda Guerra Mundial, todos los recursos que Alemania disponía fueron puestos al servicio de la causa de Hitler. Los niños también. Ellos no entraron en combate hasta el final del conflicto, cuando el ejército alemán se encontraba destruído, en retirada y el país fue invadido por las fuerzas aliadas.

Los soldados adultos que se vieron obligados a enfrentar a esos niños armados en los combates que tuvieron lugar en las calles de Berlín, durante los últimos días de la guerra, se vieron seriamente afectados por la experiencia que dejó tantas víctimas infantiles, convencidas de cumplir una misión sagrada.

Es inmoral que los adultos quieran que niños combatan en las guerras. (…) No hay excusas, no existe ningún argumento aceptable para armar a los niños. (Obispo Desmond Tutu)

Toda guerra, ya sea justa o injusta, victoriosa o desastrosa, es siempre una guerra contra los niños. (Eglantyne Jebb)

Niño soldado

En 1989, el sudanés Emmanuel Jai tenía siete años cuando soldados del Ejército de Liberación de Sudán mataron a su madre y violaron a su hermana. Él mismo fue conducido a un campo de entrenamiento, donde le enseñaron a utilizar un fusil AK-47. Jai participó cinco años en combates armados. Se supone que los niños son buenos soldados, porque obedecen a sus superiores y son más fáciles de controlar que los adultos. En el caso de Jai, tras escapar de la guerra, se convirtió en un músico de rap que vive en Londres.

En 2005, tres miembros de la banda Latin Kings fueron acusados de violar a una joven de 17 años en Madrid. Las pandillas juveniles delictivas (conocidas con la denominación salvadoreña de maras) habrían surgido entre los inmigrantes de los países subdesarrollados del continente americano que van y vuelven de los países desarrollados del norte, y responden a la discriminación que allí sufren, agrupándose para delinquir. Ellos reproducen patrones culturales de sus lugares de origen (como la subordinación de las mujeres a los hombres) combinándolos con pautas provenientes de los países desarrollados (extorsiones, secuestros, consumo indiscriminado de drogas, falta de respeto por la vida ajena). Los miembros de las maras dejan el registro de aquellas que consideran sus hazañas, mediante los tatuajes que cubren sus cuerpos.

En otros lugares, los niños se encuentran al servicio de jefes adultos que les ordenan cometer fechorías que ni siquiera los benefician a ellos. Ishmael Beah fue nombrado Embajador de la UNICEF en el décimo octavo aniversario de la institución, tras haberse convertido en el exitoso autor de una autobiografía, A Long Way Home, donde contó sus experiencias como niño soldado durante la guerra civil de Sierra Leona. Dejado huérfano a los doce años, fue secuestrado junto a otros niños de su edad y obligado a combatir dos años, junto a los adultos que habían asesinado a su familia. Las gestiones de la UNICEF le permitieron liberarse y emigrar a los EEUU en 1998.

África es un continente convulsionado por conflictos que el mundo desarrollado ignora, porque no los entiende, ni se preocupa de investigarlos. En Liberia, Burundi, Congo, Sudán, Costa de Marfil, Somalia, se secuestran niños. La organización Save the Children denunció el continuado reclutamiento de menores de edad por los distintos grupos armados que se enfrentan en la República Democrática del Congo. Se calcula que en la actualidad hay más de 300.000 implicados en acciones bélicas. Más de un tercio son mujeres que sufren los abusos de sus superiores e iguales..Muchos niños sufren de estrés postraumático. Por lo menos 50 países de todo el planeta reclutan como soldados a menores de 18 años.

En 1998, seis organizaciones no gubernamentales (como Amnistía Internacional, Human Rights Watch y otras) formaron una asociación para detener la utilización de los menores de dieciocho años como soldados. Muchos de ellos eran obligados a participar en actividades odiosas, bajo amenazas de represalias personales o contra sus familias. Los testimonios recogidos sobre la actividad de estos niños, los presentan como las primeras víctimas de un sistema controlado por adultos, que los obliga a implicarse en actos de inusitada crueldad, como forma de asegurar su lealtad al mando.

Durante los ataques matábamos gente, quemábamos casas, destruíamos propiedades y cortábamos miembros. (Alhaji Baba Sawaneh)

Volvía de la iglesia un domingo por la mañana. Secuestraron a cinco chicas que volvían de la iglesia. Nos llevaron al frente. Teníamos que cocinar y transportar munición al monte. Nos trataban muy mal: si no iba con ellos, me mataban. (…) Yo quiero ir al colegio. Quiero volver a Nimba con mi gente. (E.B.: 14 años)

En el mundo contemporáneo, la infancia no constituye un atenuante para los crímenes que los menores de edad llegan a cometer. Los pocos años de edad no se consideran como prueba de inocencia. En 2002, Omar Khadr, un canadiense de quince años, fue detenido en Afganistán por las tropas norteamericanas y acusado de haber atacado con una granada a un convoy de fuerzas norteamericanas de ocupación. Cuando huía, recibió dos disparos en la espalda y perdió un ojo. Conducido a la prisión de Guantánamo, donde permaneció varios años sin tener acceso a una defensa legal, en 2007 la corte marcial decidió liberarlo de todos los cargos que se le imputaban, pero de todos modos quedó calificado como “combatiente enemigo”. En 2008, el Pentágono reveló que nada indicaba que Kahdr hubiera arrojado la granada.

A pesar de que la modernidad se ha preocupado por dejar constancia de los derechos de la infancia, la situación actual parece tan desalentadora como en otras épocas.

Acerca de oscar garaycochea

Dramaturgo, guionista de cine, libretista de TV, docente especializado en dramaturgia audiovisual, blogger empecinado en aprovechar lo que le queda de vida en comunicarse.
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