IMÁGENES INCOMPLETAS DEL NIÑO JESÚS

Giovanni Bellini: Circuncisión de Jesús

La leyenda se encarga de completar los vacíos que existen en la biografía de los personajes célebres de la actualidad o el pasado, con el objeto de satisfacer una demanda constante de aquellos que los admiran y no se conforman con los pocos datos que recibieron. Sobre la vida de Jesús de Nazaret no se sabe demasiado, a pesar de que son tantos aquellos que por distintos motivos aspiran a conocer más. Solo se cuenta con una serie de recopilaciones de anécdotas y trascripción de discursos, los Evangelios que fueron escritos varios años después de su muerte, en el mejor de los casos por algunos testigos privilegiados de su etapa adulta, aquella que estuvo dedicada a predicar una doctrina que desde hace milenios tiene perdurable repercusión en todo el planeta.

La figura del niño Jesús tardó en aparecer en el mundo cristiano. Hasta el siglo XIII, cuando san Francisco de Asis representa en Greccio el pesebre de Belén, para ilustración de los creyentes iletrados, las circunstancias cotidianas de su nacimiento no parecían ser un tema demasiado atractivo para los pintores y escultores. La Madonna que carga un bebé en sus brazos, pasó a convertirse en un tema dominante de las artes plásticas europeas. Durante el Medioevo, el canon de belleza femenina exigía que la Virgen estuviera embarazada, mientras sostenía al único hijo que le atribuye la Historia Sagrada.

Pedro Berruguete: Virgen de la leche

La imagen de Jesús bebé es venerada en muchos sitios. Puede estar vestida con ricos mantos, como sucede con el Niño Jesús de Praga y el de Joinville, o semidesnudo, con un paño que deja entrever los genitales, como el de Salzburgo. En unas ocasiones se encuentra solo, y en otras en brazos de la Virgen, que es entendida entonces como su trono. No es demasiado frecuente la imagen del niño hambriento, que se alimenta del seno de su madre. En muchos casos, sostiene en la mano izquierda un orbe real (el símbolo de su reinado sobre el mundo).

De acuerdo al Evangelio de Mateo,  Herodes ordena matar a todos los niños recién nacidos, para evitar que de entre ellos surja el Mesías que han anunciado los profetas judíos como el conductor de su pueblo, que habría de concluir con la dominación romana. Avisada en sueños por un ángel, la Sagrada Familia huye a Egipto, donde permanece hasta la muerte del monarca. Para evitar que un desplazamiento tan penoso carezca de epidodios emocionantes, la leyenda incorpora la historia de un campesino que está sembrando trigo y ve pasar a los fugitivos. José le pide que cuando lleguen los soldados de Herodes que los persiguen, diga la verdad: que ellos  pasaron por ese lugar cuando él sembraba. Jesús, María y José continúa el viaje, yen pocas horas el trigo germina, crece, madura y queda en condiciones de ser cosechado. Los perseguidores reciben del información correcta, que sin embargo los desorienta y hace abandonar la búsqueda.

En otro milagro, los fugitivos que atraviesan el desierto pasan hambre y sed. Cuando encuentra alta palmera cargada de frutos inaccesibles, Jesús habla prematuramente, le pide al árbol que se incline, y de ese modo los tres comen dátiles.

El regreso a Nazaret, después de la muerte de Herodes, sucede también por una revelación llegada durante el sueño.

Giotto: Huida a Egipto

En el fresco de Giotto, pintado a mediados del siglo XV, las circunstancias del viaje se vuelven creíbles y conmovedoras. Ya no son personajes distantes, venerados pero inimaginables, sino gente parecida al observador, incluida en circunstancias que cualquiera está en condiciones de sufrir.

Según el Evangelio de Lucas,  Jesús es circuncidado a los ocho días de haber nacido, como exige la tradición a todo hijo de una familia judía. Para el mundo cristiano, esa circunstancia se recuerda el primero de enero (aunque históricamente debe haber sucedido en marzo). Un texto árabe muestra a una hipotética matrona guardando el prepucio cortado en una jarra de alabastro perfumada con nardos. Una prolongación mítica de este episodio a todas luces probable, muestra a san Juan Bautista entregando ese prepucio a María Magdalena. Setecientos años más tarde, la reliquia llegó a manos de san Gregorio Magno, que lo regaló al Papa León III. Siete siglos más tarde, el prepucio desapareció durante el saqueo de Roma y siete siglos más tarde reapareció en un establo de la ciudad italiana de Calcata, donde permanece hasta la actualidad. Esa posesión es discutida desde mediados del siglo XIX por la abadía de Charroux, en Francia, que afirma atesorarla desde que el emperador Carlomagno lo dejó allí, tras haberlo recibido de un ángel (situación idéntica a la reportada por san Gregorio Magno). Las Cruzadas permitieron a quienes intervinieron en ellas, apoderarse o adquirir de buena fe en Palestina, una cantidad de reliquias de dudosa procedencia. Las basílicas de san Juan Letrán en Roma y la de Santiago de Compostela, son otros lugares (catorce en total) que aseguran poseer el prepucio de Jesús, reliquia tan digna de crédito como los fragmentos de la cruz o la sangre del relicario de san Genaro.

Bajo la apariencia infantil, la figura de Jesús puede ser tocada, acariciada, besada a gusto del creyente, sin que se interponga en esta veneración tan erotizada, ningún atisbo de censura moral. Este es un aspecto del culto que a veces la iglesia no puede controlar, ni tampoco deja del todo fuera de su ámbito. Los católicos y ortodoxos son más propensos a esos desbordes emotivos de los fieles, mientras que los protestantes los condenan como una muestra de idolatría.

Durante años, los teólogos discutieron si al ascender Jesús al cielo, una vez concluido su mandato en este mundo, lo había hecho entero o no (por ejemplo, dejando en este planeta los pelos caídos, las uñas cortadas… y el prepucio). Esto se complicaba con el dilema planteado por la resurrección. ¿Jesús había regresado de la muerte completo o permanecía circuncidado, tal como estaba al morir? Aunque hubieran pasado tantos siglos y no quedaran pruebas de aquello que se discutía, los teólogos decidieron que esa parte del cuerpo no tenía la menor importancia para los rituales del cristianismo.

Friedrich Herlin: Circuncisión de Jesús

A partir del siglo X, la circuncisión aparece en las representaciones artísticas. Posteriormente, con el auge de la ideología antisemita, la escena pasa a expresar la barbarie de las costumbres judías (véase la pintura de Friedrich Herlin), en oposición a la supuesta morigeración propia del cristianismo. Al comenzar el siglo XX, el Vaticano derogó el culto al Santo Prepucio. El Concilio Vaticano II limitó el culto a las reliquias, por alimentar una curiosidad irrespetuosa sobre el tema y quitó del calendario litúrgico la Circuncisión del Señor.

Hans Baldung Grien: La Sagrada Familia

El 2 de febrero, Jesús habría sido presentado en el Templo de Jerusalén, un lugar donde se encuentra Simeón, un hombre virtuoso, que impulsado por el Espíritu Santo reconoce en el niño al esperado redentor de su pueblo. La anciana profetisa Ana, presencia la escena y habla del niño a quienes aguardan, sobre todo en los momentos de infortunio, la llegada del Mesías de Israel. Otra Ana, la madre de María, aparece en un grabado de Hans Baldung Grien de comienzos del siglo XVI, en un grabado de Hans Baldung Grien, tomándose lo que hoy consideraríamos demasiadas libertadas con los genitales de su nieto (un episodio que no figura en los textos bíblicos, pero seguramente no causaban mayor extrañeza a los contemporáneos del artista). Cada época da forma a un Niño Jesús que no se corresponde con el imaginario histórico y no obstante resulta aceptado.

Los artistas victorianos, que durante el siglo XIX intentaban ser modernos pero permanecían atentos a la demanda de su público,  eludieron las grandes escenas de la Pasión, mientras se ocuparon de los aspectos no tradicionales de la iconografía religiosa.

William Holman Hunt: Jesús en el Templo

Al cumplir doce años, Jesús participa en la peregrinación anual a Jerusalén, para celebrar la Pascua. El niño no regresa a Nazaret. Cuando María y José lo advierten, lo buscan en Jerusalén, para hallarlo sentado entre los sabios del Templo, discutiendo asuntos litúrgicos de igual a igual con ellos. Desde la infancia, Jesús, que no ha recibido instrucción, enseña a los hombres maduros que lo oyen, es presentado como un Maestro excepcional, imagen simplificada, mítica, que se impone en la memoria de sus seguidores.

John Everet Millais: Cristo en casa de sus padres

Entre la figura del niño recién nacido y la del hombre adulto crucificado del Golgota hay demasiada distancia y pocos datos, un vacío que la tradición cristiana trata de llenar con éxito dispar, incluyendo episodios probables o no documentados. Tardíamente, durante el siglo XX, los propulsores de doctrinas esotéricas, han aprovechado esa falta de información para plantear una peregrinación de Jesús a la India, donde habría entrado en contacto con las doctrinas del budismo y adquirido de los santones de ese culto los poderes que se manifestaron durante la prédica posterior, que fue recogida por los evangelios. Desde la publicación hacia fines del siglo XIX de La vida desconocida de Jesucristo, del periodista ruso (y probable falsificador) Nicolas Notovitch, que afirmó haber leído un manuscrito sobre la vida de Issa, guardado por los monjes de Hemis, la hipótesis se instaló en la mente de quienes coleccionan sucesos inexplicables. Issa es descrito como un estudiante de trece años que ha optado por seguir a una caravana de mercaderes de la ruta de la seda, para no verse obligado a casarse. Él permanece seis años entre los monjes budistas, estudiando los textos sagrados. Luego predica en Persia, entre los seguidores de Zoroastro. Según otros, el peregrinaje se extiende a Nepal y Tibet. A los veintinueve años decide regresar a su patria.

Tal frondosidad de episodios no hubiera cabido en la biografía de un personaje menos trascendente o mejor documentado. Las dos situaciones pueden explicarse por el prolongado trabajo que realizó la iglesia cristiana durante sus primeros cinco siglos de existencia, los más decisivos respecto del establecimiento de la imagen de Jesús que habría de prevalecer entre sus seguidores (y en forma paralela, aquella que por diversos motivos quedaba prohibida o desprestigiada). Si se sabe poco, es porque no hace falta conocer más. Todo lo que se sabe, corresponde a una visión homogénea del personaje.

Se refuerza la impresión de que la infancia de Jesús, como la de otros personajes que alcanzaron gran notoriedad al crecer, ha sido organizada para que justifique los actos del adulto. La sangre derramada durante la circuncisión, anuncia el dolor y la sangre de la crucifixión, los tres días que desaparece cuando tiene doce años, anuncian los tres días del proceso de juicio, muerte y resurrección, etc. Un afán tan evidente de paralelismo y correspondencia entre los episodios, denota una cuidada elaboración literaria, más que una confiable reconstrucción histórica.

Acerca de oscar garaycochea

Dramaturgo, guionista de cine, libretista de TV, docente especializado en dramaturgia audiovisual, blogger empecinado en aprovechar lo que le queda de vida en comunicarse.
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