ALIAS SANTA CLAUS

Thomas Nast: Santa Claus

En Francia se lo conoce como Père Noël. En Inglaterra, lo llaman Father Christmas. En Venezuela es nombrado San Nicolás. En la República Checa, Svaty Mikulas. En Rusia, alguien que tiene las mismas características físicas, se hace llamar el Abuelo de los fríos y anda acompañado por su nieta Snegurochka. En Finlandia, Juleman, vestido con pieles de reno, deja para los niños en la puerta de sus casas, pequeñas tallas de madera o hueso. En Italia, donde compite con el Hada Befana en la tarea de obsequiar a los niños que se portan bien, le dicen Babbo Natale. En Euzkadi, es Olentzero, un vendedor de carbón que llega a todas las casas en una noche de invierno. En Galicia, es el Apalpador que sin ser invitado entra de noche, en Navidad, para dejar castañas a los niños flacos, después de haberles palpado el vientre y carbón para las chimeneas de los niños gordos. En Chile se lo conoce como el Viejo Pascuero. Colacho es el nombre que se le otorga en Costa Rica.

Su personificación más exitosa es la anglosajona. Santa Claus aparece en una infinidad de tarjetas postales, películas para toda la familia, anuncios de la tele, envoltorios de paquetes de regalos, delantales de cocina, individuales de mesa. Son demasiados nombres para una misma figura, siempre risueña y cargada de regalos. No hay que ser mal pensado, para suponer que al menos en el mundo de hoy, tanta generosidad algo oculta. Probablemente, nada vergonzoso, a diferencia de otros adultos que se matan por atraer a los niños (que a continuación explotan) pero si algo se esconde, no debe ser por casualidad ni por pudor. Es que no le conviene mostrarlo, porque puede arruinar una exitosa carrera.

San Nicolás de Bari

Hay un personaje histórico, el Nicolás nacido en Licia (Turquía) hacia el final del siglo III de nuestra era, que se hizo sacerdote, se distinguió por sus buenas acciones y llegó al santoral cristiano como Nicolás de Bari. Las historias que de él se cuentan, son tan contradictorias como calmar las aguas que amenazan con hundir a un barco durante una noche de tormenta o regalar bolsas con monedas de oro a las jóvenes casaderas que carecían de dote, no sin antes haber entrado por la ventana, en medio de la noche, con el objeto mantener en secreto su dádiva. Todo esto parece cortado a la medida para justificar la imagen actual de Santa Claus, pero no explica la permanencia del personaje en la imaginación de la gente, ni tampoco su preocupación por los niños. Después de los siglos que han pasado, ¿será el mismo?

Quizás no resulte demasiado agradable para algunos relacionar al actual Santa Claus, conectado con una celebración cristiana, aunque al mismo tiempo capaz de ser aceptado por los consumidores de otras religiones, con el dios Saturno de la Antigüedad romana, cuyas fiestas (las Saturnalias, que gozaron de enorme popularidad y coincidían en el calendario con las fechas que hoy ocupa la Navidad cristiana) incluían banquetes y regalos para los esclavos y los niños. Se trataba de festejar el necesario descanso tras la siembra.

Toda Roma se volvía loca durante los carnavales que duraban una semana, de acuerdo a Séneca. Se invertían los roles sociales. En cada familia se elegía un Rey del Desgobierno, que podía ser un niño, encargado de presidir los banquetes y dar las órdenes a los adultos. Al producirse el ascenso del cristianismo al rango de religión oficial del Imperio Romano, en el siglo IV de nuestra era, las saturnalias fueron prohibidas y se trasladó la Navidad, desde marzo o abril hasta fines de diciembre. Saturno, conviene recordar, era Cronos, el Tiempo de los griegos, un Titán que engendró a los dioses del Olimpo y los iba devorando a medida que nacían, para que no lo destronaran.

Las saturnales manifestaban un sentimiento efectivo de disconformismo, compartido por amplios sectores de la sociedad, pero al mismo lo desvirtuaban. Una protesta festiva y anárquica, no indicaba que se pretendiera instalar un nuevo orden, interesado en prolongarse en el tiempo. Se anunciaba como una pasajera interrupción del orden existente. La rebelión de los esclavos de Espartaco tenía otras características y se la reprimía de otro modo, que indicaba la disposición del Estado respecto de cualquier infracción que lo pusiera en peligro. A pesar del tono burlón e irreverente de los oprimidos, que durante las saturnales se tomaban libertades efímeras, el Estado las toleraba. Cuando era desafiado, en cambio, reaccionaba como el Cronos más antiguo: devorando a las criaturas que podrían derribarlo. ¿Cómo se pasó de esta imagen feroz a la del anciano afectuoso que sienta a los niños en sus rodillas?

Hubdon Sundblom: anuncio de Coca Cola

Santa Claus se relaciona también con el Tió de Nadal, de Aragón y Cataluña, en España, que es un tronco de árbol al que se alimenta con pan, restos de frutas y se cobija por las noches, desde el 8 de diciembre hasta la Navidad. Suele habérsele pintado una cara sonriente en un extremo y le son atribuidas propiedades sobrenaturales. Eso no impide que se lo azote y finalmente se lo queme. Como consecuencia del maltrato recibido, esta criatura que refiere a cultos animistas, expulsa (caga, de acuerdo a la expresión tradicional) pequeños regalos.

Santa Claus, si se opta por el nombre que popularizaron el cine de Hollywood, los desfiles navideños de las grandes tiendas y las canciones del Hit Parade, llegó para quedarse al amparo y servicio de la industria cultural. Todos los años reaparece para solicitar de los niños de la sociedad consumista, que manifiesten una descarada demanda de juguetes y diversiones, que los parientes más cercanos deben satisfacer, aunque atribuyan la respuesta al viejo merodeador de la Navidad. Él es un promotor de viajes de vacaciones y ventas eficacísimo, que se presenta disfrazado de personaje mítico, para causar mayor impacto.

Sinter Klaas

El escritor norteamericano Washington Irving, armó el personaje de Santa Claus a comienzos del siglo XIX, a partir de la tradición del Sinter Klaas, que refiere el recorrido de un viejo obispo, montado en un caballo blanco y secundado por un sirviente negro llamado Zwarte Piet. La historia había sido traída por los inmigrantes holandeses que se habían establecido en lo que hoy es New York. En los EEUU, donde los negros eran esclavos, el colaborador negro fue suprimido.

El Santa Claus que aparece en el poema de Clement Clarke Moore, por la misma época, todavía no es gordo, ni tampoco alto, pero ya utiliza un trineo tirado por nueve renos y distribuye regalos para los niños. El dibujante Thomas Nast le otorgó las características actuales. Para satisfacer la demanda de una empresa que lo utilizaba en sus anuncios, se decidió que residía en el por entonces inaccesible Polo Norte (o en Islandia, según otros).

Santa Claus verde

Santa Claus no tardó en ampliar su recorrido nocturno a los países europeos. En Francia lo rebautizaron Père Noël y alteraron el color de sus ropas, que inicialmente habían sido verdes, a diferencia de lo que decidió la empresa Coca Cola, cuando lo incorporó a su publicidad gráfica, gracias a la creatividad del pintor Hubdon Sundblom, ataviado de rojo y blanco, los mismos colores de la bebida del ingrediente secreto.

Santa Claus tuvo una esposa a partir de 1889 y una cantidad indeterminada de asistentes enanos (elfos) que lo ayudan a construir los regalos que distribuye. Se decidió que se desplaza en un trineo volador, que desde su morada utiliza un telescopio dirigido hacia los innumerables hogares que visita en Navidad, pero que también cuenta con millones de  informantes anónimos, que evalúan el comportamiento de los niños, para decidir si ellos merecen o no los regalos que tanto desean. La fiesta siempre tiene un cariz intimidante. Los niños pueden ser premiados o castigados, al cabo de un año de sistemático espionaje, imposible de detectar.  Hasta las canciones populares amenazan:

Él te ve cuando tú duermes, / Él sabe cuando estás despierto, / Él sabe si fuiste malo o bueno, / Por lo tanto, pórtate bien. / No te descuides, / Mejor no llores / Te digo por qué: / Santa Claus se acerca a la ciudad. (Santa Claus is coming to Town)

¿No es digno de preocupación que Santa Claus y el Hombre del Saco tengan tanto en común? Los dos son adultos de cierta edad, barbudos y corpulentos. Los dos andan de noche y entran en las casas ajenas sin ser invitados (aunque en un caso se lo tema y en otro se lo aguarde con alegría). Ambos cargan con un contenedor enigmático (de horrores o delicias). Los dos tienen como interlocutores privilegiados a los niños (cuyos deseos satisfacen en ciertos casos o son capaces de convertir en pesadilla en otros).

En un medio como la industria del entretenimiento de Hollywood, que recicla pragmáticamente todo lo que su audiencia demuestra haber aceptado en la taquilla, es curioso que Santa Claus y el Viejo del Saco no se hayan enfrentado nunca, a la inversa de lo que sucedió con Frankenstein y el Hombre Lobo, con Hércules y Maciste, con Alien y Depredator, a quienes se les concedió espacio para que dirimieran quién era más fuerte. La razón más probable deese desencuentro, es que se trata de la misma persona. ¿Cómo extrañarse de que alguien que dispone de tantas identidades equívocas, incluya también la del raptor y asesino nocturno de niños? En la leyenda de Sinter Klaas, el mismo saco que sirve para repartir golosinas, era utilizado para llevarse a los niños que se habían portado mal.

Tim Burton: Nightmare before Christmas

El verdoso Grinch del Dr. Seus es lo más parecido a la fusión de ambas figuras, una siniestra y la otra bonachona. Jack, el esquelético Jack, rey de Halloween, que protagoniza The Night Before Christmas, el filme de Tim Burton, intenta suplantar a Santa Claus por simple envidia y siembra el caos. Como en todos los cuentos de hadas, la crueldad que se oculta detrás de la sonrisa, termina por disolverse y los espectadores infantiles reciben la lección de que el mundo es más horrible de lo que ellos pueden imaginar, pero finalmente resulta inofensivo, incluso divertido, por su ineficacia para causar el mal. Quizás no sea un aprendizaje útil para enfrentar la realidad conflictiva, sino para soportarla con la mayor entereza posible, mientras se esperan milagros que tal vez no ocurran nunca.

Anuncios

Acerca de oscar garaycochea

Dramaturgo, guionista de cine, libretista de TV, docente especializado en dramaturgia audiovisual, blogger empecinado en aprovechar lo que le queda de vida en comunicarse.
Esta entrada fue publicada en Explotación infantil, Marketing y Navidad, Mitos infantiles, Obsequios a los niños y etiquetada , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s