MATRIMONIOS PREMATUROS

Durante la Edad Media europea, cuando la gente desnutrida y expuesta a infecciones de todo tipo, rara vez sobrevivía hasta los cincuenta años, los matrimonios se celebraban cuando los contrayentes tenían un promedio de veinticinco años. Eso permitía suministrar una base económica más confiable para la nueva familia y ampliaba las posibilidades de seleccionar con cuidado a la pareja.

En el mundo desarrollado de la actualidad, por razones que nada tienen que ver con las tradicionales (mejoramiento de las expectativas de vida, descrédito de las instituciones) los jóvenes demoran cada vez más el matrimonio. Solo el 4% de las mujeres se casan antes de los dieciocho años en los EEUU y el 1% en Alemania.

No es que los chicos y chicas de hoy dejen de lado la actividad sexual, ni supriman la procreación, pero no se deciden a comprometerse en una relación estable con sus parejas, hasta considerar que han concluido sus estudios y afianzado sus carreras, han disfrutado de viajes, han reunido un capital, se han asegurado de que están con la persona que más les conviene, han experimentado con otras parejas, etc. La idea implícita en este retardo de la decisión casarse, es que de acuerdo a las estadísticas, ellos disfrutarán la vida hasta los setenta u ochenta años, gracias a los antibióticos, las vacunas, los sistemas de protección social, etc. ¿Por qué apresurarse a formalizar una relación?

Mientras tanto, adolescentes de un sexo y otro se inician en ese ámbito mucho antes que en el pasado, a pesar de lo cual carecen de información adecuada para evitar los embarazos, o incluso se dejan guiar por mitos inverosímiles (como aquel de que ninguna chica puede quedar embarazada antes de acumular cinco relaciones sexuales), por lo que se convierten en madres y padres inmaduros, que entregan su prole al cuidado de sus propias madres o abuelas. Las chicas abandonan el sistema escolar que las castiga por dar un mal ejemplo. Eso decide que se vean seriamente limitadas en sus esfuerzos por ganarse la vida sin encontrarse bien preparadas. Todo lo anterior ocurre sin que los adolescentes se hayan casado o a pesar de la realización de matrimonios apresurados que no tardan en quebrarse.

De acuerdo a la perspectiva de la mayor parte de los países occidentales, establecer una pareja entre un hombre adulto y una menor de edad es un acto ilegal, que es entendido como una violación y penado como tal, aunque la menor de edad y sus familiares hayan consentido, en ocasiones para eludir amenazas de los pretendientes, en otras por la promesa de regalos. El acuerdo de los padres opera milagros tales como rebajar la edad mínima establecida por las leyes para el matrimonio, en Colombia, de los dieciocho años para ambos sexos, hasta permitir que se casen las chicas a los doce y los varones a los catorce.

A veces, en países que podría suponerse tan diferentes como los EEUU, Argelia, Chad, Costa Rica, Líbano, Rumania, Libia o Uruguay, el matrimonio es la salida honorable que se ofrece a los violadores de una menor que ha quedado embarazada, cuando los responsables del estupro intentan evitar la cárcel, como si todo lo sucedido se compusiera con un fácil trámite burocrático.

En el mundo no desarrollado, el matrimonio prematuro no afecta por igual a hombres y mujeres. Mientras el 74% de las jóvenes de la República Democrática del Congo se ha casado antes de los 19 años, solo un 5% de los varones se encuentra en la misma situación.

En las sociedades primitivas del pasado y el presente, la existencia humana suele ser breve, porque se encuentra amenazada por enfermedades incurables, el hambre, la guerra y otras penurias. Por acuerdo colectivo, la vida debe ser preservada mediante la procreación temprana. Si se espera demasiado, la muerte frustrará todo. Para el Islam, casarse con una niña que acaba de menstruar por primera vez, ha sido una tradición que los hombres que las doblan o triplican en edad privilegian. Casarse con una hembra inexperta les asegura la virginidad, garantía de que el hombre no habrá de sufrir contagio de enfermedades venéreas traídas por la joven, tanto como la sumisión de la esposa que quedaría fuera de la sociedad si el marido la repudiara.

En la India tradicional, los textos religiosos aconsejan a los hombres a casarse pronto y en lo posible con las mujeres más jóvenes que hallen (sin detenerse en que sean púberes o no).

Un hombre de 30 años debe casarse con una niña de 12 que le guste. Un hombre de 24 con una niña de 8 años de edad. Si sus deberes no se lo impidieran, se debe casar antes. (Leyes de Manu Smiriti)

No es raro que un niño de siete años sea casado con una niña de la misma edad, a la que no ha tenido la oportunidad de conocer, en abierto desafío a lo estipulado por el Código Civil hindú. Se trata de una costumbre más antigua, que aconseja aprovechar las ocasiones más propicias para la felicidad futura de la pareja, tal como es anunciada por el horóscopo, el costo menor al de las ceremonias de adultos, mientras le da la espalda a las ideas modernas de los legisladores, que pretenden terminar con esa tradición. La boda brinda la oportunidad de relacionar a dos familias pertenecientes a la misma casta y es un asunto manejado por los adultos, en el que los jóvenes tienen un rol secundario.

Tanto para las muchachas como para los muchachos, el matrimonio prematuro tiene un profundo efecto físico, intelectual, psicológico y emotivo, limitando las oportunidades educativas y las posibilidades de crecimiento personal. Para las niñas, además, representa el riesgo prácticamente inevitable del embarazo y parto prematuros, y invariablemente las conduce a llevar una vida de servidumbre doméstica y sexual que escapa totalmente a su control. (UNICEF: Innocenti Digest Nº 7)

Las niñas de Bangladesh son casadas apenas alcanzan la pubertad, para aliviar a la familia de la carga económica que representan. En el caso de provenir de una familia muy pobre o carecer de padres, se la entrega en matrimonio a hombres mayores, que tienen otras esposas, para quienes la nueva pasa a ser una sirvienta sin paga. A veces los matrimonios son falsos, la joven es apartada de los suyos para trasladarla fuera del país, donde se la prostituye sin obstáculos.

En Afganistán se continúan celebrando casamientos de niños, sobre todo en los sectores campesinos y los más pobres de las ciudades. La motivación suele ser económica: los padres de la novia reciben el pago de una dote que equivale al doble de los ingresos promedio de una persona durante un año. Criar niñas para casarlas a buen precio, es una inversión que conviene amortizar lo antes posible. En ciertos casos, las familias pagan las deudas que han acumulado, entregando a sus niñas como esposas. De acuerdo a la UNICEF, 43% de los matrimonios que se efectúan en el país incluyen a menores de edad.

En la India, donde se calcula que hay un millón y medio de niñas menores edad casadas, de las cuales 300.000 han sido madres antes de lo 15 años, el Parlamento aprobó en 2006 una ley que declara nula cualquier unión de menores de 18 años y compromete a los familiares a mantener a las jóvenes hasta que alcancen la mayoría de edad.

El matrimonio precoz es muy común en África y Asia Meridional, aunque también se da en Oriente Medio y algunos lugares de América Latina y Europa Oriental. Por ejemplo, en Etiopía y en determinadas zonas de África occidental, el matrimonio a los 7 u 8 años de edad no es infrecuente. En Nigeria, la edad promedio al contraer el primer matrimonio es a de 17 años. (…) En Asia meridional, el matrimonio de menores es especialmente común en las formas rurales, pero también se observa en las zonas urbanas. En Nepal (…)  7% de las niñas están casadas antes de los 10 años de edad y 40% a los 15 años. (Pan American Health Organization: Informe 2003)

Todos los años se celebran en el planeta diez millones de bodas entre menores de edad, con el consentimiento de sus padres. En países africanos como Chad, Níger y Mali, dos tercios de las niñas se casan antes de cumplir 15 años. Aproximadamente la mitad hace lo mismo en Mozambique, Nepal, Burkina Faso. El porcentaje de India, Uganda o Nicaragua es inferior, pero de todos modos alarmantes para organismos internacionales como la UNICEF. Las guerras tribales y la difusión del VIH en África o las guerras del Golfo en Irak, parecen influir en el aumento de matrimonios prematuros, organizados por familias que no tienen cómo mantener a sus hijas y solo desean librarse de ellas, despreocupadas de la explotación a la que pueden quedar expuestas.

Acerca de oscar garaycochea

Dramaturgo, guionista de cine, libretista de TV, docente especializado en dramaturgia audiovisual, blogger empecinado en aprovechar lo que le queda de vida en comunicarse.
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