UN MUNDO IDEAL POBLADO POR NIÑOS PERFECTOS

Proyecto Lebensborn

Nada parece más amenazante para algunos, que la diversidad inocultable del mundo real, opuesta a sus proyectos uniformadores, que se supone habrán de mejorar la situación de los que sobrevivan, gracias a la eliminación de quienes consideran sus adversarios. La Historia de la Intolerancia humana es extensa y poblada de episodios que avergüenzan incluso a quienes no participaron en ellos como ejecutores.

Durante el Medioevo, la Santa Inquisición fundada hacia fines del siglo XII, persiguió a quienes profesaran otra fe que el cristianismo, los despojó de sus bienes, los obligó a emigrar o simplemente los puso en la opción de retractarse (por ejemplo, comiendo carne de cerdo, alimento prohibido para judíos y musulmanes por las leyes de Moisés).

Quitarle los hijos a estos condenados y educarlos en el ámbito de la que se consideraba verdadera fe, si no se los encarcelaba, no era más que completar una misión que sus ejecutores consideraban acorde a los preceptos de Dios, cuyo cumplimiento no podían eludir, porque les iba en ello el disfrute de la vida eterna.

Alcanzar la perfección requería sacrificios de todo tipo. En algunos casos, como ocurrió en el país vasco durante el siglo XVI, se utilizó a niños para acusar a adultos de actos de brujería que tuvieron como resultado un centenar y medio de víctimas. En otros casos, se juzgó por brujería a grupos de niños, como sucedió en Suiza, donde los Inquisidores propusieron a los padres de los acusados demostrar ante el Tribunal que su prole había dejado de constituir un peligro para la comunidad (mediante el recurso de envenenarlos o expulsarlos de sus hogares). Los niños acusados no fueron liberados hasta que las autoridades del Vaticano lo ordenaron.

Afiche de Proyecto Lebensborn

La modernidad pudo haber revolucionado muchos aspectos de la producción industrial del Medioevo, pero no su intolerancia. Una de las tácticas más odiosas de la Segunda Guerra Mundial, a mediados del siglo XX, fue la generación sistemática de niños de la casta dirigente que cumplieran con el ideal nazi de supuesta pureza racial que ellos se habían propuesto imponer en todo el mundo. De acuerdo al programa Lebensborn, al invadir los países nórdicos, los oficiales alemanes fueron estimulados para que inseminaran a la mayor cantidad de mujeres locales que resultara posible, siempre y cuando se ajustaran a ciertos parámetros. Ellas debían ser altas, rubias, sanas, de ojos claros. Puede suponerse que no se trataba de seleccionar físicos atractivos, sino de demostrar la contundencia de sus ideales políticos.

Anni-Frid-Synni Lyngstad

Después de concluida la guerra con la derrota de Alemania y la plena difusión de los crímenes cometidos por los nazis, los hijos de esas mujeres sometidas al rol de reproductoras privilegiadas con alojamientos decentes y alimentación de calidad, que habían aceptado o no pudieron eludir esas funciones, pasaron a ser discriminadas por la población local, por colaborar con el enemigo, por parir sus hijos. Anni-Frid-Synni Lyngstad, miembro del grupo musical ABBA, que gozó de renombre en los años `60 y `80, fue uno de esos 10. niños de su país natal. Ella nació en Noruega, durante los últimos meses de 1945. Tanto su madre como su abuela, le contaron que su padre, un soldado alemán, había muerto en un naufragio. Las mujeres se vieron obligadas a emigrar a Suecia, para evitar la hostilidad de sus vecinos, que conocían el origen de Anni. A los 32 años, cuando se había convertido en una artista famosa, pudo reencontrarse con Alfred Hasse, su padre. La sociedad nórdica, en cambio, no le perdonó su origen y la carrera de la cantante declinó.

El joven Hitlerista Quex

Cuando los nazis intentaban demostrar que no eran crueles por convicción, sino que se veían obligados a actuar con decisión, para evitar que la sociedad alemana se debilitara y corrompiera por la insidiosa prédica de otras ideologías, armaban vehículos de propaganda tan hábiles como El joven hitlerista Quex (1933 de Hans Steinhoff) que se presentaba como un filme basado en un hecho real, donde el rubio hijo de un dirigente comunista alcohólico y golpeador de su esposa, se unía voluntariamente a las organizaciones juveniles nazis, una situación que impulsaba a su padre a asesinarlo. Ese era el ideal infantil del régimen: ario, desvinculado de su familia, y en cambio pronto a dar la vida por el Partido Nacionalsocialista.

En los últimos dos años de la Segunda Guerra Mundial, cuando la derrota alemana se revelaba inevitable en todos los frentes, los últimos batallones convocados estuvieron formados por jóvenes a partir de los 16 años. Se encontraban mal armados y pésimamente entrenados. No dudaban en desertar o entregarse a los vencedores.

Antes de llegar a ese final, el optimismo de los nazis llegados al Poder democráticamente y capaces de quitar del medio a sus adversarios políticos por el miedo, parecía no encontrar límites. Puesto que los vencedores se expropiaban los bienes de judíos y gitanos hacia fines de los años `30, ¿por qué no apropiarse también de su descendencia? Los adultos eran esterilizados para impedir que se reprodujeran (como si las circunstancias intolerables por las que pasaban fueran insuficientes para evitar esa aspiración). El objetivo de la llamada Solución Final nazi era hacer desaparecer definitivamente a judíos y gitanos.

Adopción de niños Lebensborn

Si bien la dictadura de Hitler ha sido condenada ampliamente, en países que se consideran más democráticos, como Suiza, Suecia o los EEUU, en ellos se permitía por la misma época la esterilización de enfermos mentales o se multaban ciertos nacimientos que se consideraban inadecuados por la calidad de vida de los niños. Margaret Sanger, precursora de los derechos reproductivos de la mujer norteamericana, no dudaba en justificar la esterilización de los afronorteamericanos, que de acuerdo a su criterio constituían una carga innecesaria para la sociedad.

Otra de esas tácticas nazis, fue el secuestro sistemático de niños de los países invadidos que cumplieran con los estándares del ideal ario. Se calcula entre 50.000 y 200.000 los niños que fueron arrancados de sus familias y entregados a militares y civiles alemanes que habían postulado previamente para recibirlos y cumplían con las especificaciones de pureza racial. Que durante el proceso se falsificaran partidas de nacimiento y certificados médicos, para otorgarle una decencia improbable al despojo, no pasaba de ser un detalle menor que no se tomaba en cuenta.

Para los niños que no se ajustaran a las exigencias de pureza racial, se establecieron campos de concentración especializados, como los de Ozierazna, Litzmannstadt y Kalish. Desde su interior, los niños prisioneros eran derivados a los campos de exterminio comunes, donde les aguardaba la misma suerte que a los adultos. Solo 25.000 niños, un 10% del total de los secuestrados, lograron sobrevivir a la guerra y volver a lo que quedaba de sus familias.

Acerca de oscar garaycochea

Dramaturgo, guionista de cine, libretista de TV, docente especializado en dramaturgia audiovisual, blogger empecinado en aprovechar lo que le queda de vida en comunicarse.
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