HUELLAS DE ABUSOS DE NIÑOS

Martin Bashir y Michael Jackson

En el 2003, durante una entrevista concedida al periodista Martin Bashir de la BBC, el cantante Michael Jackson ofreció una confesión inesperada: el artista elogiaba las oportunidades de dormir con niños en su mansión de Neverland. Más aún, las recomendaba como una experiencia que otros adultos debían imitar. Los niños eran visitantes asiduos de su parque de diversiones privado. En muchas ocasiones los padres los acompañaban, podría suponerse que los entregaban a un adulto famoso, que de acuerdo a sus palabras no los hubiera tocado nunca, a pesar de que la sospecha de un comportamiento menos inocente quedaba rondando, sobre todo cuando Jackson se veía obligado a negociar millonarios acuerdos extrajudiciales para que se retiraran demandas por abuso de algunos que habían gozado de su hospitalidad.
La figura del desequilibrado Gilles de Rais, noble francés de comienzos del siglo XV, que combatió junto a Juana de Arco, ha quedado como el paradigma del adulto poderoso y cruel que utilizaba a los niños en sus delirios. Sus sirvientes recogían a los niños de ocho a diez años de las aldeas, prometiéndoles empleo en el castillo de su patrón. Una vez que las víctimas se veían dentro de las murallas de Tiffauge, eran torturados, violados y asesinados (no necesariamente en el mismo orden) como parte del acuerdo que Gilles de Rais creía haber entablado con el Diablo, a pesar de lo cual solía arrepentirse periódicamente, para prometer que habría de peregrinar a Jerusalen, con el objeto de rescatar el Santo Sepulcro. En Bretaña hubo más de mil niños desaparecidos en el lapso de ocho años. Comparados con ese abusador, los demás parecen tímidos aprendices.

Yo soy una de esas personas para quienes todo lo que está relacionado con la muerte y el sufrimiento tiene una atracción dulce y misteriosa, una fuerza terrible que empuja hacia abajo (…). Si lo pudiera describir o expresar, probablemente no habría pecado nunca. Yo hice lo que otros hombres sueñan. Yo soy vuestra pesadilla. (Gilles de Rais)

La utilización de niños para satisfacer los deseos sexuales de los adultos, llega a convertirse en un tema habitual de la prensa de hoy. La Justicia suele recibir denuncias de padres que hasta no hace mucho no veían en la conducta de sus hijos, nada que los alarmara. Los niños podían resistirse a concurrir a las escuelas (a los jardines infantiles también) o volverse irritables y callados, o manifestar problemas genitales que van desde el sangramiento a la diarrea, sin que la hipótesis de algún abuso pasara por la mente de aquellos que deberían cuidar de la salud y el desarrollo sin obstáculo de los niños.

Abuso de niños

¿Quiénes son los abusadores? En oposición al mito del viejo del saco que tradicionalmente se les plantea a los niños, para alertarlos sobre los riesgos de alternar con vagabundos y extraños, los datos de la prensa actual demuestran que los abusos provienen de gente muy cercana a los niños, precisamente aquellos que gozan de su confianza y la del resto de la familia, aquellos que de acuerdo a la opinión de todo el mundo hubieran debido cuidarlos.
Son los maestros, el personal de servicio de las instituciones donde los padres los dejan, los transportistas que se encargan de su seguridad entre la escuela y el hogar, también los parientes cercanos, los vecinos que entran habitualmente en la casa de la familia, los sacerdotes que se presentan como instructores espirituales respetados.
La variedad y cantidad de abusadores (hombres en su mayoría, pero también mujeres) es alarmante. La carencia de estadísticas impide decidir si han aumentado en el presente o solo se sabe más del tema, tradicionalmente ocultado por las familias, con la intención de no perjudicar el futuro de las víctimas, aunque al asegurarles la impunidad se perpetúan las posibilidades de que los abusos continúen.
Las instituciones del Estado y la Iglesia, pero también las familias, suelen revelarse notablemente miopes ante la actividad de personas que las utilizan para cometer abusos contra menores. Antes de que el abuso sea perpetrado y denunciado, falta la vigilancia que podría detectar actuaciones como esas, y una vez detectadas suele imponerse un silencio cómplice, la negación de los sucedido y hasta la defensa de los responsables, en el criterio de que de ese modo se defiende a las instituciones, justificando la desprotección de las víctimas, inclusive su descrédito y humillación pública, paralelamente a la protección de los victimarios, a quienes se confía corregir en el ámbito privado, permitiéndoles continuar en una conducta que los especialistas consideran irreversible.
De acuerdo a los expertos, los abusadores suelen haber sufrido abusos del mismo tipo en su infancia o al menos carecieron de adultos que les ofrecieran afecto y los contuvieran. Llegados a la edad adulta, reproducen como en un espejo, la conducta que aprendieron de personajes que en parte admiraban. El consumo de estimulantes o la pertenencia a grupos marginales, facilita la definición de conductas como esas. Los hombres abusan de niños de todas las edades, incluyendo lactantes. Las mujeres abusadoras se concentran en los adolescentes, a los que convierten en sus juguetes sexuales, con la excusa de instruirlos para la vida en pareja.
Cuando se los somete a psicoterapia, se intenta ayudarlos a controlar sus impulsos y experimentar empatía por aquellos que pueden ser sus víctimas. No es una tarea fácil para quienes han hallado la manera de asegurarse una gratificación tan egoísta. Al observarlos, dan la impresión de que prácticamente se encuentran en todos los sectores de la sociedad y no habría nadie que se encuentre dispuesto a abusar de aquellos que por su edad y desconocimiento de su cuerpo y las normas de la sociedad, no atinan a defenderse.
Los abusadores utilizan el sexo como herramienta que les permite afirmar su convicción de superioridad respecto del común de la gente. Están convencidos de que si se proponen algo, nadie habrá de detenerlos (una situación que vuelve demasiado cómoda, en el caso del abuso sexual, que las víctimas no se atreven a denunciar, porque las denigra familiar y socialmente). Los abusadores despliegan una paciencia y dedicación que sería admirable, si tuvieran otro objeto más constructivo.

La seducción de niños, de acuerdo a las observaciones de especialistas, suelen requerir varios meses de acercamiento cauteloso, mediante el cual se ganan la confianza que deriva en agresiones impunes. Una vez que establecen la relación, algunos continúan explotándola tanto tiempo les resulta posible, mientras que otros pierden interés en una víctima que ha cometido la falta imperdonable de crecer. Al parecer, a medida que los abusadores envejecen, se sienten atraídos por niños cada vez más pequeños.
Se los considera personas con trastornos psiquiátricos. En ciertos casos, como demuestra el profesor Humbert Humbert, protagonista de la novela Lolita de Vladimir Nabokov, los abusadores acusan a los niños de haberlos tentado con gestos o palabras que resultan provocadoras para ellos (convertidos en víctimas) que no fueron capaces de resistir. Cuando analizan las reacciones de sus víctimas, interpretan como signos de complicidad o disfrute, aquello que solo puede ser evidencia de desconcierto, temor o sufrimiento.
Se trata de personas de apariencia amable, gracias a lo cual elimina cualquier defensa de la víctima. No constituye ninguna amenaza. Manipula sin consideración al objeto de su pasión. Ha estudiado las debilidades ajenas para definir su estrategia. Puede ser extraordinariamente cruel con sus víctimas. Solo piensa en su disfrute e ignora el dolor ajeno. Cuando se lo descubre y expone, busca excusas y si eso no es posible, promete no reincidir, pero de acuerdo a lo que sabe, conductas de ese tipo no se alteran.
Pueden estar casados y tener hijos, que no por la estrecha relación familiar, se salvan de sufrir el abuso. Los hay que aprovechan una situación favorable, mientras otros solo tienen ojos para los niños. Sus víctimas se encuentran entre aquellos niños que poseen capacidades físicas o mentales disminuidas (¿quién habrá de creerles, si llegan a denunciar el maltrato, superando el temor o la confusión?). Tal vez provienen de familias inestables, que se sienten abandonados afectivamente por sus padres o se encuentran desconcertados antes la explosiva llegada de la pubertad. Los abusadores se encuentran atentos a lo que ocurre a sus posibles víctimas y no demoran en acercarse para colmar esas carencias.

Acerca de oscar garaycochea

Dramaturgo, guionista de cine, libretista de TV, docente especializado en dramaturgia audiovisual, blogger empecinado en aprovechar lo que le queda de vida en comunicarse.
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