FÉNELON Y LA DESIGUAL EDUCACIÓN DE NIÑOS Y NIÑAS

Ordinariamente, aquellos que educan a los niños y no les perdonan nada, se perdonan todo a sí mismos. (Fénelon)

Fénelon

El teólogo y poeta François Fénelon parafraseaba hacia fines del siglo XVII la relación pedagógica de Mentor y Telémaco, el hijo de Ulises, encomendado a su amigo cuando él debe ausentarse para participar, muy contra su voluntad, en la guerra de Troya.

Para Fénelon, los personajes de la Antigüedad son apenas una excusa para hablar, no siempre de manera complaciente, de la sociedad de su propia época. El hijo de un gran hombre del pasado remoto, equivale a la de un príncipe como el Duque de Borgoña, nieto de su patrón, el rey Luis XIV, cuya educación le estuvo encomendada por más de un lustro, desde que el niño tenía siete años, antes de que el escritor cayera en desgracia por sus puntos de vista adversos a la política del reino, manifestada en una carta que dirigió a Luis XIV.

Vuestro nombre se ha vuelto odioso (…) mientras vuestros pueblos mueren de hambre, el cultivo de las tierras está casi abandonado, las ciudades y el campo se despueblan, todos los oficios languidecen, Francia entera no es más que un hospital desolado y desprovisto.  (…) Todo lo centráis en vos, como si fuerais el dios de la Tierra y todo lo demás hubiera sido creado para ser sacrificado a vos. (Fénelon)

El estudiante que le entregan a Fénelon tiene pésima fama. Se lo considera terco, irrespetuoso, altanero, intolerable respecto de cualquier intento de contrariar sus caprichos, a pesar de lo cual se reconocen también su inteligencia y (lo menos creíble) su aprecio por la justicia. La misión de Fénelon es domar una personalidad como esa, moldeada por el contexto donde se ha formado. Lo consigue, aunque en varias ocasiones desespere y anuncie que ha decidido renunciar a su misión.

Louis XIV

Fénelon escribe textos en los que ordena sus propias ideas, para instrucción del estudiante, tal como Bossuet había hecho con su padre, el Delfín de Francia. Las Aventuras de Telémaco es una novela en verso donde se evocan episodios de la relación profesor-estudiante, que Fénelon ha decidido guardar para el futuro, con el objeto de entregarla al Duque, cuando crezca y se case. La publicación organizada por uno de los colaboradores de Fénelon que debía copiar el texto, provoca un escándalo en la sociedad, que la considera una sátira antimonárquica y reconoce a los personajes de la actualidad que aparecen bajo el disfraz del mundo antiguo.

El joven Telémaco debe ser educado para que asuma las altas responsabilidades que le corresponden no por sus méritos, sino por el simple hecho de haber nacido hijo y nieto de hombres poderosos. Si no se lo educara, de todos modos heredaría la corona; pero si se lo educa, puede suponerse, ejercerá el Poder con una sabiduría que debe adquirir, no sin esfuerzo, beneficiándose a sí mismo y la nación. Fénelon parte de la idea de que tal proceso de mejoramiento es posible, y no por casualidad atribuye al Mentor un rol casi providencial.

Tradicionalmente, el estudiante es formado por adultos del mismo género. Mientras los varones son instruidos en las ciencias y las leyes, por especialistas reconocidos en esos ámbitos, pedagogos profesionales, las niñas quedan libradas a los buenos oficios de las mujeres que se encuentran cerca o (eventualmente) de monjas que se han apartado del mundo y solo pueden transmitir las limitaciones del conocimiento que les ha asignado la sociedad de su época.

La ignorancia y la falta de curiosidad terminan siendo algunas de las virtudes más apreciadas en las mujeres, aunque se disfracen de pureza y fidelidad a la familia y al hombre que la familia les ha destinado. El marido es presentado como el gran maestro de una mujer joven, aquel que la forma para honrarlo y servirlo. Si ella no sabe cómo componérselas por sí misma en el mundo, eso redundará en beneficios de todo tipo, se le promete. Por eso, los argumentos de quienes abogan por la instrucción femenina equivalente a la de los hombres, suena repetidamente en el vacío.

Fénelon redacta en 1681 un Tratado de Educación de la Hijas que tarda varios años en ser editado. Aunque la obra presenta grandes adelantos respecto de las ideas respecto de educación de la mujer que prevalecían en su época, ofrece planteos cuestionables. Gran parte de los problemas que sufre el mundo, provendrían de las mujeres que no fueron bien educadas. La preocupación por la belleza de la mujer, distrae del reconocimiento de su marginalidad de la vida pública. Virtudes que tradicionalmente se han considerado femeninas, tales como la limpieza y la economía, condenan a las mujeres al ámbito doméstico. La fuerza propia de la mujer sería el aprovechamiento de su natural debilidad. Si se intenta satisfacer la insaciable curiosidad femenina, se obtendrá una mujer pedante y a la vez inconstante (combinación capaz de aterrorizar a cualquier hombre).

Edmund Leighton: Eloísa y Abelardo

Ya se conoce la historia de la curiosa Eloísa, la sobrina del Obispo de París, que pretendió ser educada por Abelardo en el siglo XII, a pesar de los prejuicios de la sociedad. Una mujer instruida, con opiniones fundamentadas por la lectura de los autores clásicos permitidos por la Iglesia, suele ser en ese momento sinónimo de mujer poco confiable, lo más probable es que también deshonrada, no se sabe si su por propia curiosidad, como le pasó a Eva, o por la vecindad del hombre que hubiera debido preocuparse de sus progresos intelectuales y aprovechaba para utilizarla como herramienta de su placer. Con tal de evitar ese daño irreversible, la ignorancia de la mujer era bienvenida.

Según Fénelon, a quien podemos considerarlo un hombre con ideas progresistas en otros aspectos, que llega a desafiar el poder de la Monarquía, se debe evitar el suministro de conocimientos sobre política, jurisprudencia, filosofía, teología y artes militares a las mujeres, porque de recibirlos se volverían tan incontrolables como peligrosas para los hombres encargados de contenerlas, desde la época de Adán y Eva.

Ellas no deben gobernar el Estado, ni hacer la guerra, ni entrar en el Ministerio de las cosas sagradas; pueden, por consiguiente, excusarse de ciertos conocimientos (…) La mayor parte de las artes mecánicas no les son tampoco convenientes; estás constituidas para ejercicios moderados. Su cuerpo, como su espíritu, es menos fuerte y robusto que el de los hombres. (Fénelon).

Cerámica griega: Bacantes devorando a un hombre

Si el antifeminismo se expresa sin tapujos de ningún tipo, es porque los intelectuales temen el poder de las mujeres, tanto en el siglo XVII como en el mundo antiguo, cuando las Bacantes demostraban que al escapar del encierro en que se las mantenía, durante los pocos días de una celebración religiosa, eran capaces de cometer las mismas atrocidades que los hombres (solo que por serles atribuidas a ellas, habitualmente incapacitadas para esas faenas, resultaban mucho más temibles para la opinión pública). Antes que instaurar el caos en la sociedad, era preferible mantener la ignorancia de las mujeres. Esa opción, que debiera parecernos arcaica, por provenir de una época de pelucas empolvadas y convenciones ridículas, sigue teniendo una insidiosa vigencia.

Anuncios

Acerca de oscar garaycochea

Dramaturgo, guionista de cine, libretista de TV, docente especializado en dramaturgia audiovisual, blogger empecinado en aprovechar lo que le queda de vida en comunicarse.
Esta entrada fue publicada en Discriminación de la mujer, Educación infantil, Modelos de comportamiento infantil y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s