NIÑOS DEL DESAMPARO

Pedro Lira: El Pelusa

El guacho es en Argentina y Uruguay el animal apartado del rebaño o cuya madre ha muerto, motivo por el cual los humanos se encargan de criarlo, y también el ser humano poco confiable. En ciertas ocasiones, cuando se utiliza el diminutivo (guachito) es alguien que suscita compasión o diversión, aunque también el tramposo a quien se denigra con el epíteto. Basta con cruzar la cordillera de los Andes y hablar de huacho, para que el término adquiera un significado más complejo y específico.

El huacho es una figura destacada por omisión, persistente y contradictoria, que puebla el imaginario de la sociedad chilena, reveladora de las condiciones bajo la cuales se constituyó y permanece organizada, adoptando formas diferentes. Difícilmente podría argumentarse se reconoce y privilegia al huacho en el discurso oficial, con el objeto de protegerlo de los abusos de todo tipo a los que no cuesta verificar que se encuentra expuesto, sino lo contrario: tanto las leyes como la opinión dominante fomentan la marginación del huacho, justifican la carencia de derechos que sufre y el rol subordinado al que puede aspirar.

En Chile, por nuestras Leyes, no hay clases ni castas; todos los ciudadanos son iguales; en nuestra sociedad, excepto las naturales diferencias que tienen su origen en la diversidad de caudales, ilustración y virtudes, no hay otras diferencias (…). La llamada `clase obrera´ creyó que otra clase i como clase comenzó a obrar! (…) He aquí el mal, el terrible mal. (…) Peleaba ya el pueblo en las lides de la igualdad cuando ya poseía esa igualdad, cuando con su lucha destruía esa igualdad. (Eneas: La Estrella de Chile, 18/4/1873)

Bernardo O´Higgins

Hay huachos que alcanzaron altas posiciones políticas, como fue el caso de Bernardo O´Higgins, considerado el Padre de la Patria, que sin embargo debió morir en el exilio, tras haber cumplido su tarea emancipadora y recibir el rechazo de la nueva clase dirigente que había reemplazado al poder colonial.

Hay huachos ficticios, que divierten a la audiencia masiva, con su abrumadora ignorancia y su ingenio combinados, desde los espacios que les concede la industria cultural, para demostrar que a pesar de todo ellos se las componen para seguir adelante y ganar posiciones, sin reclamar Justicia.

Haber nacido fuera del matrimonio (eclesiástico o civil) condena tradicionalmente a la marginalidad e indefensión. Poco importan la igualdad de todos los ciudadanos ante la Ley (principio derivado de la Revolución Francesa de fines del siglo XVIII) o la consideración de los méritos personales demostrados por el estudio y el trabajo (de acuerdo a los postulados  que pregona la modernidad), cuando lo que se encuentra en juego es la defensa de privilegios heredados y con toda probabilidad basados en la usurpación, de parte de aquellos que se autodenominan “legítimos”.

Huacho proviene del quechua Huachuy, cometer adulterio. Designa tanto al hijo ilegítimo como al huérfano. Además, se utiliza para denominar al animal que se ha separado de su rebaño. (Sonia Montecino)

No es casual que la discriminación del huacho se combine con la ejercida sobre la mujer por la cultura machista. En ciertos casos, el huacho es el hijo de una mujer de clase alta que ha tenido relaciones no aceptadas por la familia y por lo tanto debe entregarse a una empleada o pariente pobre para que lo críe. En otros casos, se trata de mujeres de clase baja, amancebadas o barraganas, que han parido fuera de una sociedad que tolera el desliz del hombre, pero rechaza a la mujer que cooperó con él.

Esa mujer entregó su cuerpo al hombre que no tenía derecho a reclamar como marido, fuera porque ya se encontraba casado con otra, o bien porque se reservaba para otra de su misma clase. También por la pobreza. Los matrimonios eran costosos y aquellos que no podían financiarlos, convivían al margen de la ley. Una situación como esa favorecía el abandono del hogar. Una mujer pobre, que no fue capaz de retener al hombre sin mayores medios que la dejó cargada con hijos inútiles, tampoco podía ser premiada. ¿Qué puede esperarse de alguien tan incómodo para la sociedad como una madre soltera o abandonada? Si se confía darle forma a un mito aceptable para el dominador, la responsabilidad de una situación tan lamentable, pasa a ser precisamente del dominado. La mujer tienta al hombre con las intenciones más aviesas, como se sabe desde el episodio de Adán y Eva, y el hombre que se precie de serlo no puede rechazarla.

La hembra aborigen, empujada cada vez con más violencia por el obscuro instinto de la especie, a buscar al macho de la raza superior, acabó por rehuir al indio, hasta en el matrimonio. (Francisco Encina)

Una segunda acepción del término huacho es la que se refiere al surco que deja el arado en la tierra. Bella metáfora para una realidad menos poética: alguien deja la semilla en el suelo y se desentiende de las consecuencias de su siembra. La tierra, que para los cultos ancestrales es una diosa, es la directa responsable de sus frutos. En la tradición matrilineal de los pueblos americanos previa a la llegada de los europeos, y no del todo abandonada por la imposición del cristianismo, el padre es un accidente, necesario pero después de todo episódico, mientras la familia materna se encarga de la subsistencia y formación intelectual de la cría

El huacho adulto, a diferencia del adulto “legítimo”, solo parece encontrarse en condiciones de engendrar hijos que heredan su condición, mientras que el adulto “legítimo” puede optar entre hijos de su misma clase o huachos de rango inferior. Hay una fatalidad en la existencia de los desasistidos que no alienta esperar grandes cambios de ellos. Todo es como siempre ha sido. Probablemente se sabe que es injusto; pero seguirá siendo así hasta el fin de los tiempos, y cualquier resistencia se encuentra condenada al fracaso, motivo por el que mejor es no intentarlo.

Bajo el régimen colonial en América, se tiene la impresión, a pesar de la rígida moral católica, todo podía componerse con dinero. Había hijos naturales, otros nacidos de miembros del clero, otros que tenían como madres a prostitutas, otros que nacían de concubinas, de relaciones adúlteras e incluso de relaciones incestuosas. Los primeros gozaban de menor número de discriminaciones y podían ser legitimados por la Corona previo el pago de 5.500 reales, mientras el reconocimiento del adulterino costaba más de cuatro veces más y las otras categorías costaban seis veces más.

En Chile hubo que esperar hasta 1998 para se igualaran los derechos de hijos “legítimos” e “ilegítimos”. Los primeros no estaban en condiciones de reclamar la herencia del padre y sufrían discriminaciones tales como ser rechazados en instituciones educativas (durante la etapa colonial, se les hubiera prohibido ejercer profesiones liberales como la Medicina o el Derecho). La paternidad de hoy puede ser establecida mediante análisis de ADN que suministran una certeza imposible de cuestionar y el hombre que se niegue a someterse a un examen de ese tipo, puede ser obligado por la Justicia o darse por afirmada la paternidad.

Apenas un par de años antes, el Registro Civil chileno informaba que el 42% de los nacimientos correspondía a los “ilegítimos” (porcentaje similar al de otros países del continente, pero muy superiores a los europeos) y que el 70% de ellos hubieran sido reconocidos por ambos padres, una anomalía atribuible a la inexistencia en ese momento de una ley de divorcio en el país.

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Acerca de oscar garaycochea

Dramaturgo, guionista de cine, libretista de TV, docente especializado en dramaturgia audiovisual, blogger empecinado en aprovechar lo que le queda de vida en comunicarse.
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