CONTROVERSIA DEL PESEBRE DE BELÉN

Benedicto XVI recibe su libro.

En La Infancia de Jesús, libro del que se han editado inicialmente más de un millón de ejemplares, su autor, el Papa Benedicto XVI, ha decidido despoblar el imaginario de la cristiandad del buey y el asno que de acuerdo a la tradición habrían presenciado el nacimiento del niño Jesús. El Papa es un erudito y ha creído necesario verificar si en alguno de los textos que mencionan el evento, aparecen animales como los mencionados u otros testigos, como los pastores que saludan con cánticos al recién nacido. Según él, en los Evangelios no se hace referencia a sucesos tan entrañables de la iconografía navideña. En cuanto a la estrella que guió a Melchor, Gaspar y Baltasar, debería entenderse como la explosión de una supernova calculada por Johanes Kepler a comienzos del siglo XVII, en lugar del cometa dotado de larga cola que tantos artistas han representado.

Para un observador imparcial, se vuelve difícil celebrar este afán científico de un líder religioso, que defiende la realidad histórica de la Anunciación y el parto virginal de María, utilizando la hipótesis de que ella misma lo habría relatado a los evangelistas que la conocieron. ¿Cabe imaginarla mintiendo o siendo malinterpretada por sus confidentes? Puesto que se trata de un artículo de fe, que simplemente se acepta o deja de lado, ¿por qué preocuparse de corregir los otros detalles, a todas luces irrelevantes, como la presencia de animales y pastores?

Pesebre de Belén.

Los constructores y exhibidores de pesebres (belenes, para los españoles) han manifestado su descontento. Ellos no quitarán los animales de sus maquetas. ¿Por qué desprenderse de muestras tan conmovedoras de afecto, como el aliento con las dos bestias calentaban el cuerpo del recién nacido? Por suerte, Benedicto XVI no ha pensado en expulsar a los animales de estas representaciones. No será un dato histórico, pero expresa perfectamente la idea del homenaje y la complicidad inexplicables que brindan los animales (que no tienen alma y pertenecen a la Naturaleza) a un niño desprotegido.

Si vamos a ser estrictos, ningún contemporáneo, fuera de los evangelistas, menciona el paso por este mundo de Jesús de Nazaret. Las referencias del historiador Flavio Josefo son de más de un siglo más tarde y tienen la ventaja de provenir de un autor judío, que no estaba en contacto con los primitivos cristianos (aunque hable también de un hermano de Jesús, un tema que la cristiandad no acepta).

Monty Python: Life of Brian.

The Life of Brian, el filme de los comediantes ingleses Monty Python, comienza con una escena impactante. Tres reyes montados en camellos recorren las callejuelas de Belén, guiados por una estrella hasta un establo donde una madre sola y madura, cuida su hijo recién nacido. Los visitantes le entregan oro, incienso y mirra. La mujer aprecia los dos primeros obsequios, pero no le encuentra mucho sentido al tercero. El nombre del niño es Brian. Es un error de identificación, comprenden los forasteros, que proceden a quitarle a la mujer los regalos, para doblar la esquina y encontrar a pocos metros otro establo, mejor iluminado, donde los aguarda el recién nacido que buscaban. A partir de ese momento, la vida de Brian se desarrolla, demasiado cerca de la trayectoria de Jesús, con quien no llega a coincidir nunca, en un paralelismo que resulta hilarante para algunos y se encuentra al borde de la blasfemia para otros, pero de todos modos resulta plausible, cuando se trata de entender cómo pudieron ser recogidos y sobre todo distorsionados, gracias a sus seguidores, las ideas y gestos de un hombre que intentaba expresar otra cosa.

Algunos adversarios recientes del culto cristiano, atribuyan el mérito de haberle dado existencia a san Pablo, que no llegó a conocer a Jesús y sin embargo tuvo la formidable intuición de no mantener su prédica en los límites de una tendencia más del judaísmo redentorista de la época, para convertirlo en una religión abierta a los no circuncidados; vale decir, a cualquiera dispuesto a adoptarla. Gracias a los apóstoles, la historia y la prédica de Jesús se difundieron en poco tiempo por todo el Imperio Romano y perduraron, porque se correspondían con las expectativas sobre la vida en este mundo y el más allá, de millones de seguidores, desde hace un par de milenios.

Si los pastores, el asno y el buey se fueran la Navidad, ¿por qué dejar en pie otros episodios maravillosos, como la vara de san José, que de haber estado seca (no existe acuerdo sobre si era de almendro, azucena o lirio) floreció en una sola noche, combinándose con el descenso de una paloma blanca sobre la cabeza del viejo, durante los esponsales con María? Son imágenes asombrosas, improbables, que la memoria de la gente se resiste a olvidar, porque refuerzan la fe.

Si los cristianos fueran fanáticos de la verdad histórica, tendrían que reducir drásticamente las dimensiones de la Matanza de los Santos Inocentes, que suele representarse como un acontecimiento multitudinario, con lo que se sugiere que la aldea de Belén era una metrópoli. O debería preguntarse si no hay que trasladar la época de la celebración de Navidad, desde la última semana del año, hasta el mes de marzo, rectificando de paso que haya ocurrido hace 2012 años en lugar de hace 2016, para superar el error de cálculo atribuible a Dionisio el Exiguo, en el siglo VI de nuestra era.

¿No son demasiados cambios, sin otro objeto que ajustarse a la verdad? Confesar que una institución estuvo equivocada en el pasado y trata de corregirse en el presente, confunde más de lo prudente a la gente sencilla y no tarda en anunciar nuevas contradicciones, en ese tejido frágil pero resistente de lo que se debe aceptar sin pruebas. La fe y la ciencia corren por sendas paralelas, demostró hace tiempo Bertrand Russell. Pretender conciliarlas, puede causar daños que es mejor evitar.

De acuerdo al relato de Tommaso da Celano, escrito en 1228, cuando san Francisco de Asis organizó el primer pesebre en 1223, en la aldea de Greccio, no se planteaba nada parecido a una reconstrucción histórica. Carecía de documentos, como en distinta medida nos pasa a nosotros, pero al mismo tiempo se había propuesto difundir su fe en una comunidad iletrada, que no era capaz de descifrar los textos sagrados y tal vez no prestaba demasiada atención a los sermones del clero, para traducir en recursos fáciles de captar, aspectos fundamentales del cristianismo. Para la prédica gestual y emotiva de san Francisco, el asno y el buey debían ser reales, como el niño recién nacido y el heno al que los campesinos atribuían propiedades milagrosas para la salud de sus animales.

Gritad de gozo a Dios, (…) Aclamad al Señor Dios vivo y verdadero con gritos de júbilo (…)  Un niño santísimo nos fue dado, y nació por nosotros y fue puesto en un pesebre, porque no tenía lugar en la posada. (San Francisco: Salmo Navideño)

Sin duda, puede concebirse otra fe, menos sentimental y espontánea que la de los retablos y las grandes representaciones teatrales del Medioevo, que se realizaban en las plazas de los mercados y estaban destinadas a la observación de todo el mundo. En las instrucciones que se daban en el siglo XV a quienes representaran el Misterio de Rouen, el anónimo autor solicitaba:

Si no se consiguieren cuerpos artificiales de buey y de asno, déjese en suspenso lo que sigue. Si los hubiere. Si los hubiese, entonces ellos deben ponerse de rodillas ante el Niño Jesús y lo soplarán para calentarlo.

Impresionar, asombrar. El arte no desaprovecha nada de lo que encuentra a mano como su material expresivo. Los edificios de las grandes catedrales góticas y las imponentes cantatas de Johan Sebastian Bach y Georg Friedrich Haendel, demuestran que también es posible darle forma elevada y enérgica a la fe del cristianismo, pero en los momentos de mayor exaltación, parece no tener límites.

King of Kings / and Lord of Lords / and He shall reign / for ever an ever. / Hallellujah, hallellujah, hallellujah! / Hal-lel-lu-jah! (Haendel: Messiah)

Leonardo da Vinci: Adoración de los Magos.

Los artistas plásticos del pasado, no desdeñaron utilizar la anécdota trivial que provenía de los episodios religiosos, no solo porque tratarse del tipo de material que les demandaba el mercado de su tiempo, sino porque les permitía demostrar su habilidad técnica. Leonardo situó el pesebre que no terminó de pintar porque no le pagaban lo que él esperaba, en una inverosímil ruina de la Antigüedad, con escalinatas y columnas de mármol, poblada por una multitud de animales y personajes humanos que no son nombrados en los Evangelios y revelan su conocimiento de la perspectiva y el esfumado.

Giotto: Navidad

Giotto di Bondone se comportaba como un reportero de actualidad, cuando representó los sucesos de Belén como si estuvieran sucediendo en la Italia del siglo XIV que él conocía por presenciarlos todos los días. ¿Acaso deberíamos tachar por anacrónicas las vestiduras medievales y corregir los edificios típicos del segundo milenio de nuestra era?

Pieter Brueghel el Viejo se tomó el trabajo de suministrar a la infancia de Jesús las conexiones más directas con su actualidad, la del siglo XVI en los Países Bajos, asolados por las guerras religiosas entre las distintas iglesias cristianas.

Pieter Brueghel: El Censo.

El drama de la Sagrada Familia no tiene más importancia que el de decenas de personajes humildes y anónimos, que se entrecruzan en la representación del Censo.

Despojar al niño Jesús de las elaboraciones sentimentales y decorativas que lo han recubierto durante siglos, para volverlo histórico y verosímil, aceptable incluso para los incrédulos, ¿tiene algo que ver con la fe? El mundo protestante lo planteó, hace tiempo, al despojar los templos y descabezar imágenes de santos, para diferenciarse de los ornamentos del catolicismo y el culto ortodoxo, que consideraba una desviación doctrinaria. El eclipse de los pastores, el asno y el buey, puede ser un hecho aislado, que no será tomado en cuenta por los creyentes o el anuncio de una tendencia modernizadora de la iglesia, en un ámbito donde la modernidad fue sistemáticamente resistida.

Acerca de oscar garaycochea

Dramaturgo, guionista de cine, libretista de TV, docente especializado en dramaturgia audiovisual, blogger empecinado en aprovechar lo que le queda de vida en comunicarse.
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