DEL MITO DEL SUPERHOMBRE A LOS NIÑOS ÍNDIGO

Hefesto y Prometeo crean el primer hombre

Hefesto y Prometeo crean el primer hombre en la mitología griega

A través de distintas culturas, la Humanidad se ha preocupado de ostentar un parentesco indemostrable con seres superiores, los dioses que los habrían traído al mundo, haciéndolos perfectos, inmortales (aunque a continuación se vieron obligados a castigarlos, al descubrir que no eran capaces de obedecer los límites que les habían impuesto).

Adán y Eva son modelados por Yaveh a partir de una mezcla de los materiales más humildes que puedan darse, el agua y la tierra, tal como hicieron Hefesto y Prometeo en el ámbito de los mitos griegos, o el dios Baiame en Australia. Reiteradamente, los seres humanos decepcionan a sus creadores, demuestran que son imperfectos. En la mitología maya, el disgusto de quienes crean a la Humanidad es tan evidente, que los mismos dioses destruyen una vez tras otra a sus criaturas imperfectas, para intentar de nuevo la Creación, utilizando materiales más nobles.

La conciencia de un historial de imperfecciones propio de la especie y la esperanza de que ocurran cambios radicales en el futuro, mejoras de todo tipo que acerquen a los humanos al proyecto inicial de sus creadores, permite imaginar un proceso gracias al cual, si por primera vez todo resulta bien, se alcanzará un estado de perfección que defina la existencia de una especie de superhombres.

¿Cuán factibles resultan expectativas como esas? No demasiadas. Los seres humanos no suelen conformarse con ser lo que son desde sus orígenes: animales superiores, dotados de la herramienta única del lenguaje, capaces de alterar su hábitat gracias al pensamiento abstracto y la tecnología que elaboran por ellos mismos, de todos modos atados a las mismas restricciones que el resto de los animales.

La descripción de una serie de mutaciones de la especie, capaces de conducir a la Humanidad a un estado superior de evolución, puede hallarse tanto en la cultura académica, como en las ficciones más populares de la industria cultural.

Comic X-Men

Comic X-Men

X-Men es un comic (luego una serie de filmes espectaculares) donde las mutaciones se han acelerado involuntariamente, por factores tan adversos como la contaminación del ambiente. Allí donde hubiera podido esperarse enfermedades y minusvalías, prospera una multitud de superhéroes que en unos casos tienen esqueleto de acero, en otro queman con la mirada, en otro desatan tempestades, en otro vuelan, etc. ¿Se trata de monstruos, como pretenden sus adversarios, o de figuras admirables, como los dioses del pasado?

Para la tradición del pensamiento machista, solo el hombre es alguien superior, cuando se lo compara con la mujer, tentadora pero imperfecta. Para los nazis, una determinada raza, que identifica como los arios, puede ser considerada superior al resto (y sobre todo debe subordinar al resto o eliminarlo, para que compita). En el mundo moderno se manifiesta la hipótesis de un progreso de la especie humana que va más allá de la tecnología, la ciencia y el arte, una evolución que no depende del código ético de las religiones.

Los superhombres del filósofo Friedrich Nietzsche o el del dramaturgo George Bernard Shaw, son entidades que mantienen la apariencia humana, pero que al mismo tiempo disfrutan de dones que se encuentran por encima de los que se reserva a la mayoría. Se trata de una superioridad no racial, ni de género, sino intelectual y moral. Esas criaturas no llegadas, superarían los límites de la Humanidad.

Comic: Superboy

Comic: Superboy

Superman, en cambio, el ficticio protagonista del comic, el cine y las series de televisión, a pesar de que haber llegado de otro mundo y disponer de superpoderes tales como la visión de rayos X, la invulnerabilidad a las balas y la capacidad de volar sin necesidad de artefactos, se atiene a los códigos éticos de la sociedad humana, por imperfectos que estos sean. Por eso cabe definirlo siempre como un guardián del orden, que puede luchar contra los nazis durante la Segunda Guerra Mundial o el régimen comunista de Cuba, una generación más tarde, siempre y cuando se trate de ayudar a los EEUU, país donde se instaló, que ignora su verdadera identidad.

¿Cómo no ver en estas figuras admirables que se ofrecen a los espectadores juveniles, la inversión de todo aquello que caracteriza a los seres humanos en el mundo real? En todas las épocas, la gente ha creído en dioses dotados de enormes poderes. La modernidad tiende al escepticismo, pero no puede renunciar a esas figuras que señalan el camino de la superación ética, que sirven de modelo para sus seguidores.

Solo aquellos que crecieron fuera de la sociedad (como se da en el caso de los niños ferales) o quienes sufren desequilibrios mentales, prescinden de los códigos que regulan las relaciones de todos los seres humanos, y entonces toda idea de superioridad intelectual o moral se desmorona. Son personajes carenciados, porque no han adquirido los condicionamientos y recursos que aseguran la pertenencia a la humanidad.

En una aplicación tan imaginativa como disparatada de las teorías de la evolución de Darwin, en los mitos urbanos del siglo XXI se da por probada la existencia de una nueva generación que estaría libre de los errores y límites de la mayoría de los seres humanos que hoy existen.

La escritora Nancy Ann Tappe afirmó en la década de los ´70, que ella era capaz de percibir el aura electromagnética de los seres humanos, don que le permitía diferenciar por su color y a simple vista, las distintas clases de niños. Eso dio origen a la denominación niños índigo, para distinguir a los superdotados e innovadores de la actualidad, mientras los todavía más raros niños cristal serían los pacificadores.

Para los seguidores de los cultos New Age, la existencia de estos personajes se encuentran fuera de toda discusión, mientras que para el resto del mundo, no pasaría de ser otro mito urbano, carente de evidencias confiables, pero de todos modos atractivo para ciertos sectores de la población, que rechazan el tratamiento científico de disfunciones de aprendizaje. Si uno puede creer que un ser extraterrestre se habría comunicado telepáticamente con el médium Lee Carroll y su esposa para revelarles la existencia de la nueva raza, difícilmente valga la pena entrar en discusión sobre el tema.

Albert Einstein

Albert Einstein

¿Por qué debería aceptar la gente que sus propios hijos sean diagnosticados como autistas, sufran de hiperactividad o evidencien algún déficit atencional, cuando llegan a la escuela y son sometidos a tests por los especialistas? Diagnósticos como esos resultan poco menos que insultos personales para el narcisismo de los parientes cercanos. ¿Acaso los niños traían esa incapacidad en los genes? Una situación como esa vulnera la imagen de todo el grupo. ¿Esos niños van a ser considerados menos aptos que sus compañeros? ¿Sufrirán la discriminación y el acoso de quienes se consideran “normales” por el resto de sus vidas? Más fácil de aceptar resulta la hipótesis de una superioridad genética desconcertante para el vulgo, que habrá de descubrirse en el futuro, como se cuenta que le sucedió a Albert Einstein, mediocre estudiante en su infancia, genio de la Física posteriormente.

La Humanidad evoluciona, de acuerdo esta concepción, y deja atrás a la que hoy es la mayoría, condenada a extinguirse ante los desafíos de la modernidad. Los pioneros de esa presunta nueva etapa de la especie humana, se distinguirían por la conciencia que ellos mismos tienen de su superioridad.

Al estilo de Sheldon Cooper, el personaje de la comedia televisiva The Bing Bang Theory, ellos poseen una autoestima a toda prueba, que los lleva a proclamar ante los demás quiénes son y qué privilegios les corresponde disfrutar. Ellos no aceptan el mandato de quienes pretenden imponerle su autoridad, ni reconocen el peso de los códigos y rituales que obedece la mayoría, por lo que son considerados rebeldes, asociales o desubicados. Ellos carecen de sentimientos de culpa (situación bastante peligrosa), no logran concentrarse mucho tiempo en ninguna tarea (con lo que chocan con el sistema escolar), tienen poca tolerancia a la frustración y ninguna capacidad para admitir el fracaso.

No importa cuán inteligentes sean, de acuerdo a los tests habituales. Se encuentran en desventaja y están condenados a que la mayoría desconfíe de ellos y los margine. Las descripciones del niño índigo por aquellos que aceptan la hipótesis de su existencia, sugieren el intento de transformar en motivo de orgullo aquello que con mayor probabilidad se entiende como una desventaja. Es el proyecto de aceptar como altamente deseable y definitiva, una situación de minusvalía que el tratamiento adecuado permitiría atenuar o superar.

Acerca de oscar garaycochea

Dramaturgo, guionista de cine, libretista de TV, docente especializado en dramaturgia audiovisual, blogger empecinado en aprovechar lo que le queda de vida en comunicarse.
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