NIÑOS VÍCTIMAS DE FANTASÍAS DE ADULTOS

Jon Nenét Ramsey maquillada.

Jon Benét Ramsey maquillada.

¿A quién le desagradan los niños? Suele tenerse la impresión de que en esa categoría solo entran pocos adultos amargados, que no han tenido hijos y derivan de eso una intolerancia que los delata, o que no pueden borrar la experiencia de una infancia traumática. Entre aquellos a quienes les encantan los niños, por desgracia, hay que incluir a quienes parecen decididos a explotarlos laboralmente, a quienes utilizan sus imágenes para conmover a gente de buen corazón que puede ser estafada, a los abusadores sexuales y todos aquellos que aprovechando la escasa capacidad de los niños para defenderse, facilitan el actuar de los adultos.

La imagen de Jon Benét Ramsey es perturbadora, más por lo que oculta que por lo que muestra. Corresponde a una niña nacida en 1990 y muerta seis años más tarde, en circunstancias confusas. Los padres fueron un hombre de negocios y una ex reina infantil de belleza. Ambos demostraban adorar a su hija. Desde los tres años la inscribieron en diversos concursos de belleza, que en ocasiones financiaban ellos mismos. A los cuatro años, en lo que pudo ser un accidente hogareño que involucraba a menores de edad, pero también un ataque de celos, el hermano tres años mayor la golpeó con un palo de golf, por lo que hubo que reconstruirle la mejilla izquierda.

En 1996, la niña desapareció y los padres hallaron una carta de alguien que atribuía la desaparición a un inverosímil comando extranjero y reclamaba más de U$ 100.000 como rescate. La policía no tardó en encontrarla violada y estrangulada en el sótano de su casa. Los padres fueron sospechados del crimen, cometido (se dijo) durante algún ritual erótico sadomasoquista, pero nunca se obtuvieron pruebas que los condenaran. ¿Qué oscuridades podían escenificarse en una familia tan atractiva como esa? Fueran las que fueran, concluyeron con la muerte de Jon Benét.

La prensa trae, con cierta frecuencia, historias de niños mexicanos sacrificados en el curso de rituales satánicos, por padres alucinados por las drogas; historias de niños africanos mutilados para utilizar sus órganos como improbable cura del VIH, etc. Los adultos concretan en los niños sus fantasías más absurdas, algunas de las cuales mortales para sus víctimas.

Shirley Temple

Shirley Temple

Han debido pasar más de siete décadas, para que la imagen trivial y seductora de la pequeña Shirley Temple, actriz de cine desde los tres años de edad, quedara despojada de la mayor parte de su encantadora inocencia, para revelar la estrategia mercantil de los adultos (los empresarios de Hollywood que lucraron con sus filmes y merchandising). Ella personificaba habitualmente a niñas huérfanas, secundadas por adultos que carecían de parientes y terminaban siendo protegidos por quienes hubieran proteger. Temple actuaba como casamentera, logrando armar alrededor de ella una nueva familia, que de algún modo controlaba. Gracias a ficciones de este tipo, la niña permitía la proyección-identificación de los niños descontentos con sus padres y los adultos podían fantasear con la posibilidad de elegir a sus hijos hermosos, divertidos, millonarios por cuenta propia, no de responsabilizarse de la crianza efectiva de los suyos.

Little Miss Sunshine

Little Miss Sunshine

En la actualidad, las madres que visten, tiñen y adiestran a sus hijas de pocos años como reinas de belleza en miniatura, que las obligan a imitar la gestualidad de mujeres adultas, con el agravante de imitar al mismo tiempo su erotismo, fueron satirizadas en el filme Little Miss Sunshine, donde el centro de las fantasías del grupo familiar es una niña poco atractiva, con anteojos, sin cintura ni habilidades especiales, que deja en evidencia los conflictos que los adultos tratan de resolver por su intermedio. Hay una madre que ha visto frustradas sus aspiraciones a ser admirada, un abuelo que proyecta su imaginación obscena en la niña, un tío perdido en las ensoñaciones que brinda la droga. Cada uno proyecta en esa niña algo que ella no puede ser en la realidad por más que se empeñe, una fantasía que no puede convertirse en realidad, porque desde todos los aspectos que se la tome en cuenta, es inadecuada.

Lewis Carroll: Retrato de niña como mendiga.

Lewis Carroll: Retrato de niña como mendiga.

En un momento revelador de la novela para niños A través del Espejo de Lewis Carroll, Alicia manifiesta su negativa a permitir que otros la sueñen. Ella pretende ser aquella que efectivamente es, de ningún modo el producto de la fantasía de otra persona (un adulto, como sucede con frecuencia). La verdadera Alicia y otras niñas de buena familia perseguidas por el clérigo anglicano Charles Dodgson, autor del libro bajo el seudónimo que lo volvió célebre, eran reclutadas por él para invitarlas a tomar el té y pasear en bote, sin la presencia de otros adultos que pudieran interferir, también para fotografiarlas disfrazadas de mendigas o gitanas, a veces con las ropas desgarradas y también desnudas, siempre con el consentimiento de los familiares, que consideraban un honor que uno de los más famosos autores de la época se fijara en sus hijas.

Carroll (Dodgson) estaba concretando fantasías muy personales, inconfesables, tanto al escribir como al registrar imágenes de las menores de edad. Quizás no se atreviera a tocarlas, pero es evidente que las sometía a una presión psicológica inadecuada, como demuestra el hecho de la distancia respecto del autor, que mantuvieron las niñas al crecer.

El adulto que se acerca demasiado a los niños y reclama (incluso soborna) el alejamiento de sus parientes, no promete nada limpio. Después de difundirse la historia de Michael Jackson y los niños invitados a su mansión de Neverland, esos amantes de la infancia dejaron de ofrecer una imagen aceptable para los observadores de la actualidad. Todo lo sucedido en un territorio de acceso reservado, que de acuerdo a las evidencias fue diseñado para el exclusivo disfrute de los niños, pudo ser tan inocente como el cantante afirmó cuando fue sometido a juicio, pero al mismo tiempo cuesta no sospechar una maquinación delirante para consumar el abuso con absoluta impunidad. ¿Por qué el pleito se arregló en privado, tras el desembolso de casi veinte millones de dólares? ¿Tanto cuesta comprar la inocencia de un adulto?

James Barrie y uno de los niños Llewelyn.

James Barrie y uno de los niños Llewelyn Davis.

Gracias a Michael Jackson, en forma retrospectiva, también se desconfía de la inocencia de James Barrie, el diminuto autor de Peter Pan (no llegaba al metro y medio de altura) que en plena época victoriana, bastión de la moral más conservadora, creó la ficción de un héroe infantil en el borde la pubertad, que vuela en las noches por los jardines de Kensington, se niega a crecer y seduce a otros niños para que se aparten de sus familiares y lo acompañen a un lugar recóndito (de nuevo, Neverland) donde viven una existencia más divertida que en su casa.

Se sabe que Barrie utilizó para Peter Pan el modelo de los niños de una familia, los Llewelyn Davis, que no tenían padre y no tardaron en perder a la madre. Barrie los adoptó entonces, recurriendo a estratagemas ilegales. Las circunstancias fueron idealizadas en el filme Finding Neverland, que sugiere un romance entre Barrie y la madre, para justificar la atención desmedida que el escritor presta a los niños.

En la novela El Pajarito Blanco, escrita unos años antes de Peter Pan, David es un chico que aparece acompañando a un militar retirado y solterón, que se encarga de narrar la historia y ejerce sobre él atenciones que recuerdan a las confesadas por Jackson: intenta pasar la noche con el niño, mientras enfrenta a la madre, presentada como personaje desagradable, a la que el hombre adulto se dedica a hacer sufrir. La relación con el chico, en cambio, es idílica.

La blanca y pequeña figura se levantó y se abalanzó sobre mí. El resto de la noche durmió encima de mí; otras, con los pies en la almohada, pero siempre con mi dedo cogido. En una ocasión, llegó a despertarse y decirme que estaba durmiendo conmigo. Yo no pequé un ojo, pasé la noche pensando en ese niño que mitad del juego se desvelaba. Cuando lo desnudaba, hundió la cabeza entre mis rodillas. (James Barrie: Little White Bird)

Liberarse de la sumisión a los adultos, que en ocasiones protegen, pero también pueden abusar mientras ejercen su tutela, es un reclamo de la infancia que se manifiesta a cada rato y no por ello consigue respuesta adecuada de las instituciones que se anuncian como encargadas de velar por el bienestar de la infancia. Los adultos parecen no estar dispuestos a concederles a los niños otro rol que el de pasivos soportes de sus propias fantasías. Gran parte de lo que otros adultos rechazarían, porque lo consideran degradante o perjudicial, los niños desinformados pueden aceptarlo, con la ventaja adicional de sentirse culpables a continuación.

Niño vestido como el Pequeño Lord Fauntleroy.

Niño vestido como el Pequeño Lord Fauntleroy.

Desde la últimas décadas del siglo XIX, la imagen del pequeño Lord Fauntleroy, protagonista infantil de una novela sentimental, obsesionó a los adultos norteamericanos, al punto de de reproducirla en sus hijos menos afortunados que el personaje de la ficción. Las madres, sobre todo, se empeñaban en concretar sus fantasías sobre niños bellos y elegantes, dejando de cortar los cabellos de sus hijos varones, en la esperanza de convertirlos en largos rizos similares a los del retrato de William Reynolds. Las víctimas de las fantasías maternales debían vestirse de terciopelo azul y lucir camisitas de seda con bordados y volados, hasta convertirse en caricaturas de la niñez de clase alta inglesa durante la época victoriana.

No pertenecer a la envidiada nobleza, tener conciencia de ello, sufrirlo como una humillación que no conviene mencionar en público, y sin embargo ser la madre afortunada de un joven miembro de la nobleza: he aquí el sueño diurno de miles de mujeres que aspiran a ser elevadas por sus hijos a una posición que solo disfrutan cuando logran evadirse del mundo real. ¿Qué no harían ellas por ser tan felices como han soñado? ¿Comenzarían vendiendo a sus hijos?

En el pasado, el golpe de suerte de una herencia recibida por un menor de edad, prometía el bienestar para el resto de la familia. En la actualidad, la fama y riqueza de los medios masivos cumplen el rol en la imaginación de millones de espectadores. Concursos de talentos, de belleza, de conocimientos, la publicidad audiovisual, reclutan a niños que deberían estar formándose en un ambiente más favorable a su crecimiento emocional.

copertoneCuando algunos de ellos sobreviven a las inauditas presiones que son habituales en la industria cultural, con la anuencia de los familiares, suelen mostrarse extraordinariamente críticos sobre la experiencia a la que fueron sometidos. Eso se ha visto en el caso de la actriz y directora de cine Jody Foster, que sufrió el privilegio de ser modelo de Coppertone durante la infancia o en el de la actriz Brooke Shields, convertida en símbolo sexual de los años `80, antes de haber llegado a la pubertad. Millones de adultos fantasean con los niños, a pesar de que se sentirían ofendidos, si se los obligara a reconocerlo.

Acerca de oscar garaycochea

Dramaturgo, guionista de cine, libretista de TV, docente especializado en dramaturgia audiovisual, blogger empecinado en aprovechar lo que le queda de vida en comunicarse.
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