SERVIDUMBRE INFANTIL

Protesta infantil contra esclavitud,

Protesta infantil contra esclavitud.

Utilizar a los niños para beneficiar a los adultos, aunque sea perjudicándolos, no acarrea demasiados riesgos para quien lo intenta. Los niños no suelen tener demasiada conciencia de sus derechos, que hasta no hace mucho no estaban estipulados. ¿Cómo defenderlos, si cuesta demostrar que se encuentran en riesgo? Aquellos que los explotan suelen presentarse como sus protectores. A comienzos del siglo XX, los movimientos abolicionistas de la servidumbre infantil adquirieron cierta relevancia. Había que rescatar a los niños que trabajaban en fábricas y minas, a las niñas enroladas tempranamente en la mendicidad y la prostitución.

Orphan Train.

Orphan Train.

Una iniciativa como el Orphan Train (Tren de los Huérfanos) de inspiración católica, que operó desde mediados del siglo XIX hasta el primer tercio del siglo XX, pretendía desplazar a la infancia sujeta a servidumbre, proveniente de las grandes ciudades norteamericanas, para darle una nueva residencia y un estilo de vida menos cruel en hogares campesinos donde se los acogía. ¿Acaso el Lejano Oeste no era mostrado como un territorio virgen, poblado por el esfuerzo de pioneros que representaban los valores de la cristiandad? Se calcula que fueron 250.000 los niños rescatados a lo largo de seis décadas.

De acuerdo a las investigaciones de la ONG Save the Children, a comienzos del siglo XXI hay unos cuarenta millones de niños que realizan desde muy jóvenes (seis años) trabajos domésticos en todo el planeta. De acuerdo a la visión optimista, se trata de aprendices a los que se suministran conocimientos que les permitirán desenvolverse en el mercado del trabajo remunerado cuando crezcan. Lo cierto es que reemplazan a trabajadores adultos y no reciben la pagan que debería corresponderles.

Una cuarta parte de esos jóvenes viven ocultos en las casas de sus patrones, y por lo tanto lejos de cualquier posibilidad de inspección respecto de las condiciones en las que realizan su trabajo. Ellos pueden ser explotados sin recibir paga, y sufren todo tipo de abusos (incluyendo sexuales). En países como la India, se calcula que el 90% de los hogares utilizan a sirvientes cuyas edades oscilan entre los 12 y 15 años.

Los niños trabajan también en puestos de comida callejeros, la construcción, la minería, la pirotecnia, los prostíbulos, recolección de basura… todas ellas rentables actividades donde los niños involucrados pueden recibir una paga aproximada de 15 a 20 dólares por mes. Solo en Brasil, se calcula que hay tres millones de niños que trabajan, a veces más de cuarenta horas semanales y reciben una paga promedio de 120 dólares. Un porcentaje mínimo consigue combinar el trabajo con el estudio.

Las restricciones al trabajo infantil son recientes (la Convención de los Derechos del Niño fue aprobada en 1959) y a pesar de la respetabilidad que le prestan las instituciones internacionales, a cada rato surgen evidencias de que resultan inoperantes. Países tan opuestos como Somalia y los EEUU no han reconocido ese acuerdo hasta la fecha.

Hay niños trabajando en las fábricas clandestinas de los países menos desarrollados, que se encargan de producir objetos consumidos en todo el planeta, porque se les paga sueldos miserables y se los trata como mano de obra informal, que puede desecharse sin aviso previo y reemplazada por otra más necesitada, cuando surgen resistencias a la explotación. Se ha denunciado que artículos de marcas reconocidas internacionalmente, son elaborados por trabajadores de estas características.

Tradicionalmente, la industria (el espectáculo) de la mendicidad controlada por adultos, emplea a los niños para conmover a los incautos que aceptan ser estafados.

Vio también a los que piden limosna en mercados o en las puertas de las iglesias, con achaque de padecer llagas, piernas quebradas, huesos desencajados, alferecías, los que amañan lepras, hacen llagas, hinchan una pierna, tullen un brazo, tiñen palidez en rostro, y otros desperfectos para fingir que no tienen fuerzas ni saluda para trabajar y a la buena gente mueven a compasión. (Juan Eslava Galán: El comedido Hidalgo)

José de Ribera: El Patizambo.

José de Ribera: El Patizambo.

Los pajes del Medioevo eran niños y adolescentes incorporados al servicio doméstico de la nobleza. Cuando crecían y habían recibido alguna educación, podían actuar como secretarios, que tomaban dictados y ejecutaban misiones de comunicación, pero también realizaban actividades bélicas. En épocas de paz, participaban en las ceremonias oficiales, con artefactos que recordaban su función en tiempos de guerra: cargaban las armas del rey (lanzas, hachas, espadas), formaban parte de guardias de honor. En otros casos, se encargaban del aseo de la persona a la que servían y mantenían adecuadamente los objetos que utilizaba esa persona.

Considerados como figuras ornamentales de las cortes, los niños eran equiparados con los enanos y animales domésticos, contrastaban sin competir con los adultos a quienes auxiliaban. Competían con negros (moros) y bufones (que fingían ser locos) o los animales exóticos. Todos cumplían parecidas funciones y recibían el mismo trato.

Mientras gozaban de la protección de los poderosos, ellos los vestían para demostrar su poder ante la sociedad, los alimentaban con las sobras, les daban alojamiento en las dependencias de sus palacios; en ciertos casos, los hacían retratar por los grandes pintores de la época (Tiziano, Ribera, Velásquez). Los criados se incorporaban muy jóvenes al servicio de una familia, que se encargaba de mantenerlos y concederles favores tales como ciertos niveles de educación formal, un apellido y la posibilidad de presenciar e imitar del comportamiento de las clases dirigentes.

PAJE: Sé enamorar las criadas / sé aplanchar, peinar al amo; / sé fregar, barrer, guisar / componer un estofado; / sé cuidar a las doncellas; / sé espumar de la olla el caldo; / sé comerme la comida / antes que la vea el amo. (Juan Ignacio Gonzáles del Castillo: El recibo del paje)

El secuestro de niños fue una práctica habitual en muchos pueblos, que procedían a venderlos como esclavos. Grandes potencias europeas como Inglaterra, España, Portugal y Holanda protegieron ese lucrativo negocio de esclavos africanos, mujeres y hombres adultos que floreció entre los siglos XVI y XIX. En muchos casos, los padres sacaban algún provecho de este comercio, al librarse de una boca que debían alimentar. Una vez alejados de sus familias y países de origen, resultaba fácil someter a estos niños esclavos a las condiciones de vida que planteaban sus propietarios.

Muchos niños esclavos nacían durante el cautiverio de adultos esclavos. En ciertos casos, eran hijos no reconocidos de los propietarios y su personal. Eran sumados a la fuerza de trabajo tan pronto como se encontraban en condiciones de ayudar a los adultos. A las mujeres esclavas se les prometía la libertad si llegaban a tener quince hijos. A los doce o trece años ellas comenzaban a procrear y al cumplir los veinte, lo más probable es que ya tuvieran cinco hijos, sin abandonar por ello sus tareas productivas.

A pesar de las denuncias del tráfico de niños que comenzaron a difundirse durante el siglo XVIII, la explotación de esclavos continúa hasta el siglo XXI.  Niños nigerianos comprados en la actualidad por 15 dólares, son vendidos posteriormente en Gabon por 300 dólares y pueden alcanzar hasta diez veces ese precio en Europa, donde se los usa para cobrar subsidios de padres sustitutos y se los utiliza en el servicio doméstico, como mano de obra en fábricas ilegales y alimentando la prostitución.

Durante la Revolución Industrial del siglo XIX, que es una época en la que se impone la educación universal, los niños se convirtieron en una fuerza de trabajo barata y especializada. A comienzos del siglo XXI, los menores de catorce años continúan siendo contratados como sirvientes por las familias adineradas. Los niños atienden comercios y trabajan jornadas de hasta diecisiete horas, a la par que los adultos.

Acerca de oscar garaycochea

Dramaturgo, guionista de cine, libretista de TV, docente especializado en dramaturgia audiovisual, blogger empecinado en aprovechar lo que le queda de vida en comunicarse.
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