TESTIMONIOS DE GUERRA ESCRITOS POR NIÑOS

Zlata Filipovic

Zlata Filipovic

Trato de concentrarme en hacer los deberes, pero no puedo. Algo está ocurriendo en la ciudad. Se pueden oír disparos desde las colinas. (…) Simplemente uno siente que algo va a suceder, algo muy malo. (Zlata Filipovic)

Si mi vida termina, ¿qué será de mi Diario? (Chaim Kaplan)

Suele pensarse en los niños como espectadores asombrados, con frecuencia aterrados, que presencian acontecimientos atroces y probablemente no los entienden, a pesar de sobran las evidencias de que han sido responsabilidad de los adultos, aquellos que hubieran debido protegerlos. Si estallan los conflictos sociales, los niños tendrían todo que perder y muy poco que ganar. Tampoco tendrían nada que hacer, excepto sufrir las consecuencias de un juego que no los toma en cuenta.

Cuando se narran las historias de esos niños, se les otorga habitualmente el rol de víctimas indefensas, casi siempre mudas, que se encuentran a la espera de la llegada de otros adultos, animados por las mejores intenciones, que los ayuden a superar su situación. La imagen de niños que reaccionan, comentan y juzgan el mundo de los adultos, a partir de una experiencia temprana pero indesmentible, goza de menor credibilidad.

I bambini ci guardano (Los niños nos miran) fue el título de uno de los primeros filmes de Vittorio de Sica, producido durante la Segunda Guerra Mundial, que elude mostrar ese conflicto y sin embargo define con suficiente precisión el enfrentamiento que se da entre el universo de los adultos y la presencia incómoda de los más jóvenes que observan y van a recordar el comportamiento de los adultos, por lo que tarde o temprano se convertirán en acusadores.

Piete Kuhr

Piete Kuhr

Elfriede Alice (Piete) Kuhr nació en Berlin, a comienzos del siglo XX. Era hija de una profesora de canto, que la estimuló para que escribiera un Diario. En él registró desde su perspectiva de adolescente, los acontecimientos de la Primera Guerra Mundial, que comenzó en 1914 y se prolongó por cinco años. Alemania fue uno de los países que perdieron la contienda y por eso quedó sumida en una crisis económica e institucional que desembocó en el ascenso de Adolf Hitler, quince años más tarde.

A partir de hoy [1/9/1914], Alemania está en guerra. Mi madre dice que yo debería escribir un Diario acerca de la guerra. Ella piensa que resultará interesante cuando yo sea grande. Eso es cierto. Cuando tenga cincuenta o sesenta años, lo que escribí de niña parecerá extraño. (…) Los Serbios la iniciaron. Austria-Hungría, Alemania, Serbia, Rusia y Francia se han sumado. No tenemos la menor idea de qué es una guerra. Hay banderas en todas las casas del pueblo, como si fuera un festival. (Piete Kuhr)

Nina Kosterina

Nina Kosterina

Nina Kosterina, hija de un periodista ruso, nació a comienzos de los años `20, cuando el régimen soviético se estaba implantando. Su infancia estuvo marcada por el ascenso de Stalin al poder y la consolidación de una burocracia omnipresente. El padre de Nina era comunista y ella se inscribe en la Organización Comunista Juvenil (Konsomol), cuando la Segunda Guerra Mundial parecía inevitable.

Quiero vivir. Parece una paradoja, pero es la verdad. Por eso voy al frente -porque la vida es alegría, porque quiero tanto vivir, trabajar, crear. Bien, entonces, estoy preparada. Quiero acción, quiero ir al frente. (Nina Kosterina)

Nina quería servir a su patria, dejó documentado en un diario escrito entre los 15 y los 20 años. En tiempos de paz, hubiera sido periodista. En tiempos de guerra, sus pocos años no eran una excusa para permanecer al margen. Se entrenó como soldado y murió en el frente de batalla, cuando estaba por cumplir veinte años.

Diario de Anne Frank

Diario de Anne Frank

La historia de Annelies (Anne) Frank es más conocida. Vivió solo 16 años y dejó un Diario que ha conmovido a millones de lectores, dio lugar a una adaptación teatral que se representó en todo el mundo, una ópera, varios filmes destinados al cine y la televisión, la instalación de un museo en la casa de Amsterdam donde se escondió con su familia, durante la Segunda Guerra Mundial, para librarse de la deportación de judíos que llevaban a cabo los invasores alemanes.

Nuestra vida transcurría llena de sobresaltos, pues nuestros parientes que no salieron de Alemania cayeron bajo el peso de la persecución desencadenada por las leyes de Hitler. Tras el pogrom de 1938, los hermanos de mamá huyeron a América. Nuestra abuela se refugió con nosotros [en Holanda]. Entonces tenía 73 años. Después de 1940 terminaron los buenos tiempos. Primero vino la guerra, luego la rendición, en seguida la entrada de los alemanes a Holanda. Y así comenzó la miseria. Un decreto dictatorial siguió a otro y los judíos se vieron especialmente afectados. Tuvieron que llevar una estrella amarilla en su vestimenta, entregar sus bicicletas y ya no podían viajar en tranvía, para no hablar de automóviles. Los judíos solo podían hacer compras entre 3 y 5 y de la tarde, y solo en tiendas judías. No se podía salir a la calle después de las 8 de la tarde y tampoco salir a los balcones o jardines después de esa hora. (Anne Frank)

El Diario (originalmente un libro de autógrafos) fue publicado en 1947 por su padre, el único sobreviviente de la familia, dos años después de la muerte de Anne en el campo de concentración de Bergen-Belsen. Lo escribió a partir del verano de 1942, cuando ella tenía 13 años y la familia se escondió en el altillo de un edificio que había sido el de las oficinas del padre. Las últimas entradas corresponden al verano de 1944, momento en que son denunciados y apresados.

Inge Pollak, nacida en Viena, debió refugiarse en Inglaterra, para eludir la persecución a los judíos ordenada por Hitler. Sus padres la enviaron lejos de su patria, pocos días antes de que comenzara la Segunda Guerra Mundial, junto a otros niños de la comunidad judía, en lo que se denominó Kindertransport. Se calcula que fueron 10.000 los niños de cinco a diecisiete años que salieron de Austria. Inge y su hermana Liselotte llegaron a Cornwal, donde un abogado y su esposa las acogieron y se comprometieron a criarlas hasta que fueran mayores de edad. Los menos afortunados, hallaron refugio en orfanatos. Muchas de las familias de las que estos niños se habían separado, fueron exterminadas en los campos de concentración. Ese fue el destino de la madre y la abuela de Inge. El padre consiguió huir. Después de la guerra, Inge publicó el Diario que había llevado como My Darling Diary.

No creo que pueda soportar esta nostalgia mucho más tiempo. Cuando muera, quiero que escriban en mi tumba: Aquí yace una niña que pereció miserablemente de nostalgia. (Inge Pollak: My Darling Diary)

Diario de Rudashevski

Diario de Rudashevski

Yitzchak Rudashevski nació en Lituania, en el seno de una familia judía, de militantes comunistas. El padre trabajaba en una editorial. La invasión de los alemanes en 1941 obligó a los judíos a encerrarse en ghettos urbanos, soportando atroces condiciones de alimentación e higiene. Miles fueron asesinados durante los tres años que duró la ocupación. Yitzchak escribió su diario entre los 12 y 16 años, mientras esperaba que el Ejército Rojo llegara para salvarlos de la muerte. En el verano de 1943, los alemanes decidieron liquidar el ghetto. La familia de Yitskhok tomó la iniciativa de huir hacia los bosques, pero fueron capturados durante el otoño. Solo sobrevivió una prima, que después de la guerra descubrió el cuaderno de Yitzchak.

Lo siento como un insulto, como una herida está quemándome por dentro. Esta es la puerta del ghetto. Siento que fui robado, mi libertad me fue arrebatada, mi hogar, las calles de Vilma que me son familiares y amo tanto. Me han arrebatado todo lo que amo y es precioso para mí. (Yitzchak Rudashevski)

A veces, los diarios parecen triviales, a pesar de que las circunstancias en las que son escritos resultan excepcionales. Dan la impresión de que trataran de poner a distancia el horror, para mantener la calma mientras sea posible, para evitar que la situación empeore. Moshe Flinker, nacido en Holanda y muerto en el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau, a los 16 años, inicia un Diario en el exilio de Bélgica, adonde ha llegado con su familia, esperando escapar de la represión nazi.

Ya hace tiempo que me propongo registrar todas las noches lo que estuve haciendo durante el día. Pero por distintas razones, hasta ahora no había podido hacer. Primero, quisiera explicar por qué lo hago y debo comenzar por poner en claro por qué llegué aquí, a Bruselas. Nací en La Haya, la ciudad de la reina, fui a la escuela primaria y luego a un colegio comercial donde estudié solo dos años. (Moshe Flinker)

Eva Heyman

Eva Heyman

En Hungría, Eva Heyman, de 13 años, durante la primavera de 1944, no esconde el horror ni su determinación de sobrevivir.

Querido diario: No quiero morir. Quiero vivir, aunque yo sea la única persona que quede aquí. Esperaría el fin de la guerra en algún tejado o en el sótano o en algún otro escondite (…) con tal que no me maten, que me dejen vivir. (…) No puedo escribir más, querido diario, me saltan las lágrimas. (Eva Heyman)

Eva y sus abuelos fueron apresados poco después por los nazis y murieron en el campo de Auschwitz-Birkenau, cuando no faltaba mucho para que la guerra terminara.

Zlata Filipovic había nacido en Yugoslavia, una nación multiétnica que formaba parte del bloque de países socialistas, desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Cuando la Unión Soviética se desmembró en 1990 y los países de su órbita se reorganizaron, Yugoslavia se dispersó, mientras estallaba una serie de reclamos de autonomía y conflictos étnicos, entre aquellos que hasta poco antes habían convivido en orden. Una guerra cruel, que deja 150.000 muertos y 20.000 mujeres violadas, como parte de una política sistemática de destrucción étnica.

Estaba casi segura de que la guerra terminaría, pero hoy… Hoy ha caído una bomba en el parque, delante de mi casa, el parque donde iba a jugar con mis amigas. Hubo muchos heridos. (..) Selma ha perdido un riñón, pero no sé cómo se encuentra, porque todavía está en el Hospital. Y NINA HA MUERTO. Un trozo de metralla se le incrustó en el cerebro y murió. Era una niña tan dulce, tan encantadora. Fuimos juntas a la guardería y jugábamos juntas en el parque. (Zlata Filipovic)

La UNICEF buscaba en 1993 testimonios infantiles sobre la guerra. El hallazgo del Diario de Zlata, escrito cuando ella tenía entre 11 y 13 años, le otorgó una notoriedad inesperada, la publicación del texto en treinta idiomas distintos y la posibilidad de que ella y familia pudieran refugiarse en Francia. Zlata debió juntar todas sus pertenencias en una maleta. Incluyó libros, bolígrafos, gomas de borrar, un oso de peluche.

Es de locos. ¡Pudimos escapar gracias a un Diario! Yo solo di mi cuaderno a una profesora que nos lo pidió porque la UNICEF estaba buscando diarios de los niños en guerra. Como el mío había cientos, pero escogiere ese y pudimos salir. ¿Por qué yo y no otra niña que conocíamos, por ejemplo, que estaba herida y además perdió a sus padres? Al principio me costó vivir con esa sensación de culpa, pero era inútil y preferí hacer algo práctico, como hablar de la guerra para convertirme en la voz de los niños que no pudieron salir. (Zlata Filipovic)

Acerca de oscar garaycochea

Dramaturgo, guionista de cine, libretista de TV, docente especializado en dramaturgia audiovisual, blogger empecinado en aprovechar lo que le queda de vida en comunicarse.
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