LOS JUEGOS Y EL MUNDO IMAGINARIO DE LAS NIÑAS

Ronda infantil

Juegos de niñas

Arroz con leche / me quiero casar / con una señorita de la Capital / que sepa coser, que sepa bordar / que sepa abrir la puerta para ir a pasear. / Con ésta sí, con ésta no, / con esta señorita me caso yo. (Anónimo: Arroz con Leche)

La infancia dedica gran parte de su vida a juegos y pasatiempos. No suele esperarse de ella que produzca nada útil en esa etapa tan breve, ni que se comprometa en actitudes trascendentes. Por lo tanto, los juegos serían insignificantes, aunque algunos de ellos despierten la inquietud de los adultos, como aquellos entre el Mñedico y su paciente, que incluye tempranas exploraciones sexuales. Rondas y otros juegos grupales convocaban tradicionalmente a las niñas, que jugaban entre ellas, hasta no hace más de una generación, según algunos con el objeto de protegerlas del contacto con los variones agresivos, según otros para mantenerlas marginadas.  

-Buenos días, su Señoría / Mantantirurirulá./ -¿Qué quería su Señoría / Mantantirurirulá. / -Yo quería una de sus hijas / Mantantirurirulá. / -¿Cuál de ellas a usted le agrada / Mantantirurirulá. / -A mí me gusta la Inesita / Mantantirurirulá. / -¿Y qué le oficio le pondremos / Mantantirurirulá. / -La pondremos de barrendera / Mantantirurirulá. / -Ese oficio no le agrada / Mantantirurirulá. (Anónimo: Buenos días su Señoría)

Una niña enfrentaba a un grupo (de otras niñas, lo más probable) cantando los versos anteriores en forma alternada, mientras ejecutaban movimientos de avance y retroceso en el mismo sitio. Desarrollaban de ese modo un diálogo repetitivo, rítmico, en el que figuraban palabras que desde hace varias generaciones nadie usa y otras que no pasaban de ser una fantasía evocadora de las relaciones de los adultos en el mundo real, donde los padres entregaban a sus hijos como sirvientes de otros, para cumplir funciones desagradables (rechazadas inicialmente), hasta coincidir en algún oficio aceptable. En ese momento, una de las niñas del grupo era entregada a quien lo solicitaba y el canto se reiniciaba, para negociar la entrega de otra de las hijas, hasta que el grupo inicial quedaba reducido a una sola niña y entonces el diálogo se invertía.

Ronda infantil

Ronda infantil

En otro par de generaciones, gracias a la difusión de los Derechos de los Niños y los reclamos del mercado, había cambiado radicalmente la perspectiva de los adultos sobre la infancia. Dados los peligros considerables que acechan en el espacio público (la imagen de los pedófilos que no descansan, se ha incorporado al imaginario de la modernidad, gracias a la difusión que les concede la prensa), los juegos colectivos se encuentran en retirada. Pueden escenificarse en las escuelas, pero alló ni hay demasiado tiempo, ni puede obviarse la planificación de los docentes, que destruye gran parte del placer de jugar por decisión propia.

En lugar de grupos de niñas que encaran la complejidad del mundo de los adultos formando un grupo, compartiendo las mismas estrategias, se tiene hoy a una serie de  consumidores infantiles, aislados ante el mensaje emitido por  los medios masivos, temerosos de la respuesta que pueden hallar durante el diálogo con sus pares. La supresión del juego colectiva no es una pérdida menor.

La hipótesis de una relación inversa entre juego y rito es en realidad menos arbitraria de lo que podría parecer a primera vista. (…) Los estudiosos saben que las esferas del juego y de lo sagrado están estrechamente ligadas. Numerosas (…) investigaciones muestran que el origen de la mayoría de los juegos que conocemos se halla en antiguas ceremonias sagradas, en danzas, luchas rituales y prácticas adivinatorias. Así, en el juego de la pelota podemos discernir las huellas de la representación ritual de un mito en el cual los dioses luchaban por la posesión del sol; la ronda era un antiguo rito matrimonial; los juegos de azar derivan de prácticas adivinatorias; el trompo y el damero eran instrumentos adivinatorios. (Giorgio Agamben: Infancia e Historia)

La captura y establecimiento de parejas heterosexuales, era el tema recurrente de las rondas infantiles. Algunas veces el tema se delataba en las letras, otras en la gestualidad. El mundo evocado por las rondas, no era demasiado actual. En ciertos casos, mimaba el desempeño de los adultos de un par de siglos antes, en el ámbito de la vida cortesana, tan distante de la realidad de un barrio de mediados del siglo XX.

Me arrodillo a los pies de mi amante, / Me levanto constante, constante. / Darás un paso atrás, harás una reverencia. / Dame una mano, dame la otra, / Dame un besito, sobre la boca. (Anónimo: La Pájara Pinta)

Son comportamientos que se encuentran codificados, que pueden ser controlados por aquellos que los  realizan y aquellos que los objservan y fiscalizan. La espontaneidad no tiene mucho que hacer en este repertorio de gestos. ¿Otorga eso más seguridad a los seres humanos, que gracias al juego aprenden a comportarse? Cuesta creerlo. El mundo del juego y el mundo real corren paralelos, tocándose pocas veces.

En Martín Pescador, los modales cortesanos se encuentran ausentes. Se trata de mimar las relaciones más crudas entre los sexos, en las que los hombres atrapan a las mujeres y las convierten en sus presas, ante la indiferencia de los testigos. Nada podría ser más normal. Como se trata de textos cantados por niñas, el cambio de género de los hablantes puede desconcertar al principio. En un momento hablan las mujeres, pero a continuación responden los hombres.

-Martín Pescador, ¿me dejará pasar? / -Pasará, pasará, pero la última se quedará. (Anónimo: Martín Pescador)

Al jugar a la Mancha, se expresaba el horror femenino al contacto físico con el hombre (el Lobo, modelado de acuerdo al antagonista de Caperucita Roja, que se preparaba cuidadosamente para salir de cacería de mujeres, tras un strip tease invertido). El Lobo es más peligroso vestido como un ser humano, que al natural, exhibiéndose como la bestia que todos reconocen de lejos.

-Juguemos en el bosque. / Mientras el Lobo no está. / -¿Lobo está? / -Me estoy poniendo los pantalones [los zapatos, la camisa, etc.] (Anónimo: Juguemos en el bosque)

El hombre llegaba a la escena femenina para perseguir al tropel de niñas, que en unos casos quedaban inmovilizadas al ser tocadas o “manchadas” en la parte que hubiera experimentado el contacto. El mensaje implícito no llega a la expresión verbal, pero no deja ninguna duda. Las mujeres no pueden defenderse, los agresores masculinos pueden optar entre la cacería salvaje del Lobo o el Martín Pescador, y la cacería civilizada de La Pájara Pinta.

En las viejas rondas, las niñas formaban un círculo, de donde emergía una solista que utilizaba el interior del grupo (un ámbito protector establecido por sus iguales) para exhibirse al mundo, sin correr los riesgos a los que estaba expuesta una mujer sola, que intentara hacer lo mismo.

Déjenla sola, solita y sola ( Que la quiero ver bailar, ( Saltar y brincar, / Y moverse con mucho donaire. (Anónimo: Yo la quiero ver bailar)

Las niñas jugaban esos juegos inocentes en la calle, con otras amigas del barrio, después de haberlo aprendido de sus mayores. El rol que se le concedía en esas actividades lúdicos a las mujeres, era el de candidatas al matrimonio. Podía permitírseles que circularan por la calle y mostraran sus encantos, una liberalidad que la sociedad tradicional hubiera negado tajantemente, siempre y cuando fuera para ofrecerse en matrimonio. La figura del hombre que  asistía a ese despliegue de mujeres disponibles, no estaba ausente del mundo imaginario de las rondas. El hombre aludido era quien observaba y  evaluaba a las candidatas, desechaba la mayoría y se quedaba con una, podría suponerse que anunciándole su fidelidad, pero sin pedirle su opinión, como en el caso del Arroz con leche. De acuerdo a la versión que circulaba en Argentina:

-Yo soy la viudita, del conde Laurel. / Me quiero casar y no sé con quién. / -Con esta sí, con esta no, / Con esta señorita, me caso yo. (Anónimo: Yo soy la viudita)

En la versión mexicana, hay más información sobre el estilo de comunicación tradicional entre hombres y mujeres que buscan pareja y no coinciden fácilmente, dadas las restricciones que la sociedad plantea:

El mozo del cura me mandó un papel, / Me mandó a decir que me case con él,  / Y yo le contesto con otro papel / Que quiero ser monja de Santa Isabel. / Mi madre lo supo y de palos me dio / ¡Malhaya sea el hombre que me enamoró! (Anónimo: Yo soy la viudita)

En ocasiones, las niñas jugaban a las estatuas, una actividad a la que Julio Cortázar dedicó un cuento que descubre lo siniestro debajo de lo trivial. Los juegos revelaban (comunicaban) una visión del mundo que se anunciaba sin embargo como algo irrelevante y de ese modo no suscitaba rechazos. La rayuela convertía la visión dualista del universo, del Infierno al Paraíso, en un desafío físico de saltos que hacían volar las faldas de las niñas que jugaban, mientras abrían y cerraban las piernas (un gesto que desde la visión del filme Viridiana de Luis Buñuel, ha quedado desprovisto de toda inocencia).

A pesar de la declarada intrascendencia de los juegos infantiles, circulaba entre ellos una perspectiva homogénea de los roles que la sociedad tradicional atribuía a hombres y mujeres. Ellas eran presentadas siempre como el objeto fundamental de la actividad masculina. Ellos las seleccionaban (y atrapaban) o desechaban como sus posibles parejas, mientras ellas huían para aumentar el interés de sus captores o se ofrecían en matrimonio. La posibilidad de que existieran mujeres que pactaran su relación con los hombres o que les impusieran sus demandas personales, no figuraba en los juegos, por lo que estos pueden ser entendidos como una forma de aleccionamiento infantil, cuyo poder de convicción aumentaba al mostrarse como pasatiempo.

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Hoy el juego es más individual. Pero el juego en equipo es clave para aprender a escuchar, a compartir y a aprender a esperar. (Trinidad Goycolea)

Hoy el juego de socialización es para muchos niños es estar en Facebook, pero no conversar directamente con los amigos. (Hernán Sepúlveda)

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Acerca de oscar garaycochea

Dramaturgo, guionista de cine, libretista de TV, docente especializado en dramaturgia audiovisual, blogger empecinado en aprovechar lo que le queda de vida en comunicarse.
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