NIÑOS SUICIDAS

Duele pensar en un ser humano que decide quitarse la vida. Conmueve la situación de aquellos que lo intentaron, lo mismo da si fracasan o consiguen su objetiv0. ¿Cuánto dolor no compartido los conduce a esa decisión, cuánta desesperanza los lleva a preferir la muerte a una vida sobrellevada en condiciones quese consideran inaceptables? Si en los adultos un gesto como ese pone fin a lo que suele ser una prolongada historia de humillaciones y proyectos fallidos, que termina por liquidar cualquier argumento racional, en un joven resulta menos justificable. ¿Por qué se apuesta por la huida definitiva de los conflictos, en lugar de enfrentarlos y resolverlos, aunque solo sea para apostar a que los conflictos pasen?

En los EEUU, el suicidio es en la actualidad la cuarta causa de muerte entre los niños de 10 a 14 años y la tercera entre mayores de 15. Los suicidios infantiles no suelen quedar registrados como tales en las estadísticas. El tema perturba demasiado a quienes se empeñan en presentar a la infancia como una etapa privilegiada de la existencia humana, por la falta de conflictos.

¿Acaso la muerte no es una noción difusa en los niños que tienen menos de ocho años? Pueden haber presenciado miles de muertes espectaculares en los videojuegos y la televisión, desde que tienen memoria, pero eso no otorga mayor experiencia sobre la vida y la muerte. Tampoco los tradicionales cuentos de hadas los preparan mejor. Allí están las historias de la Bella Durmiente o Blanca Nieves, para sugerir que la muerte es reversible, apenas un sueño, del que se despierta a una felicidad perfecta. Dragon Ball, la serie de dibujos animados de la televisión, muestra que hasta los muertos resucitan, gracias a las bolas de poder. ¿Por qué tomar en serio, entonces, que convenga evitar la muerte?

Que un niño se mate, no en medio de un accidente, ni por error, ni ofuscación, sino después de haber meditado cuidadosamente las ventajas y desventajas de estar vivo, se revela como una idea inaceptable para los adultos. Eso le otorga su lucidez y crueldad a Edmund, el protagonista infantil de Germania anno zero, un filme de 1948 de Roberto Rossellini. Tras la derrota de su país en la Segunda Guerra Mundial, Edmund vive entre las ruinas, asiste a la incapacidad física de su padre y la prostitución de su hermana. Para ayudar a la familia, envenena al padre. Muy tarde advierte la responsabilidad de su acto y se mata. De acuerdo a la opinión generalizada, si no se le reconoce a alguien madurez suficiente para organizar su vida, ¿por qué habría de aceptarse que decida morir?

Los niños no suelen expresar de manera articulada sus problemas y si lo hacen, ¿quién los toma en cuenta? ¿Acaso hay tanto dolor en una mente que todavía se está formando? Hay que esperar las evidencias de muertes de adolescentes, para que la situación comience a ser observada con la atención que merece.

Si se prestara atención a síntomas tales como la soledad, los problemas escolares,  la  pérdida de apetito, los trastornos de sueño, la abulia, la adicción a drogas, las dificultades para concentrarse, la enuresis, el exceso de preocupación por la higiene, los juicios reiteradamente adversos sobre sí mismos, no se estarían detectando circunstancias normales en cualquier joven, de los cuales no tiene mayor importancia preocuparse, sino pistas que obligan a investigar qué está pasando.

¿Qué pasa cuando los padres mismos se encuentran enfermos? Crecer con adultos depresivos o adictos se ha vuelto una situación cada vez más frecuente en la actualidad. Si ellos no pueden controlar sus vidas, ¿cómo esperar que ayuden a sus hijos? Más aún, ¿qué carga intolerable ponen estos adultos sobre las espaldas de los jóvenes que deben auxiliarlos a ellos? Sobreprotegidos o abandonados, crecen en un mundo que no llegan a entender en su complejidad, pero de todos modos perciben como amenazante.

Los cambios hormonales que tanto desconciertan a los chicos que llegan a la pubertad, el aumento de las responsabilidades escolares, la conciencia de pertenecer a alguna minoría, la incapacidad para tolerar la frustración, el nuevo aislamiento favorecido por los nuevos medios de comunicación, son algunas de las principales causas de pensamientos suicidas de niños y adolescentes.

Joel Morales, de 12 años, hijo de portorriqueños, se cuelga en el 2012 en la casa de su familia, porque no tolera el bullying al que lo someten sus compañeros de escuela, por ser de baja estatura… y huérfano. La carta dejada por una niña de 13 años que se ahorcó en Puebla (México) reúne lo trivial y lo definitivo, en una combinación temible.

Cómo pude llegar a ser una persona mala, yo sólo quería ser una persona normal, que no pasara ningún mal, pero lo tengo que hacer. Me han abandonado todos los que quería, me quitaron mi vida y mi celular, en mi futuro ya no queda nada, no hay vivirla, lo siento. (Karla N.)

Chunchi, un pueblito ecuatoriano, tiene en triste privilegio de contar con más de 60 niños muertos a lo largo de un quinquenio, por haber ingerido veneno para liquidar las ratas, disolvente de pinturas, pólvora de petardos o ahorcándose. Algunos lo han intentado más de una vez. En Ayacucho, Nelson Canales Yupanqui, de 11 años, excluido por sus compañeros del grupo que iba a tomar la Primera Comunión por no tener el dinero que se le exigía, decidió eliminarse con raticida.

En Rosario de la Frontera, ciudad del norte argentino, en tres meses del 2010 se sucedieron las muertes de siete adolescentes que practicaban choking game, una actividad importada de los EEUU y Canadá, que se difundió gracias a Internet y consiste en ahorcarse mediante una corbata o bufanda, en busca de experiencias fuertes, cuyo riesgos subestiman, para que después de perder la conciencia, los compañeros de juego lo reanimen. Algunas veces la experiencia no deja consecuencias, pero también es posible que los daños neurológicos sean considerables. Otras, especialmente cuando los jóvenes lo intentan solos, con el objeto de grabar el juego con un celular, para difundirlo por You Tube, la muerte los atrapa.

Durante los últimos años han alcanzado cierta notoriedad las muertes de adolescentes que fueron víctimas del bullying escolar, cuando hubieran debido ser protegidas por autoridades que no percibieron nada alarmante, o de percibirlo no le asignaron ninguna importancia. Las historias de las jóvenes norteamericanas Felicia García y Amanda Todd, ambas de 15 años, que decidieron matarse para escapar de la hostilidad manifestada por la difusión de videos donde aparecían involucradas en actividades sexuales con compañeros de estudio

Algo parecido sucede por la misma época en Irlanda, con las muertes de Ciaria Pigsley, de 15 años y Ema Galaghan de 13. La combinación de temprana promiscuidad sexual, videos de aficionados e Internet, crea situaciones insostenibles para las adolescentes. Por un lado, la sociedad se ha vuelto más permisiva, al punto que ellas han aceptado participar en juegos que les resultan divertidos, mientras que por el otro la difusión masiva de imágenes de sus juegos las expone al escarnio público.

Los adultos pedófilos rondan los chats y perfiles de Facebook, en busca de niños y adolescentes que acepten dialogar con ellos, hábiles en simular identidades juveniles, para que entren en confianza, los consideren sus amigos y acepten el intercambio de imágenes comprometedoras que conducirá a la extorsión y concesión de favores sexuales (grooming).

Ellos no sienten el peligro de las nuevas tecnologías, porque nacieron con ellas (…). Pero lo que al principio resulta una diversión, como el sexting, puede llegar a la humillación y el arrepentimiento por la pérdida de la intimidad, un sentimiento que los puede acompañar por años. (…) Los adolescentes no perciben la diferencia entre lo que es público y lo que es privado. Todo lo que hacen por la web o por el celular, creen que no pertenece a sus actividades reales. (Sergio Balardini)

Acosar a alguien que es débil, nunca había sido tan cómodo como en la actualidad, cuando es posible intentarlo a distancia y quedar libre de responsabilidad, gracias al conocimiento de la tecnología de las comunicaciones. Allí donde antes se empleaba el rumor y las cartas anónimas, que requieren su tiempo para circular, ahora se distribuyen mensajes de texto y/o fotografías de contenido sexual, que llegan de manera instantánea, gracias a los teléfonos celulares. Lo más curioso es que el mismo medio sea utilizado para difundir imágenes comprometedoras de sí mismos, por niños y adolescentes que se creen seguros cuando se comunican con sus amigos o parejas.

Es doloroso el despertar de estos incautos, para descubrir que confiaron en destinatarios que no eran fieles y proceden a extorsionarlos o maltratarlos con la difusión de un material gráfico que ellos no planeaban exponer ante nadie más, porque las viejas discriminaciones morales de la sociedad continúan vigentes.

El discurso tolerante respecto de la diversidad de opciones sexuales, puede haber sido reconocido por las leyes, pero no corresponde a una visión aceptada por todo el mundo. Quizás en la actualidad no se corra el riesgo de ir a la cárcel o recibir un castigo físico, pero la condena social permanece. El estudiante Tyler Clements, de 18 años, decidió matarse después de enterarse de que su compañero de cuarto había dejado una cámara oculta en su habitación, que registraba sus encuentros sexuales con otro varón y había llegado a difundirlos en directo por You Tube. Un comportamiento que reservaba para la estricta intimidad, había pasado a ser del dominio público. La muerte le resultaba menos penosa que afrontar las burlas de conocidos y desconocidos.

Alguien todavía más joven, Carl Joseph Walter Hoover, de 11 años, acusado por sus compañeros de colegio de una orientación sexual que ellos le atribuyeron, sobre la cual no tenían pruebas, prefirió ahorcarse, ante la indiferencia de los maestros que conocían la existencia del acoso y lo evaluaron como una broma de niños, sin suficiente importancia para detener a quienes lo organizaban.

Las jóvenes lesbianas Walsh Seth y Asher Brown, de 13 años, o Billy Lucas y Justin Aaberg de 15, cada una por su lado, optaron por matarse tras haber sido expuestas a escarnio por su modo de vida. Mientras la cultura tradicional no escatimaba advertencias dirigidas a quienes se atrevieran a desafiar sus normas, la modernidad se presta a los más penosos equívocos. Promete, pero finalmente no otorga, una libertad de oportunidades que antes se presentaba como algo repulsivo o inalcanzable. De nuevo, los incautos confunden al discurso con la realidad y despiertan a.una decepción que les hace preferir la muerte.

Acerca de oscar garaycochea

Dramaturgo, guionista de cine, libretista de TV, docente especializado en dramaturgia audiovisual, blogger empecinado en aprovechar lo que le queda de vida en comunicarse.
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Una respuesta a NIÑOS SUICIDAS

  1. Laura dijo:

    Muy bueno este artículo y lo que menciona en relación al tema del suicidio, en el caso cuando se da en niños cuesta aún más entenderlo o genera muchas preguntas en relación al porque de esa situación o que lo llevó a eso, pero son temas que encierran una gran problemática a tener en cuenta, les dejo esto http://jorgeguldenzoph.com/fenomenos-sociales/ninos-y-jovenes-uruguayos-sufren-y-se-suicidan/ que trata sobre el tema y que explica lo que sucede en algunos países, es bueno leer otros textos jorgeguldenzoph.com de otras cuestiones de la actualidad que tienen cierta relación.

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