NIÑOS DIVIDIDOS ENTRE IDEOLOGÍAS OPUESTAS

Bautismo católico

Bautismo católico

A los niños no se les pregunta si quieren pertenecer a un culto religioso u otro. Sus padres los bautizan, los circuncidan o someten a un baño ritual, sin pedirles su opinión (porque a temprana edad no se encuentran en condiciones de articular ningún discurso al respecto) con el objeto de incorporarlos a la comunidad de creyentes en la que ellos participan. Al hacerlo, no se ven a sí mismos como responsables de ningún abuso de poder. ¿Qué sería de esos niños –piensan- si crecieran al margen del grupo? Los discriminarían, serían perseguidos, sufrirían inconvenientes por el resto de sus vidas.

Las autoridades civiles han demostrado que obligar a los niños es un proceder justo, cuando exigen que las familias los inscriban en los registros de nacimiento, los lleven al médico que los atemoriza y los envíen a las escuelas tediosas, desoyendo los deseos infantiles al respecto. Cuando los adultos toman una decisión respecto de los niños, lo más prudente para ellos es dejar de resistirse.
Cuando un niño queda involucrado en la disputa entre dos religiones, lo más probable es que se lo disputen como un objeto valioso. En el Milagro del judezno, que forma parte del poema Los Milagros de Nuestra Señora, escrito durante el siglo XIII por Gonzalo de Berceo, se cuenta la historia de un niño judío que decide comulgar el domingo de Pascua. Esto molesta tanto a su padre, que lo arroja al horno en llamas, a pesar de lo cual la intervención de la Virgen María lo salva, mientras el padre muere quemado por los vecinos, que se toman justicia por sus manos.
La ingenuidad de la anécdota no impide reconocer los prejuicios antisemitas del Medioevo cristiano, que se habían manifestado desde el siglo XII, en la obligación de vivir en barrios separados de los cristianos, el uso de ropa que los identificaba y un brazalete rojo o amarillo cosido a las ropas. Los cargos oficiales estaban prohibidos a los judíos. Tampoco les estaba permitido casarse con cristianas o tener empleadas domésticas de ese credo. Solo había una religión que pudiera ser considerada verdadera y todo lo que condujera a ella se justificaba.

Edgardo Mortara Levi

Edgardo Mortara Levi

Medio milenio más tarde, Edgardo Mortara Levi nació en el seno de una familia judía, en Bolonia, que en ese momento, mediados del siglo XIX, formaba parte de los Estados Pontificios, controlados por la Iglesia Católica. Fue circuncidado al octavo día de su nacimiento, como establece la tradición establecida por Moisés y criado como judío por sus padres, Momolo y Marianna. La colonia judía se había afincado en lo que hoy es Italia desde la Antigüedad, cuando Palestina cayó en poder de los romanos. Fueron expulsados de las grandes ciudades o limitados a barrios estrechos, donde en los que debían encerrarse de noche y apenas se les permitía comerciar objetos usados. En Bolonia, los judíos gozaban de mayores libertades, pero no tenían rabinos ni sinagogas.

Mortara Levi entre y su familia

Mortara Levi y su familia

A los seis años Edgardo fue apartado de sus padres y hermanos por los representantes de la Inquisición. Las razones que se aducían eran contundentes. Cuando el niño tenía menos de un año, cayó enfermo y la criada de la familia, una joven cristiana llamada Annina Morisi, habría decidido bautizarlo por su cuenta, utilizando agua común, a espaldas de sus patrones, para evitar que muriera sin conocer el Paraíso. El hecho fue puesto en conocimiento de algunos vecinos, que eran católicos como ella.
De acuerdo a santo Tomás, creer depende de la voluntad. Por esa razón, el sacerdote encargado del bautismo tiene que preguntar “¿Quieres ser bautizado?” y debe recibir una respuesta afirmativa, si no del niño, que probablemente sea incapaz de entender lo que se le dice, al menos de los adultos que se responsabilizan. En el caso de Mortara, todo eso fue obviado por el peligro de muerte al que habría estado sometido. Una persona ajena, menor de edad, se abrogó el privilegio de oponerse a la voluntad de los padres y la evidencia de la circuncisión.
La historia del bautismo in extremis (verdadera o inventada) llegó cinco años más tarde a oídos de Monseñor Feletti, que creyó necesario comunicarlo al Arzobispo Michele Vitale Pretá. El niño era técnicamente cristiano. Por eso fue conducido a Roma, donde lo educaron como cristiano en la Casa de los Catecúmenos.
Los padres no se resignaron a la situación. Obtuvieron una audiencia del Papa Pío IX (responsable de innovaciones tales como el dogma de la infalibilidad del Papa y el de la Inmaculada Concepción). El Pontífice y su Secretario de Estado los recibieron, pero no atendieron sus razones. Permitieron que vieran al niño, a quien le habían cambiado el nombre y fue conocido en adelante como Pío Edgardo. El encuentro ocurrió en el Seminario donde el niño estudiaba. No sucedió en privado, sino delante de su consejero espiritual. Muchos años más tarde, el evocó en su momento en su testimonio al proceso de beatificación de Pío IX:

Habiendo ayudado la Misa en Alatri (…) cuando volvía a la sacristía con el sacerdote, de repente se presentaron mis padres en la puerta. En lugar de echarme en sus brazos, como hubiera sido lo más natural, sorprendido me escapé y refugié bajo la casulla del sacerdote. (Pío Edgardo Mortara)

Algo había sucedido en el niño desde la forzada separación de su familia. En el siglo XX se acuñó el término “lavado de cerebro” para aludir a los procesos de reacondicionamiento mental que se aplicaron en diversos sistemas totalitarios para liquidar a opositores, y también como tratamiento extremo para modificar
Gracias a la prensa, el caso de Mortara ganó notoriedad, convirtiéndose para algunos en demostración de los abusos del Vaticano, entonces un Estado que separaba a Italia y era sostenido por la presencia de los ejércitos austríacos y franceses. Se estrenaron piezas teatrales que reconstruían la historia de Mortara. Influyentes figuras de la época, como el Duque de Saboya y futuro Rey de Italia, Napoleón III de Francia, el Emperador Francisco José de Austria, Camilo Cavour, ideólogo de la reunificación de Italia, el banquero James Rotschild, judío y prestamista del Papa, opinaron sobre el tema, sin conseguir que las jerarquías de la Iglesia modificaran sus puntos de vista.
En la prensa católica se narró que en el momento del bautismo, el niño había experimentado una mejoría milagrosa, una situación que confirmaba la intensidad de sus deseos de entregarse a la nueva fe.
Convertido en personaje célebre, a los diecinueve años Mortara fue enviado a Austria para que se formara como sacerdote. Luego se dedicó a la enseñanza y la prédica de la doctrina católica. Solo volvió a ver a sus padres dos veces, fuera de Italia, en Perpignan y Paris, veinte años más tarde.
Durante la Segunda Guerra Mundial, mientras los judíos eran perseguidos y exterminados, hubo niños de esa comunidad que fueron bautizados y entregados a familias o instituciones católicas, en un intento de otorgarles inmunidad. El Papa Pío XII ordenó al nuncio en Francia que no los devolviera a sus padres. El Nuncio y futuro Papa Juan XXIII, Angelo Roncalli, desobedeció las órdenes de sus superiores.

Hans Steinhoff: Hitlerjunge Quex

Hans Steinhoff: Hitlerjunge Quex

La producción del filme alemán de Hans Steinhof, titulado Hitlerjunge Quex, de 1933, apenas instalado en el poder el régimen de Adolf Hitler, se proponía mostrar el martirio y la muerte de un niño nazi, víctima de los golpes que le propina su padre, un hombre promiscuo, alcohólico y comunista. Un par de años más tarde, en la URSS, el director Sergei Eisenstein recibió el encargo de realizar Bezhin Lug, otro filme que utilizaba la misma situación de un padre defensor del viejo orden, que se convertía en asesino del hijo progresista (solo que con otras ideologías igualmente inconciliables).

Sergei Eisenstein: Bezhin Lug

Sergei Eisenstein: Bezhin Lug

Mientras que en un caso los nazis son presentados como los personajes virtuosos y los comunistas aparecen como sus adversarios crueles y viciosos, en el otro los comunistas son los virtuosos y sus antagonistas los enemigos de la colectivización de la tierra. En los dos casos, la víctima inocente era un niño, cuya muerte debía indignar a la audiencia contra el bando designado como el de los enemigos del régimen.
La inocencia con la que un niño adhiere al ceremonial espectacular y triunfalista de las juventudes nazis, debería servir de modelo a la audiencia. Incorporándose a la vanguardia nacionalsocialista, cada espectador infantil o adulto dejará de sentirse solo, de saberse marginado o humillado y (sobre todo) podrá manifestar sin obstáculos el resentimiento que lo embarga contra su familia. Los niños pueden tener una experiencia limitada del mundo de los adultos, pero son un instrumento extremadamente eficaz cuando se trata de utilizados para conmover a los adultos.

Acerca de oscar garaycochea

Dramaturgo, guionista de cine, libretista de TV, docente especializado en dramaturgia audiovisual, blogger empecinado en aprovechar lo que le queda de vida en comunicarse.
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