DEL BOSQUE DE LAS HADAS A LA SELVA DE INTERNET

Anisse

Morgan Geyser y Anissa Weier

El 31 de mayo de 2014, Morgan Geyser y Anissa Weier, dos niñas norteamericanas de doce años apuñalaron en diecinueve ocasiones a una compañera de escuela de la misma edad. Según las informaciones de la policía, trataban de ejecutar un acto notable en el interior de un juego de roles, que prometía convertirlas en seguidoras destacadas de Slender Man, un personaje ficticio que tiene millones de seguidores en Internet.
Pocos días más tarde, otra joven de trece años apuñala a su madre, tras haberse cubierto la cara y las manos, para dar cumplimiento a otra orden de Slender Man. ¿Estamos ante una ficción criminal, capaz de convencer a lectores y espectadores ingenuos que las barreras que la separan de la realidad no existen y más aún, que la realidad se controla tal como la ficción se controla?
Cuando en el pasado se mencionaba la historia del niño fanático del comic Superman, que se lanzaba por una ventana confiado en que él también sería capaz de desafiar las leyes de la gravedad, se daba por supuesto que debía ser un mito urbano, indemostrable, pero en todo caso bastante explícito respecto del poder de convicción alcanzado por los medios de comunicación, capaces de sustituir la realidad por sus mitos.

Arthur Rackham: Hansel y Gretel

Arthur Rackham: Hansel y Gretel

Hubo en distintos momentos de los siglos XIX y XX, detractores de los cuentos de hadas que propusieron y en ciertos casos lograron censurarlos, porque ejercían mala influencia sobre los jóvenes. Los mismos hermanos Grimm objetaron su versión inicial de los relatos tradicionales que habían recopilado, para adecuarlos a la opinión dominante. La Bella Durmiente ya no era violada por el Príncipe, como sucede en la versión de Basile, sino tan solo besada, para que de inmediato despertara y recibiera una propuesta de matrimonio. La madre cruel de Hansel y Gretel pasó a convertirse en madrastra. Caperucita era rescatada por el leñador antes de que el lobo la devorara. Se daba por sentado que los cuentos enseñaban algo a quienes estaban expuestos a ellos, y que esa enseñanza podía ser inadecuada para su edad o incluso perjudicial.
Aplicar en la vida cotidiana y sin suficiente criterio, las lecciones extraídas de los cuentos de hadas tradicionales, puede traer consecuencias desagradables, a pesar de que la ficción garantiza que los personajes involucrados serán felices y comerán perdices. Una mujer joven que obedezca todo el tiempo a quienes la humillan y marginan (como es el caso de Cenicienta) debería confiar en que como premio a su inactividad, aparecerá un hada o figura femenina que habrá de ayudarla y le permitirá seducir a un hombre atractivo y poderoso que la rescatará de su indefensión. Apenas se enuncia este proyecto en la realidad, se descalifica por sí mismo.
Ser tan estúpido como Jack, el campesino que compra unas habichuelas mágicas, desobedeciendo las órdenes de sus mayores, y a la larga termina recompensado con la fortuna y el amor, plantea un mal ejemplo para quien trate de imitarlo y la improbabilidad de las circunstancias hace que los receptores del cuento advierten que se trata de una simple fantasía, porque en la realidad las cosas ocurren siempre de otro modo.
Un cúmulo de expectativas tan improbables de satisfacer como las habituales en los personajes de los cuentos de hadas, corre el riesgo de derrumbarse por sí solas, con el tiempo. Esa es una de sus ventajas. Exorcizan las fantasías de aquellos que los disfrutan. La vida real y los cuentos de hadas no se parecen demasiado. La lógica de los cuentos de hadas resulta inaplicable en el mundo real, como no tardan en entender los niños (otra cosa es que se resignen de inmediato al desengaño). Si alguien opina lo contrario, está condenándose a golpear su cabeza contra los muros, una actividad que duele pero a la larga obliga a reflexionar.

Gaustav Doré: Caperucita Roja

Gustave Doré: Caperucita Roja

La lección de los cuentos de hadas sirve, en el mejor de los casos para consolar a quienes sufren, con la expectativa de un futuro menos cruel, si tienen paciencia… y suerte. La moraleja, en todo caso, fue suprimida del texto en el curso del siglo XX. Si Caperucita Roja, de acuerdo a Perrault, incluía una advertencia a los niños y niñas, para que no se entreguen a la seducción de los adultos. La modernidad prefirió despojar al cuento de su moraleja, con el objeto de convertirlo (aparentemente) en pura diversión. Si el lobo no es un lobo que habla, ¿por qué preocuparse de otorgarle una peligrosidad mayor? Los pedófilos son perseguidos por la ley, pero los cuentos de hadas actuales no tienen nada que decir al respecto.
Los juegos de roles de Internet se basan también en los mecanismos de proyección-identificación de los lectores y espectadores, pero solicitan de ellos una respuesta inmediata.

Eric Knudsen: Fotomontaje Slender Man

Eric Knudsen: Fotomontaje Slender Man

Slender Man es un personaje reciente (nacido en 2009, como resultado de un concurso promovido por un foro de Internet especializado en historias macabras). Al comienzo era un fotomontaje de Eric Knudsen. Luego se le agregaron historias encargadas de prolongar el contacto con los usuarios, videos trucados, incluso filmes de largometraje, que se difundieron con la velocidad abismante que permiten los actuales medios de comunicación frecuentados por niños y adolescentes.

Gustave Doré: Pulgarcito

Gustave Doré: Pulgarcito

Liberados de la tutela tradicional de familiares adultos, que los obligaban a estudiar a ciertas horas, ocuparse de tareas hogareñas o incluso distraerse en compañía de otros jóvenes, ellos están ahora solos ante una pantalla que solicita su atención y a la que conceden su tiempo, dialogando con conocidos distantes y completos desconocidos por igual. Gracias a los medios de comunicación, el interlocutor se vuelve una apariencia nada confiable, un amable avatar que en cualquier momento puede revelar al más cruel de los enemigos (de allí la alarmante comodidad del grooming o seducción de jóvenes que efectúan los pedófilos a través de Internet).

Fotomontaje Slender Man

Fotomontaje Slender Man

Según algunos estudiosos de un tema tan nuevo, la figura sin rostro de Slender Man, vestida de negro, con brazos y piernas desproporcionados, terminados a veces en garras, que recorre los bosques y se confunde con los árboles, puede multiplicarse a su antojo, lee el pensamiento, da órdenes telepáticas a sus víctimas y se vuelve invisible cuando persigue a los niños, da cuenta del temor ante lo desconocido posible en una época que se encuentra demasiado expuesta al asedio de la información y no atina a verificarla, para separar lo falso de lo verdadero.
El bosque de los cuentos de hadas mantiene contactos con el mundo real. Es un ambiente a la vez hostil (donde los protagonistas se extravían o encuentran fieras capaces de devorarlos) y sin embargo puede ser también un refugio (en el bosque, Blanca Nieves se encuentra provisoriamente libre de los designios asesinos de su madrastra, o Hansel y Gretel consiguen la fortuna que sus mayores no podían adquirir con su trabajo). El bosque actual de Slender Man, es más temible, porque los niños de hoy rara vez han experimentado un bosque. Se trata de una cámara de torturas ilimitada, abierto y sin salida, en la que todo conduce al sufrimiento de las víctimas.
¿Queda otro desenlace posible que someterse a esa presencia cruel, más temible que un gigantesco ogro (personaje que después de todo puede ser vencido por la inteligencia de Pulgarcito)? Camuflado entre los árboles, Slender Man se impone sin el menor esfuerzo a los niños que entraron en la red y descubren atrapados. Con él no se dialoga, como la tonta Caperucita Roja dialogaba con el lobo, porque Slender Mar no tiene boca, simplemente lee los pensamientos e implanta los suyos en las mentes de quienes encuentra (¿estamos pensando en el monstruo o en las estrategias de marketing de la modernidad?).
De algún modo los niños de hoy conocen los riesgos que los aguardan al introducirse en la red. Si lo ignoran, se lo preguntan, buscan la confirmación de sus temores en las historias que sus iguales han incorporado a los chats, pero al mismo tiempo desean hacerlo, no creen posible aislarse de una tendencia que se ha impuesto en su generación. Tienen que enfrentar al monstruo y desde ya se le ofrecen, en inferioridad de condiciones, sin tomar ningún recaudo para que no los dañe. Hansel y Gretel aceptaban perderse en el bosque, pero llevaban piedritas que les marcaban el camino, y si no las tenían, migas de pan, por ineficaces que fueran como huellas, Pulgarcito cambiaba las coronas de las hijas del ogro por los gorros de sus hermanos, mientras los niños de la actualidad no inventan alternativas que les permitirán vencer a sus enemigos, como sucedía en los cuentos tradicionales. Su adversario es una reencarnación de Moloch, deidad cruel, que no puede ser cuestionado y por lo tanto no halla resistencia.

Acerca de oscar garaycochea

Dramaturgo, guionista de cine, libretista de TV, docente especializado en dramaturgia audiovisual, blogger empecinado en aprovechar lo que le queda de vida en comunicarse.
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