NIÑOS INSOPORTABLES VS. MUNDO DE LOS ADULTOS

The Katzenjammer Kids (1901)

The Katzenjammer Kids (1901)

Para la economía de mercado, hace un par de generaciones, los niños que tradicionalmente no eran tomados en cuenta más que como fuerza de trabajo mal retribuida, pasaron a convertirse en consumidores privilegiados, fáciles de seducir, siempre insatisfechos, dignos de la mayor atención de parte del mundo de los negocios, porque constituyen la clientela del futuro. Ellos resultan imprevisibles y por eso se los teme y halaga simultáneamente, no sea que otros competidores los pongan de su lado.
La modernidad ha impuesto idea de que existe una traumática brecha generacional entre jóvenes y adultos, un conflicto no resuelto, allí donde de acuerdo a las opinión dominante por siglos no se consideraba la necesidad de verificar los reclamos de los jóvenes. ¿Para qué molestarse en oírlos, se preguntaban los expertos, si los adultos conocían y controlaban la situación, mejor que los mismos protagonistas de cualquier queja?
A mediados del siglo XX, los conflictos entre jóvenes y adultos se convirtieron en un tópico habitual de los medios, adquiriendo una visibilidad inesperada, al descubrirse que preocupaban a mucha gente y podían convertirse en el fundamento de buenos negocios. De pronto hubo películas como Rebel without cause, canciones como Yo soy rebelde, comics, vestuario, que daban forma a conflictos que poco antes no llegaban a expresarse. La sociedad industrial había descubierto la existencia de una masa de consumidores juveniles a la que no costaba mucho hacerle tomar conciencia de sus tal vez nuevas expectativas, para reclamar de los adultos, no el trato justo que merecían, sino el suministro de objetos de moda y servicios identificadores, meras prebendas capaces de mantenerlos callados por un rato.

The Katzenjammer Kids

The Katzenjammer Kids

Desde los últimos años del siglo XIX hasta la actualidad, el comic The Katzenjammer Kids (conocido en español como Los sobrinos del Capitán) ha ofrecido una imagen pavorosa, inalterada, de una infancia juguetona, irresponsable, trivial, pero sobre todo reacia a los controles que antes resultaban efectivos, opuesta a cualquier proyecto educativo, a cualquier norma de convivencia establecida por los adultos
No se trata de niños estudiosos, investigadores, que molestan a los adultos porque reclaman conocimientos. Simplemente son chicos traviesos, que quieren divertirse y en lugar de conformarse con las actividades inofensivas que se les permite a los niños, estorban la vida de la familia. Son los mismos que al crecer no tratan de independizarse y se revelan como parásitos de los adultos responsables. Ellos se dedican a jugar malas pasadas a sus parientes, que pueden ser ridículos, incluso estúpidos, pero no son tan malvados como ellos.
Cuando el dibujante Rudolph Dirks comenzó a publicar el comic en un suplemento del New York Journal, Hans y Fritz retomaban un esquema exitoso de la ficción norteamericana. Tom Sawyer y Huckleberry Finn, los niños pobres creados por Mark Twain en 1876, habían asolado la existencia rutinaria de St. Petersburg, un pueblo establecido sobre al río Mississippi, aunque el universo de sus fechorías era más amplio y asentado en la realidad, puesto que incluía tópicos como la mentalidad provinciana del sur de los EEUU, las consecuencias de la abolición de la esclavitud y el ascenso de los cultos religiosos en su control de la comunidad.

Max und Moritz

Max und Moritz

Si se quiere ir más lejos en la búsqueda de las raíces del comic, hay que remontarse a Alemania, donde un famoso libro para niños, Max und Moritz, de Wilhelm Busch, publicado en 1865, tiene como protagonistas a una pareja de criaturas maleducadas, que hacen sufrir al tío Fritz y la viuda Bolte. Max y Moritz se comportan mal y son castigados por los adultos, porque la libertad no pasa de ser un ideal inalcanzable y la desobediencia de los niños se paga siempre, tanto en la realidad como en la ficción.
La historia gozó de tanta aceptación en Alemania, que la editorial de William Randolph Hearst encargó a Dirks la elaboración de un comic basado en el mismo esquema, que debía publicarse en los suplementos ilustrados del fin de semana.

Como parece inevitable en la industria cultural, rara vez se inventa nada; solo se reciclan personajes ya existentes, aquellos cuyo atractivo sobre la audiencia masiva está demostrado, para someterlos a situaciones del mismo tipo, que carecen de progresión y desenlace.
¿Por qué los niños tendrían que mostrarse serviciales, ser encantadores y estar siempre disponibles para satisfacer las fantasías de los adultos? Ese tópico victoriano se derrumbó durante el siglo XX. Cuando William Golding retoma el tema de la rebeldía infantil en la novela El Señor de las moscas, la temporaria ausencia de adultos, motivada por un naufragio, dispara en los menores sobrevivientes un rechazo de las normas sociales, que no desemboca en una utopía anárquica y conduce más bien a la reinvención de una sociedad tribal, más cruel y primitiva que aquella dejada atrás. A pesar de todo, la civilización regresa y “rescata” a quienes se liberaron durante esas vacaciones involuntarias, para devolverlos a los roles convencionales.

-¿Hay algún adulto… hay gente mayor entre vosotros?
Ralph sacudió la cabeza en silencio y se volvió. Un semicírculo de niños con cuerpos pintarrajeados de barro y palos en las manos se había detenido en la playa sin hacer el menor ruido. (William Golding: El Señor de las Moscas)

Los niños de Dirks, no consiguen escapar nunca del universo carcelario del hogar y la isla. Son dos, de la misma edad, cabe suponer que hermanos gemelos, uno de los cuales moreno y el otro rubio, sin padres, fueron criados por un Capitán maduro, una Mama (no necesariamente la madre de los niños, ni tampoco la esposa del Capitán) y un Inspector (¿Preceptor?) decrépito. En las primeras apariciones del comic eran tres hermanos. La reducción de personajes simplificó el dibujo de las viñetas de pequeño tamaño. Al ser más de uno, dificultan cualquier intento de control de los adultos y al mismo tiempo despersonalizan su maldad.

Si se comportan como rebeldes, lo son de manera inaplicable en el mundo real. Divierten, se definen como pasatiempo en lugar de modelo, por la exhibición de un comportamiento gratuito que los lectores sensatos no serían capaces de imitar.
Habitan un universo altamente estilizado, sin demasiadas conexiones con el mundo de los lectores, una isla que se sitúa en África en algún momento, y años más tarde en la Polinesia. ¿Acaso son náufragos olvidados por el mundo civilizado? ¿Pueden ser colonos industriosos? Aunque hablan inglés en la versión original, lo hacen como extranjeros de ascendencia germánica. La ambigüedad de su situación es funcional a las estrategias del medio. Los detalles se irán precisando a medida que haga falta. Quizás nunca.
El nacimiento del comic ocurre en el ámbito de la industria cultural y sigue los avatares de esa actividad económica. Hacia 1912, Dirks planteó que deseaba apartarse de la editorial (seguramente negociaba un contrato más ventajoso para él) y el implacable Hearst lo sustituye por otros dibujantes. Personajes tan conocidos pueden ser imitados sin dificultad, por artistas dispuesto a cobrar menos. Una disputa legal compleja se entabló entre los dos propietarios del comic.
Si bien Hearst era dueño del nombre, no lo era de los personajes. Durante los años que siguen, Dirks continúa dibujando el mismo comic en otra editorial y con otro título, The Captain and the Kids, hasta su desaparición seis décadas más tarde.
Mientras tanto, King Features continuó editando The Katzenjammer Kids, que pasó a ser dibujado por otros artistas y se ha convertido en el comic más longevo del medio.
Las novedades que se introdujeron parsimoniosamente, incluyen el personaje de Rollo Rhubarb, un odioso niño prodigio, que compite con los gemelos y es humillado por ellos.
En España, la pareja infantil reaparece como Zipi y Zape, dos niños insoportables cuyas andanzas comenzaron a publicarse en 1948. De nuevo gemelos, uno de cabellos oscuros, el otro rubio, ya no habitantes de una isla, sino personajes urbanos, fanáticos de clubes de fútbol rivales. El padre, don Pantuflo Zapatilla es un docente de materias tan absurdas como Filatelia, Numismática y Colombofilia. A diferencia de sus antecesores norteamericanos y alemanes, la pareja infantil española suele tener buenas intenciones, se plantea hacer “una buena obra”, proyecto que no tarda en escapársele de las manos y conduce al desenlace habitual: son perseguidos por los adultos o concluyen encerrados en un sucio cuarto de castigo.

Jean Vigo: Zéro de Conduite

Jean Vigo: Zéro de Conduite

El tema de los revoltosos insobornables se ha revelado fértil en otros ámbitos de la industria cultural, donde se lo plantea. El cineasta Jean Vigo conectó la pareja de revoltosos con otros niños, para desafiar colectivamente a las instituciones reconocibles del mundo real, en el filme Zéro de conduite (1933). No se trata de tontos insoportables, sino de revoltosos que aspiran a cambiar el mundo.
Esa imagen idealizada del rebelde juvenil, se amplió más aún en una época tan proclive a las movilizaciones sociales como el final de los años ´60 del siglo XX. Lindsay Anderson convierte a los revoltosos estudiantes ingleses en los terroristas del filme If… (1968). El aspecto lúdico no ha desaparecido del horizonte, pero ahora se mezcla con el sexo y el cuestionamiento ideológico.

Lindsay Anderson: If...

Lindsay Anderson: If…

¿Tiene algún futuro su revuelta? ¿Logran algún objetivo concreto o se limitan a dar salida a una rabia que parece sinónimo de adolescencia? Estos personajes han dejado de ser chicos traviesos, pero continúan siendo destructivos y el objeto de su actividad es descabezar a los representantes de las clases dirigentes (el director de un establecimiento educativo, un obispo, militares). Probablemente fracasen, porque se han propuesto demasiado y carecen de organización adecuada para esa lucha. El filme termina antes de que eso ocurra, dejando en algunos espectadores la esperanza de que triunfen.

Acerca de oscar garaycochea

Dramaturgo, guionista de cine, libretista de TV, docente especializado en dramaturgia audiovisual, blogger empecinado en aprovechar lo que le queda de vida en comunicarse.
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