EL FLAUTISTA DE HAMELIN Y EL RECLUTAMIENTO DE JÓVENES

Niños buscados

Niños buscados

Los niños son frágiles, se encuentran acechados por poderes temibles, que los arrancan lejos de la paz que disfrutarían en el seno de sus familias, y los conducen por el mal camino, rumbo a no se sabe muy bien qué, pero cabe pensar que es la perdición, por más que las víctimas lo perciban como un regreso al Edén.

Este es el mensaje repetido tradicionalmente por los mayores que probablemente han sufrido y superado situaciones similares en su juventud, una advertencia bienintencionada que no parece tener demasiado efecto sobre la conducta de los jóvenes. Cada generación afronta sus propios errores y a veces los mismos errores vuelven para tentar a distintas generaciones.
En el pasado, los jóvenes incautos daban crédito a las promesas de predicadores religiosos, reclutadores de ejércitos y caudillos. En el primer tercio del siglo XIII, se cuenta que un grupo de jóvenes provenientes de Erfurt, llegó a la ciudad de Arnstadt, bailando los 15 kilómetros que separaban los dos poblados, hasta caer rendidos y someterse a una Misa de exorcismo. En la actualidad, se supondría que esa euforia desbordada nace del consumo Éxtasis u otros estimulantes habituales entre los jóvenes. En el siglo XV, se los suponía víctimas de alguna posesión demoníaca.

De la perversidad y el poder del demonio, contaré aquí una historia verdadera. (…) En Hamelin, a orillas del Wesser, en Sajonia, el Demonio caminó por las calles visiblemente en forma humana, atrayendo muchos niños con el toque de su flauta, varones y hembras, y los guió a través de la puerta de la ciudad, hacia las montañas. (Jobus Fincelius: De Miraculis sui Tempores)

Hoy, la tentación que se plantea a los jóvenes toma la forma de drogas, sexo prematuro, utopías políticas, novedades tecnológicas, descontrol de los adultos. En cada época, nuevas tentaciones aparecen y demuestran su capacidad de seducir a quienes, lejos de defenderse, parecen haber estado aguardando impacientes que los exploten.

El maligno se apodera gustoso de los niños. En otro tiempo adoptó la figura de un cazador de ratas, para arrastrar con las notas de música de su caramillo a todos los pequeñuelos de la ciudad de Hamelin. Unos dicen que aquellos infortunados se ahogaron en el río Wesser, otros que los encerró en la falda de una montaña. (Marcel Schwob: La Cruzada de los niños)

Flautista de Hamelin

Flautista de Hamelin

De acuerdo al cuento tradicional, Der Rattenfänger von Hameln, recopilado por los hermanos Grimm y publicado a comienzo del siglo XIX, durante el siglo XIII la ciudad de Hamelin prosperaba tanto, que las provisiones comenzaron a acumularse en el recinto protegido por murallas (una situación poco frecuente en el Medioevo, época de grandes hambrunas). Con la abundancia, llegan las ratas, causantes de la plaga, una enfermedad que diezmado a la población europea medio siglo después de los hechos que aparentemente narra el cuento y permiten suponer que los roedores forman parte de un agregado posterior al secuestro de niños.

Ante la gravedad de la situación, los prohombres de la ciudad que veían peligrar sus riqueza por la voracidad de los ratos, convocaron al Consejo y dijeros: “Daremos cien monedas de oro a quien nos libre de los ratones” (Hermanos Grimm: El Flautista de Hamelin)

Las ratas, desde la Antigüedad, traían la muerte a los centros urbanos y eran vistas como un castigo que Dios mandaba a quienes desdeñaban la frugalidad preconizada por los Evangelios. Acumular demasiadas riquezas constituía una falta inexcusable para la moralidad medieval, que aún no había parido la pragmática mentalidad capitalista. Lejos de ser relacionadas con la urgencia de emprender proyectos de salubridad urbana, las ratas revelaban un exceso de los pudientes.
En el cuento, un músico ambulante ofrece a los gobernantes de Hamelin librarlos de los roedores, no mediante costosos trabajos de saneamiento de los desagües y ventilación de los recintos, como se haría en tiempos modernos, sino tocando la flauta.

Por obra de un poder secreto, estoy en condiciones de hacer que me sigan todas las criaturas vivientes, las que se arrastran, las que nadan, las que vuelan y las que corren. Suelo utilizar mi poder sobre los bichos perjudiciales al hombre, como los topos, los sapos y las víboras. La gente me llama el Flautista. (Robert Browning: El Flautista de Hamelin)

Las ratas salieron de su escondite al oírlo, y el flautista las dirigió al río más cercano, donde todas se ahogaron. En este momento de alivio, la versión de Goethe incorpora a la promesa de salud, una advertencia oscura enunciada por el músico.

Yo soy el famoso cantor / el ambulante cazador de ratas / que en esta celebérrima ciudad es sumamente necesario. / Por muchas ratas que haya / aunque también hubiera comadrejas / de todas limpiaré este lugar; / tendrán que marcharse todas juntas. / Además el alegre cantor / es a veces también un cazador de niños / pues el mismo que los revoltosos amansa / cuando canta sus cuentos dorados. / Y los niños, por díscolos que fuesen / aunque hubiese muchachas suspicaces / cuando pulso mi laúd / todos son obligados a seguirme. (J.W.Goethe: Der Rattengänger)

Vitral de Hamelin

Vitral de Hamelin

El proceso de desratización ha sido tan rápido y eficaz, que cuando el flautista regresa para reclamar la paga que habían convenido, las autoridades se niegan a cumplir con lo establecido. El músico se fue de la ciudad, prometiendo venganza. Cuando los pobladores celebraban la fiesta de los santos Juan y Pablo en la iglesia (fecha que todavía se recuerda como el Día de atrapar ratas), el flautista volvió a tocar su música y 130 niños lo siguieron fuera de la ciudad, por el campo, hasta una cueva de la montaña, donde desaparecieron.

Esta vez no eran los ratones quienes le seguían, sino los niños de la ciudad, quienes, arrebatados por aquel sonido maravilloso, iban tras los pasos del extraño músico. Cogidos de la mano y sonrientes, formaban un gran hilera sorda a los ruegos gritos de sus padres que en vano, entre sollozos de desesperación intentaban impedir que siguieran al flautista. (Hermanos Grimm: El Flautista de Hamelin)

Para los Grimm, los niños que desaparecen en Alemania, reaparecen en Transilvania. Ese traslado mágico, sugiere la posibilidad de que en el mundo real el flautista fuera un reclutador de jóvenes, encargado de colonizar el territorio de Moravia, por entonces en la frontera de Prusia.

En el cortometraje de Walt Disney se introducen algunas variantes en el relato tradicional. La primera: las ratas no son ahogadas; solo se esfuman en el interior de un queso gigantesco que el flautista convoca de la nada, por lo que tienen un final feliz. La segunda: los niños se presentados como trabajadores esclavos (cabe suponer, víctimas de los adultos) y el flautista los conduce a un mundo maravilloso de golosinas y juegos, libre de adultos, que prefigura en muchos aspectos al Magic Kingdom creado por el mismo Disney: un parque de diversiones que convierte en lucrativo negocio el tiempo libre de las familias.

Walt Disney: The Pied Piper

Walt Disney: The Pied Piper

Buena parte de esa imaginería se encuentra ya en la versión de Browning, escrita a mediados del siglo XIX. Un niño cojo vuelve a Hamelin para dar testimonio de la (feliz) desgracia ocurrida al resto de los jóvenes, que él no pudo disfrutar. La figura demoníaca del Medioevo, fue derivando en la imagen de un idealista, un rebelde que se opone a los criterios estrechos de los poderosos y recluta jóvenes para conducirlos a lo que presenta como un mundo mejor.

Tierra de gozo que estaba muy cerca del pueblo, allí nomás, donde brotaban fuentes y crecían árboles frutales y todo era extraño y nuevo; donde los gorriones eran más brillantes que los pavos reales y los perros más veloces que las corzas, y las abejas había perdido sus aguijones y los caballos nacían con alas de águila. (…) Yo me quedé allí parado, del lado de afuera de la montaña, abandonando muy a pesar mío y obligado a seguir rengueando en este mundo y a no volver a oír nunca más hablar del hermoso país. (Robert Browning: El Flautista de Hamelin)

La modernidad ha desprestigiado esa visión mítica. En el curso del siglo XX, reiteradas campañas financiadas por sectores más tradicionalistas, se encargaron de preguntar: ¿Sabe usted donde están sus hijos en este momento? No era fácil responder con certeza. Los jóvenes reclamaban una independencia prematura o se la tomaban aprovechando la creciente distancia de los padres, que los dejan solos, para atender sus compromisos laborales.
Tal vez los hijos no se fueran del todo del hogar de los mayores (entre otros motivos, por el costo de armar una vida independiente) pero cada vez resultaba menos probable que rindan cuenta de sus actividades, cuando fanáticos, dealers y pedófilos se encuentran más activos que nunca. El teléfono celular entregado a los jóvenes, para que les resulte fácil pedir ayuda y mantener la vigilancia de los padres, falla cuando se pretende de establecer un control efectivo.
El siglo XXI incorporó una pregunta más odiosa al imaginario de los adultos: ¿Sabe usted en qué están sus hijos cuando no salen de su casa? Lo más probable es que los padre no pueda estar nunca demasiado seguros. Internet se ha revelado un territorio tan pródigo en tentaciones, que no es menos peligroso que la calle.

Acerca de oscar garaycochea

Dramaturgo, guionista de cine, libretista de TV, docente especializado en dramaturgia audiovisual, blogger empecinado en aprovechar lo que le queda de vida en comunicarse.
Esta entrada fue publicada en Niños secuestrados y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s