LOS MEDIOS Y LA REBELDÍA JUVENIL: RECLAMOS Y ESTEREOTIPOS

Michael Curtiz: Angels with dirty faces

Michael Curtiz: Angels with dirty faces

La revuelta fue en ciertas épocas sinónimo de desorden, violencia, riesgo mortal para las instituciones y los negocios, destrucción de propiedades y degradación de los valores morales, que debía ser reprimida allí donde se manifestara, para olvidarla sistemáticamente a continuación. Entre los años `60 y `70 del siglo XX, en cambio, la revuelta planteaba el sentido reclamo de un mundo menos injusto que el actual, un aporte de ideas frescas y buenas intenciones, que podían ser malinterpretadas, pero de todos modos adquirían un tono heroico. Para la economía de mercado, hace un par de generaciones, los niños eran tomados en cuenta como trabajadores mal retribuidos. En adelante pasaron a ser vistos también como consumidores que debían seducirse, ansiosos de novedades. El mundo de los negocios les prestaba atención, porque se trataba de la clientela del futuro. Ellos pueden ser imprevisibles, pero definen las tendencias que luego serán adoptadas por el resto de la sociedad. Por eso se los teme y halaga, no sea que otros competidores los pongan de su lado.
En la segunda mitad del siglo XX, los conflictos entre jóvenes y adultos llegaron a establecerse como un tema frecuente de los medios masivos, al descubrirse que el tópico interesaba a mucha gente y podía fomentar buenos negocios. De pronto hubo películas, canciones de amor, comics, rock and roll, vestuario identificador (como los jeans que hasta entonces había sido patrimonio de los trabajadores), peinados (como aquellos posibilitados por el cabello largo para los hombres) manifestaciones inocultables de conflictos no expresados hasta entonces.

Yo soy rebelde / porque el mundo he hecho así / porque nadie me ha tratado con amor / porque nadie me ha querido nunca oír. / Yo soy rebelde / porque siempre sin razón / me negaron todo aquello que pedí / y me dieron solamente incomprensión. (Manuel Alejandro: Yo soy rebelde)

Identificar a los disidentes, infiltrar las organizaciones a las que ellos pertenecían, desvirtuar sus proyectos, era el objetivo declarado de las instituciones del Estado que se encargan de reprimirlos cuando se hacer oír. A diferencia de lo anterior, acceder a los jóvenes era el objetivo de los empresarios que los evaluaban como una masa considerable de consumidores, a quienes urgía hacerles tomar conciencia de sus expectativas, para reclamar de los adultos que los subsidiaban, no el trato justo que merecían, sino los objetos y servicios que iban a identificarlos como grupo, aunque solo se tratara de prebendas que los dejarían calmados por un rato.
El discurso de la modernidad destaca la existencia de brechas entre los distintos sectores de la sociedad, que no son precisamente aquellos planteados tradicionalmente por la izquierda. La separación no aparece relacionada con la propiedad y la desigual riqueza, sino a un factor tan discutible, por volátil, como la edad. Los jóvenes, se planteaba, se oponen a los adultos, se quejan de no ser atendidos por ellos, utilizan un léxico que les permite comunicarse fluidamente con sus iguales, mientras dificulta el diálogo con los mayores, visten ropas y se peinan para crear fuertes lazos emocionales entre aquellos que tienen la misma edad, adoptan causas y esolgans que les otorgan cohesión contra los adversarios comunes.
La modernidad impuso la idea de una brecha generacional entre los jóvenes y los adultos, un conflicto que se arrastra desde una época indeterminada, que no habría sido resuelto, allí donde la opinión dominante no creía necesario atender los reclamos de los jóvenes. ¿Para qué oírlos, de acuerdo a los expertos, si los adultos conocían la situación mejor que los mismos protagonistas?
¿Acaso los niños tendrían que existir solo para satisfacer las fantasías de los adultos? Esa ilusión victoriana se disipó en el curso del siglo XX. William Golding encara el tema del poder infantil (una situación tan improbable como Los Viajes de Gulliver) en la novela El Señor de las moscas. Allí se muestra que la temporaria ausencia de adultos, después de un naufragio, que detona en los niños sobrevivientes un generalizado rechazo de las normas sociales civilizadas y la reinvención de una sociedad tribal. A pesar de todo, el mundo de los adultos regresa y recupera a quienes brevemente se liberaron de sus normas, para ajustarlos a roles convencionales.

-¿Hay algún adulto… hay gente mayor entre vosotros?
Ralph sacudió la cabeza en silencio y se volvió. Un semicírculo de niños con cuerpos pintarrajeados de barro y palos en las manos se había detenido en la playa sin hacer el menor ruido. (William Golding: El Señor de las Moscas)

Nikolai Ekk: Putiovka v Zizhn

Nikolai Ekk: Putiovka v Jizn

El tema de los jóvenes revoltosos que no atienden razones de los adultos, se ha revelado fértil en otros ámbitos de la industria cultural. Hay una audiencia juvenil que aguarda el espectáculo de una revuelta no sucedida en la realidad, como hay una audiencia adulta dispuesta a demostrar ante los jóvenes qué puede pasar cuando se indisciplinan.
El cineasta Jean Vigo conectó la pareja de revoltosos con otros niños, para desafiar colectivamente a las instituciones reconocibles del mundo real, en el filme Zéro de conduite (1933). No se trata de tontos insoportables, sino de revoltosos que aspiran a cambiar el ridículo mundo de los adultos, tal como se manifiesta en el microcosmos de la escuela.
En la URSS, Putiovka v jizn (El camino de la vida, 1931) de Nikolai Ekk, muestra cómo los niños que han perdido el rumbo tras la Primera Guerra Mundial y el desorden que acompañó a la caída del zarismo, para convertirse en vagabundos o delincuentes, pasan a ser adoptados por un Estado inclusivo y paternal, representado por un dirigente joven, que los transforma sin hallar resistencia de su parte.

Gerhard Lamprech: Die Uneliehen

Gerhard Lamprech: Die Uneheliehen

Die Unehelichen (1926) de Gerhard Lamprecht mostró la explotación de los niños en la Alemania previa al nazismo, basándose en un informe de la Asociación para la Protección de Niños contra la Explotación y el Abuso. La trama se centra en tres hermanos, hijos de una pareja cruel. Cuando el filme propone una solución al conflicto que afecta a miles de niños, es una poco probable, la adopción por adultos pudientes y bien intencionados.
En los EEUU, que atraviesa la gran crisis económica de los años `30, los niños vagabundos de Angels with dirty face (1938) pasan a ser protegidos por el Padre Connolly, mientras que en Boys Town (1938) y Men of Boys Town (1941) pasa lo mismo con el Padre Flanagan. Desde la actualidad, esa desmedida confianza aparece empañada por denuncias de abusos de todo tipo de los adultos que trabajan en esas instituciones, y en el caso de no suceder nada parecido, de todos modos implica el reciclaje del modelo patriarcal, cuyos desajustes habían causado la revuelta.

Geza von Radvanyi; Valahol Európabán

Geza von Radvanyi; Valahol Európabán

Después de la Segunda Guerra Mundial, Valahol Európában (En cualquier lugar de Eurpoa, 1948) la película húngara de Geza von Radványi, conmovió a la audiencia internacional con la imagen del grupo de niños y adolescentes huérfanos, que vaga a la búsqueda de un espacio para establecerse. Ellos son víctimas de una violencia mayor (la guerra) causada por los adultos. La que puedan ejercer ellos, cuando roban frutas y gallinas para alimentarse, no es comparable: tienen que sobrevivir.
Durante los años `50, el rebelde juvenil fue convirtiéndose en el nuevo héroe de los medios masivos. Puede estar confundido y sin objetivos concretos más allá del ámbito de su familia y amigos, como lo muestra Rebel without a cause (1955) de Nicholas Ray, pero la imagen que se ofrece de desubicado, no puede ser más seductora.
En el curso de los ´60 se produjeron movilizaciones masivas en la lucha por los derechos civiles de los afronorteamericanos y contra la Guerra de Vietnam que masificaron la imagen del rebelde y le otorgaron consignas relevantes. Lindsay Anderson convierte a los revoltosos estudiantes ingleses de un colegio elitesco, en los terroristas armados con metralletas de If… (1968). El aspecto lúdico de la rebelión no ha desaparecido del todo, pero ahora se mezcla con el sexo y el cuestionamiento ideológico de la sociedad burguesa.

Lindsay Anderson: If...

Lindsay Anderson: If…

¿Tiene algún futuro la revuelta que muestra el filme? Imposible decirlo, porque el final coincide con esa explosión anárquica. ¿Logran los personajes algún objetivo concreto (por ejemplo, cambiar el sistema disciplinario del colegio, modificar la malla curricular) o tan solo se limitan a dar salida a una rabia típica de la adolescencia, que muy pronto se olvida? Los personajes de If… no son los chicos traviesos que incomodaban a sus parientes, pero continúan siendo destructivos. El objeto de su entusiasmo es liquidar a los representantes de las clases dirigentes (el director del establecimiento educativo, un obispo, militares). Probablemente los jóvenes fracasen, porque se dejan llevar por la ira y carecen de la organización adecuada para triunfar. El filme termina antes de que el desenlace ocurra, dejando en algunos espectadores la esperanza de que la derrota sea evitada milagrosamente. No es la moraleja más efectiva para la fábula libertaria.

Acerca de oscar garaycochea

Dramaturgo, guionista de cine, libretista de TV, docente especializado en dramaturgia audiovisual, blogger empecinado en aprovechar lo que le queda de vida en comunicarse.
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