REJUVENECIMIENTO FORZADO DE LA CULTURA

Maestra comienzos del siglo XX

Maestra comienzos del siglo XX

Tal vez algún día dejen a los jóvenes inventar su propia juventud. (Quino)

En el pasado, la sociedad patriarcal fijaba etapas de creciente responsabilidad por las que debían transitar los más jóvenes, a medida que ellos crecían y aprendían a vivir en sociedad. Durante la infancia, que se prolongaba hasta la aparición de la pubertad, los niños carecían de derechos y se encontraban sometidos a un rígido proceso de formación que no les otorgaba muchas alternativas para decidir, a pesar de lo cual incluía una cantidad abrumadora de obligaciones. Dependían de los adultos (padres, maestros) que les hacían notar esa dependencia. Si defraudaban la escasa confianza que se les concedía, pagaban por ello. Se los enviaba a dormir más temprano que de costumbre, se les quitaba el posgtre o la salida a la calle, se los purgaba para mejorarles el carácter.

Los niños debían tolerar sin quejarse el sistema disciplinario establecido por los adultos, aunque les disgustara, porque todo el mundo (en la familia, la vecindad, el colegio, la iglesia) se había puesto de acuerdo en que la obediencia les brindaba una base óptima para construir el resto de sus vidas. No era nada raro, entonces, encontrar niños que ostensiblemente se comportaban como adultos sin serlo, entregándose a una caricatura humillante de la madurez, después de haber logrado interiorizar los valores y actitudes que se desvivían por imponerles sus mayores. El sometimiento más indigno era recompensado con elogios y prebendas que convertían a esos niños en seres envidiados o detestados por sus pares, mientras los rebeldes eran execrados de mil maneras: se los castigaba físicamente, se los calumniaba, se los olvidaba.
En la actualidad, cualquier intento de marginar a los niños del ámbito de los adultos es mal visto. Ellos se entrometen en las conversaciones, insultan, agreden físicamente a quien los contraría, efectúan peticiones desmedidas, escenifican pataletas infernales, cuando no se los satisface de inmediato. Ellos pasan a convertirse en el centro de las reuniones familiares, a ellos se subordina el empleo del tiempo libre de los adultos, se los consulta sobre sus necesidades como si fueran autoridades inapelables sobre la materia, se intenta complacerlos antes que a nadie, se les otorga un poder sobre los mayores que históricamente nunca habían tenido.

Suri Cruise y Tom Cruise

Suri Cruise y Tom Cruise

Ellos son sometidos por la industria cultural a procesos contradictorios (algo parecido a la ducha escocesa, que alterna chorros de agua my caliente, con los de agua muy fría) que por un lado entorpecen su proceso de formación, haciendo que demoren la decisión de independizarse emocional y económicamente de sus mayores, mientras que por el otro los definen desde muy temprano como sus destinatarios (consumidores) privilegiados, el centro de todos sus proyectos mercantiles. Los tacos altos y el maquillaje de Suri Cruise la definen como una adulta en miniatura, que no solo juega a aparentar lo que no es, sino que es aceptada y exhibida de ese modo por su padre.

Hay que ser joven o parecerlo (y en caso de no sumarse al simulacro, espespar un tratamiento discriminador). El cine de Hollywood se dedica a producir costosos entretenimientos basados en comics absoluitamente irreales y una sobrecarga de efectos especiales, porque le suministran personajes elementales y conflictos inverosímiles, que han sido aceptados por los jóvenes y ofrecen el vehículo para que ellos se identifiquen y proyecten sus fantasías.

Modelo adolescente

Modelo adolescente

La moda y la publicidad privilegian a los muy jóvenes. Ellos aparecen en las fotografías y videos, promoviendo tendencias de consumo que los adultos no tardan en adoptar, aunque no se correspondan demasiado bien con sus presupuestos, sus hábitos y sus físicos. La quinta columna juvenil se encarga de introducir en los hogares, todo lo nuevo que ofrece el mercado.
Los medios no dudan en interpelar a los segmentos juveniles de su audiencia, para persuadirlos de que son diferentes de otros segmentos (por ejemplo, los adultos que constituyen sus parientes y educadores), que deben identificarse con los intereses y estilos de comportamiento que el discurso dominante en los medios define como propios de los jóvenes, que les conviene imitar esos modelos cuanto antes, si no desean ser marginados de una corriente mayoritaria y quedar expuestos al maltrato. ¿Por qué los jóvenes se arriesgarían a independizarse de los medios, cuando queda pendiente la amenaza de verse aislados?
Para volver más fácil y urgente la decisión de sumarse a una mentalidad como esa, se apela al resentimiento (no pocas veces justificado) que los jóvenes manifiestan hacia la autoridad mal ejercida de los adultos durante su trato con la adolescencia, una etapa en que la que los jóvenes suelen elaborar su identidad personal como si se tratara de una empresa heroica, necesitada de adversarios y enfrentamientos dramáticos.
Tal vez el inconformismo de las nuevas generaciones no sea tan profundo como se presenta. Quizás reinventan la pólvora, amparados en un desprecio del pasado que los desubica en la actualidad. El In y el Out planteados periódicamente por la Moda en cada cambio de temporada, se encuentran implícitos en las imágenes seductoras y el coherente y reiterativo discurso verbal de los medios. Los jóvenes creen rebelarse, cuando aceptan sin cuestionar la convocatoria de una industria que se dedica a explotarlos.

Niño con iphone

Niño con iphone

Desde los medios, todo apoya la hipótesis de que se viven maravillosos tiempos de cambio ideológico, de progreso técnico, que ofrecen oportunidades excepcionales a quienes se liberen del peso de la tradición y acepten lo que llega al mercado, día tras día. En 1931, Aldous Huxley escribió Un Mundo Feliz, novela satírica sobre una sociedad totalitaria, hedonista, infantizada y controlada por el mercado.  Muchas de las previsiones se han cumplido o amenazan con que ocurra en un futuro cercano, gracias al explosivo desarrollo de las telecomunicaciones.

Los llamados nativos digitales (aquellos que llegaron al mundo en que las telecomunicaciones se había instalado para transformarlo en más de un sentido) probablemente miran con sorna a los adultos que por la falta de recursos han quedado al margen o que revelan pereza mental para incorporarse.

La juvenilización de la sociedad supone un cambio visible en los gustos y las preferencias de los adultos, que comienzan a tomar como fuente de valor la imagen del joven y no tanto la del adulto mayor para conformar sus estilos de vida. Con un indudable anclaje en las ofertas del mercado, especialmente en (…) salud, cuidado personal, esparcimiento, turismo, pero con el tiempo también indumentaria, estética, tecnología, alimentación, se afianza (…) un régimen de discursos, imágenes y prácticas orientadas a la preservación del cuerpo, a evitar las huellas que deja el paso de los años, (…) promueven la utopía de una conservación eterna. Con ella se erige un nuevo sistema de valores que establece a la juventud como polo positivo, con su contracara de negatividad para los que se asocie con la adultez –o la vejez, último término de la escalara valorativa-. (Marcelo Urresti: Los jóvenes y los dilemas culturales)

nativosdigitales1En la actualidad, muchos padres se sienten solos en un mundo sometido a continuos cambios (reales o aparentes) que no llegan a entender, desbordados por las evidencias adversas que plantean sus hijos. Los jóvenes no se corresponden con las expectativas de los adultos. Más aún, los adultos no encuentran la manera de controlar a quienes, a pesar de haber sido engendrados y criados por ellos, se comportan como si fueran sus más enconados enemigos, los acusan de todas las iniquidades del mundo actual, les reclaman mejoras en la calidad de vida que no pueden financiar y probablemente tampoco serían tan fáciles de disfrutar como se les promete desde la publicidad.
En muchos casos, los adultos se resignan a perder una guerra que no sospechaban que fuera a darse, advierten que la situación se les ha escapado de las manos. La derrota les duele más porque los enfrenta a quienes han traído al mundo y descubren que les mienten, que los extorsionan con amenazas de actos imprudentes, que los defraudan en sus expectativas, cuando de acuerdo a la imagen tradicional de una familia que los adultos heredaron de sus mayores, las nuevas generaciones hubieran debido agradecerles, amarlos incondicionalmente y sobre todo auxiliarlos cuando les llegue la vejez. Una sensación de brecha insalvable se instala entre aquellos que compartían el mismo espacio, y de pronto parecen venir de distintos planetas.

Antes los niños no necesitaban nada para entretenerse, jugar, divertirse e integrarse en el entorno; actualmente necesitan los elementos (…) de los nuevos tiempo (ordenador, consola, DVD, teléfono móvil…) para no sentirse perdidos y aislados. Y no es que tales elementos no ayuden a desarrollar una serie de capacidades (…) pero éstas se circunscribirán al ámbito de lo privado, dejando peligrosamente de lado el desarrollo de estrategias socializadoras. (Elena Rodríguez San Julián e Ignacio Megías Quirós: La brecha generacional en la educación de los hijos)

Acerca de oscar garaycochea

Dramaturgo, guionista de cine, libretista de TV, docente especializado en dramaturgia audiovisual, blogger empecinado en aprovechar lo que le queda de vida en comunicarse.
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