USO Y ABUSO DE NIÑOS: EL TRABAJO

Niña obrera textil en EEUU

Niña obrera textil en EEUU

Desde la Antigüedad, las familias incorporaban muy temprano a los niños en las tareas productivas. Ellos debían ganarse el sustento. No habían sido traídos al mundo para que disfrutaran de una vida regalada, sino para colaborar en la economía familiar. Las niñas colaboraban en las tareas del hogar, pero también se unían a los varones en las tareas agrícolas. Por su trabajo, no debían esperar ninguna retribución, ni podían quejarse porque se consideraran explotados.

Al trabajar para los adultos y sin recibir paga, fuera del techo y la comida, cumplían con su deber de hijos subordinados a la autoridad paterna y aprendían un oficio, que más tarde los ayudaría a independizarse. A veces, en la Antigüedad, el trato era despiadado, los vendían como esclavos o siervos, para pagar las deudas contraídas por sus mayores, una situación penosa para los niños, que sin embargo no difería demasiado de la que se experimentaba en el seno de su propia familia.

El hijo mayor tenía el aliciente de heredar la propiedad de la familia, cuando el padre muriera. Si trabajaba para él, se suponía, estaba pensando en su futuro. En algún momento, no muy distante, dadas las expectativas de vida de entonces, el padre habría dejado de explotarlo y él cosecharía el fruto de su esfuerzo. Los otros hijos, en cambio, que podían ser muchos, carentes de educación e impedidos de moverse en busca de mejores condiciones, no tenían otras expectativas que la de continuar atados al jefe de la familia, que los mantendría y explotaba, lo misma daba si era el padre o el hermano mayor.
Los niños huérfanos y abandonados, no divisaban otra alternativa que incorporarse lo antes posibles a las fábricas de entonces.

En esta fábrica trabajan [en 1832] 1.500 personas y más de la mitad tienen menos de quince años. La mayoría de los niños están descalzos. El trabajo comienza a las cinco y media de la mañana y termina a las siete de la tarde, con altos de media hora para el desayuno y una hora para el almuerzo. (Charles Turner Thackeray: Los efectos de los oficios, trabajos y profesiones, y de las situaciones civiles y formas de vida sobre la salud y la longevidad)

Niños mineros ingleses siglo XIX

Niños mineros ingleses siglo XIX

El Parlamento inglés aprobó en 1838, en plena Revolución Industrial, un movimiento que estaba trastornando la economía tradicional, gracias a la introducción de maquinarias que prometían elaborar productos de calidad para todo el mundo, la prohibición del trabajo de niños de nueve años en las fábricas de textiles. Eso indica la intención de establecer ciertos límites para la explotación infantil, de ningún modo la intención de abolirla.
Recurrir a niños era de uno de los recursos que permitían a los capitalistas de entonces abaratar los costos de producción. No es que los niños produjeran menos que los adultos, sino que aceptaban hacerlo en peores condiciones. En cuanto a los menores de trece años, la ley inglesa no les permitía trabajar por las noches, ni hacerlo durante más de doce horas seguidas (como era normal hacerlo con los trabajadores adultos).
Hubo que esperar hasta 1848, para que las demandas de los trabajadores influyeran en la decisión de que las jornadas laborales no superaran las diez horas. Esas medidas que hoy pueden parecer tímidas o incluso desconsideradas, despertaron la protesta de los industriales, que veían vulnerados aquellos que consideraban sus legítimos intereses y aprovechaban la carencia de inspectores para continuar con la explotación ilimitada a la que estaban acostumbrados.

Niñp deshollinador inglés

Niño deshollinador inglés, siglo XIX

Los niños eran imprescindibles en tareas tan riesgosas como la minería. Por su menor tamaño, podían desplazarse por socavones donde los adultos no cabían. Si morían o sufrían accidentes que los mutilaban, eran reemplazados de inmediato por otros niños deseosos de llevar algún dinero a su casa. Cuando los investigadores comenzaron a recoger testimonios de estos trabajadores prematuros y experimentados, descubrieron un ámbito al que la sociedad victoriana daba la espalda, aunque fundamentara el progreso que la hacía sentirse tan segura de su rol rector de la civilización occidental.

Trabajo en el pozo de Gawber. No es muy cansador, pero trabajo sin luz y tengo miedo. Entro a las cuatro y a veces a las tres y media de la madrugada y salgo a las cinco y media de la tarde. A veces canto cuando hay luz, pero no en la oscuridad; entonces no me atrevo a cantar. No me gustar estar en el pozo. Voy a la escuela los domingos y aprendo a leer. Me enseñan a rezar. He oído hablar de Jesucristo. No sé por qué vino a la tierra y tampoco sé por qué murió. (Sarah Gooder: citada en Informe de la Comisión Ashley)

Niños mineros 1909

Niños mineros 1909

Durante el siglo XIX, los niños estaban en las fábricas, tal como habían estado en las minas, con las mujeres que se encargaban de tareas tan livianas como el transporte de minerales. Su pequeño tamaño les aseguraba trabajos como el de deshollinador que debía introducirse en los hornos y las chimeneas para limpiarlos. Las fotografías de Lewis Hine, registradas a comienzos del siglo XX, revelan que tanto en Inglaterra como en los EEUU, dos de las potencias más desarrolladas de la época, el trabajo infantil era una modalidad incorporada a la rutina de la producción industrial.
Se trataba de un sistema difundido por todo el planeta. Cuando una comisión ministerial investigó en Argentina la situación de los trabajadores en 1902, expuso una realidad que molestaba a los sectores más progresistas de la sociedad, pero dejaba indiferente a la mayoría.

Entro en un taller mecánico en el centro de la ciudad. Trabajan en él ocho operarios [de los cuales, tres adultos]. Los otros son: un niño de doce años, analfabeto, dos de trece años con instrucción, uno de quince años y uno dieciséis, analfabetos; trabajan de sol a sol, sin intervalos, con una hora para comer a mediodía; los domingos hasta las once; y ganan diez pesos al mes. (…) El trabajo particular más o menos es todo así: la explotación del niño es la base. (Juan Bialet Masse)

La concepción actual de que el trabajo infantil constituye un abuso entre los muchos otros que sufren aquellos que no atinan a defenderse, que roba a los niños oportunidades de formarse y disfrutar la vida, es reciente y se la ha resistido tenazmente. En México se celebró en 1920 el Primer Congreso Mexicano del Niño, durante el cual se plantearon denuncias y propusieron medidas que corrigieran una situación que había sido ignorada por décadas, pero ni los empresarios estaban dispuestos a desprenderse del trabajo infantil, ni las familias pobres podían darse el lujo de hacerlo.
¿Cómo ignorar las ventajas del trabajo infantil? Ellos reemplazaban en muchas ocasiones al trabajo de las mujeres, que también cobraban poco, pero en algún momento se organizaban y protestaban contra las condiciones insalubres. Cuando ocurrían accidentes, los menores de edad eran presentados como los más probables responsables.
En lugar de encerrarse en una escuela, al cabo de un día de actividades remuneradas, un niño podía llevar a su casa, todos los días, una suma que permitía adquirir medio kilo de arroz, cuarto de azúcar, medio de café, cuarto de grasa y hasta un litro de aguardiente. Si era ahorrativo, gozaba de la oportunidad de pagarse una entrada al cine, que lo sumía en un universo fantástico de aventuras y lujo.
¿Cómo ha cambiado (o no) la situación en la actualidad?

El trabajo infantil sigue concentrándose en la agricultura, el servicio doméstico y el sector urbano no estructurado, por el simple hecho de que es ahí donde mejor se oculta a los pequeños de la vista del público. Los empleadores encubren la mano de obra infantil y en muchos países la mayoría de los niños explotados ni siquiera están protegidos por una legislación sobre el trabajo infantil; o cuando gozan de dicha protección, las personas encargadas del cumplimiento de la misma no llegan a ellos. (José A. Paja Burgoa: La Convención de los Derechos del Niño)

Niños mineros en Bolivia

Niños mineros de la actualidad en Bolivia

En la minería, tanto la del pasado como en el presente, el empleo de niños es cosa de todos los días. Ellos entran en sitios demasiado estrechos. Ellos son expuestos a situaciones tan peligrosas como la manipulación de explosivos. Ellos cobran menos y si no les ocurre nada, aprenden el oficio de sus mayores, mientras que si se quedan en el camino, hay otros dispuestos a reemplazarlos. Se ha calculado que unos 13.000 niños, hombres y mujeres, trabajan actualmente en la profundidad de las minas bolivianas de estaño, cinc y plata, 5.000 realizan labores parecidas en Colombia, 28 millones en la India (de acuerdo a los cálculos de Unicef) y miles en las minas de oro de Tanzania y Perú.

Niño obrero en fábrica de calzado en Asia

Niño obrero en fábrica de calzado en Asia

De vez en cuando hay denuncias que logran gran difusión, como la de elaboración de artículos de lujo (ropas deportivas, accesorios y calzado de marca) en fábricas de Asia o América Central que dependen del trabajo infantil. Nike, Adidas, Reebok, Monsanto y otras transnacionales elaboran a través de subcontratistas, millones de implementos deportivos en Asia, para ser exportados a los EEUU, gracias a la explotación de trabajadores infantiles. En el sur de la India, Filipinas y China, empresas textiles de Europa y los EEUU dependen del trabajo de niños y adolescentes, que les permite obtener enormes ganancias.

El trabajo infantil es un fenómeno de gran magnitud a nivel mundial y América Latina no es la excepción. Se estima que por lo menos 18 millones de niños entre 10 y 14 años se encuentran económicamente activos en países latinoamericanos. La mayoría (…) trabaja en el sector informal, cumpliendo jornadas excesivas por salarios que significativamente menores que aquellos pagados a los adultos por un trabajo equivalente. (OIT: Niños que trabajan en minería artesanal de oro en el Perú)

En la actualidad, en Bolivia, la ley prohíbe el trabajo en minas a los menores de 14 años, pero la Unión de Niños, Niñas y Adolescentes Trabajadores de Bolivia (UNATSBO) pretende que la edad límite se rebaje a seis años y rechaza la iniciativa presidencial de elevarla a dieciocho. A pesar de su juventud, ellos suelen ser el único sostén de sus familias. Si no trabajan, aunque sea en las condiciones tan inadecuadas que el mercado laboral les ofrece, no ven cómo ayudar a los suyos. Evo Morales, Presidente del país, ha contado su experiencia infantil como pastor de llamas y vendedor de helados.

No podemos decir que lo niños tienen que parar de trabajar y luego sentarlos en la calle; eso sería peor. (…) La pobreza lleva al trabajo infantil y el trabajo infantil perpetúa la pobreza. (Kari Tapiola)

Acerca de oscar garaycochea

Dramaturgo, guionista de cine, libretista de TV, docente especializado en dramaturgia audiovisual, blogger empecinado en aprovechar lo que le queda de vida en comunicarse.
Esta entrada fue publicada en Abuso infantil, Explotación infantil, Trabajo infantil y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s