LA INFANCIA ANTES DE LOS ACTUALES MEDIOS DE COMUNICACIÓN

niño celularUn video divulgado en You Tube muestra a una adolescente de Hong Kong víctima de una descomunal rabieta, manifestada en gritos y pataleo, mientras viaja en un tren urbano, al advertir que su teléfono celular se ha quedado sin batería. La escena, registrada por el Iphone de otro pasajero, inquieta por el descontrol exhibido en un espacio público, de alguien nacido en una cultura que otorga al decoro y la contención un valor supremo, tanto como la imposibilidad de que un desborde emocional que hubiera debido permanecer en la privacidad, porque avergüenza a su protagonista, sea divulgado instantáneamente por todo el planeta.

Antes de los teléfonos móviles y los mensajes de texto (hace apenas una década, a pesar de la incredulidad de los más jóvenes, a quienes probablemente les cuesta imaginar que el mundo existiera antes de nacer ellos) la comunicación a través de los medios se había desarrollado, si bien se encontraba reducida a límites que en la actualidad impresionan como los propios de un paraíso perdido, irrecuperable, en más de un sentido también temible, tal como la vida sobre el planeta es representada en películas de ambientación postapocalíptica. La inexistencia de la actual tecnología de las telecomunicaciones puede ser equiparada con un virtual fin del mundo, un desastre inaceptable, que sume en el pánico a quienes lo experimentan, apenas se lo atisba durante un corte de la energía eléctrica.

En Twitter o Facebook importa más entrar en contacto que comunicar contenidos. ¿No es eso lo que muestra el hecho que incluso en las reuniones niños y adultos miren obsesivamente sus Smart phones como esperando una noticia que podría cambiarles la vida? La explicación de este acto de apariencia obsesiva es que quienes manipulan insistentemente sus Smart pones no esperan una noticia (…) sino simplemente que “entre” algún mensaje, que alguien se ponga en contacto con ellos. (Carlos Peña: La fantasía de las redes)

niñas celularesUna de las quejas más frecuentes de los jóvenes, es la falta de atención que reciben de los adultos. Hay padres ausentes, por exigencias laborales o directa incapacidad para ejercer una función rectora de la prole, como hay jóvenes dispersos, inseguros, que no encuentran nada mejor que la oferta de las redes sociales para resolver su aislamiento.
La nueva generación da por sentado que debe permanecer disponible para la comunicación instantánea, conectada a las redes sociales todo el tiempo, como si de eso dependieran sus vidas. En los teatros e iglesias, se advierte a los concurrentes que los teléfonos tienen que ser apagados, porque en un caso deterioran la solemnidad del culto y en el otro dispersan la atención de otros espectadores. En las salas de clases, los docentes descubren las miradas nerviosas de los estudiantes, que a pesar de las avisos previos, consultan las pantallas de sus celulares, al amparo de los pupitres o disimulados entre sus ropas. En los aviones, los tripulantes informan a los pasajeros sobre la prohibición de utilizar los celulares durante el despegue o aterrizaje, para que no interfieran las comunicaciones con la torre de control, de las cuales depende la suerte de todos.
Los adultos que afirman conocerse desde hace años, observan los niños, rara vez se visitan, ni suelen llamarse por teléfono, porque le resulta más cómodo mandar un SMS. ¿Por qué los niños buscarían amigos y programarían actividades conjuntas, cuando pueden subir una foto a Facebook, a la espera de recibir respuestas de todo el planeta? Si adquieren equipos de última generación y pagan las facturas telefónicas, se abren para ellos la puertas del paraíso de la comunicación instantánea, universal.

No nos engañemos, el poder no tolera más que las informaciones que le son útiles. Niega el derecho de información a los periódicos que revelan las miserias y las rebeliones. (Simone de Beauvoir)

En el pasado, las empresas telefónicas hacían esperar durante años la instalación del servicio, un privilegio que de acuerdo a la opinión generalizada debía manejarse con responsabilidad (por eso, en algunos hogares había un pequeño reloj de arena junto al teléfono, no fuera cosa de hablar más de la cuenta). A veces había que pedir al usuario de una línea telefónica que hiciera el favor de llamar a un vecino, para que pudiera comunicarse con quien lo buscaba, una solicitud que nadie se negaba a atender, porque se daba por sentado que debía ser un asunto serio, que justificaba la molestia.
Hoy todo se hace por teléfono: se compran entradas para un concierto, se adquieren los artefactos milagrosos que anuncia la televisión y promete que habrán de ser entregados a domicilio; se responde a encuestadores que anuncian dos o tres preguntas y luego ocupan cuarto de hora, averiguando como sin darse cuenta si en la casa hay un auto, el ingreso del jefe de hogar y la posesión de electrodomésticos.
Las voces grabadas de los candidatos políticos confían a cualquier hora sus ofertas electorales. Se conmina a pagar el peaje (exponiéndose a sufrir multas desproporcionadas) por transitar autopistas que tal vez no fueron frecuentadas. Un familiar inexistente, cuya voz desesperada conmueve a un interlocutor elegido al azar, durante lo que se ha dado en llamar secuestro virtual, que acaba de sufrir un accidente de tránsito y necesita urgentemente que se le alcance todo el dinero que haya en la casa, para evitar que un policía corrupto cumpla con su deber.
Los niños que atienden el teléfono sin imaginar que no todo es lo que parece, se convierten en inocentes entregadores de sus parientes adultos, cuyos nombres y dirección suministran al primer intento de sonsacarlos.
Antes de Internet, se recurría al correo (el postal) para enviar cartas comunes, aéreas o certificadas, que podían tardar días o semanas en llegar a destino. También se recibía publicidad en el buzón de la casa, como se mandaban telegramas cortísimos y a pesar de ello costosos, que llegaban en las manos de mensajeros, tan solo en grandes ocasiones.
Antes de la computación, la gente escribía a mano o empleaba ruidosas máquinas de escribir, cuyas teclas, después de algún rato de trabajo, adormecían las puntas de los dedos, por tantos golpes. También se calculaban de memoria o con la ayuda de ábacos, las principales operaciones aritméticas, tal como se cultivaba con enorme cuidado la bella caligrafía, utilizando tinta, plumas de acero y papel secante (objetos desconocidos para los niños de hoy).television-familia-decada-del-cincuenta
Antes de la televisión por cable, no eran tantos los que tenían televisión en su casa, y ese privilegio los obligaba a abrir las puertas a los parientes y vecinos en las grandes ocasiones, como los partidos de fútbol o las novelas de la tarde. Conocer a los vecinos, ayudarlos en algunas circunstancias y ser ayudado por ellos en otras, reforzaba la sensación de seguridad de la gente. Los niños podían jugar en la calle, porque la comunidad los vigilaba. En momentos de apuro, se podía obtener de los vecinos una taza de azúcar o un préstamo en dinero.
Antes de la televisión herziana, la radio mantenía bien informada a la gente respecto del ámbito nacional. La posibilidad de recibir las señales de onda corta, proveniente de otros países, presentaba dificultades de recepción, que en cada hogar se intentaba remediar instalando ingeniosas antenas de alambre. Sintonizar la radio era un privilegio que cada familia otorgaba a diferentes integrantes, de acuerdo a la hora y los compromisos de cada uno.
A la hora de las comidas y durante los fines de semana, lo más probable era que el padre decidiera qué iban a oír todos (por ejemplo la transmisión de los partidos de fútbol) porque había una sola radio en toda la casa, era un artefacto pesado, que no se movía demasiado. A ciertas horas de la tarde, había una programación dedicada a los niños, en la que se dramatizaban las aventuras de Tarzán, Dick Tracy o El Llanero Solitario o se hacían concursos para niños talentosos, que cantaban a recitaban. La totalidad de la programación radial no era menos adecuado para los auditores más jóvenes, porque el lenguaje de los personajes reales era siempre pulcro y las ficciones románticas destinadas a la audiencia femenina permanecían en un plano de abstracción lindero en el cuento de hadas.padre hijo
Antes de la radio, los niños no estaban olvidados, porque tenían acceso a un contexto familiar y vecinal que podía ser reducido territorial e intelectualmente, pero de todos modos resultaba adecuado en relaciones interpersonales. Los adultos toleraban a los niños en su vida cotidiana, se comunicaban con ellos, los mantenían bajo control. Ir a la escuela les brindaba a los niños la deseada oportunidad de ampliar sus mentes con datos de la Historia y la Geografía, que de haberse marginado de la instrucción formal no les hubieran llegado. Educarse era un privilegio, no una carga.
El acceso de los niños a la prensa era infrecuente y aquella destinada a su grupo etario se dividía entre lo didáctico y el entretenimiento simple y llano. Los chismes sobre gente conocida del entorno, los rumores inexactos sobre la actualidad, circulaban rápido, pero de boca en boca, porque la gente se conocía y esperaba esa comunicación, que ocurría de casa en casa, en las veredas, a través de las medianeras, durante las coincidencias en la calle o la visita a los comercios.niños+leyendo_Walter+Firle
Antes del cine (esto quiere decir, antes de que se iniciara el siglo XX) el teatro era una diversión emocionante, que se encontraba disponible tan solo en ciudades grandes y muy rara vez en los pueblos, cuando llegaba alguna compañía en gira.
Antes de la prensa, a comienzos del siglo XIX, la mayor parte de la gente vivía instalada en el círculo estrecho de la familia, de los vecinos, el pueblo. Los niños podían moverse con cierta libertad, jugar en la calle, hacer amigos, porque no se consideraba que hubiera en eso ningún peligro.
Las niñas tenían menos libertad de acción que los varones, porque los adultos esperaban de ellas que armaran una buena imagen y no suscitaran las habladurías de la comunidad. Por eso no era raro que estuvieran menos informadas y dependieran en gran medida de los mitos y rumores que hacían circular otras mujeres, sus parientes y amigas. Las noticias de actualidad llegaban tarde y nunca, filtradas por una prensa ocasional y la comunicación boca a boca.

Los diferentes medios de comunicación, nunca serán un sustituto para la cara de alguien que alienta con su alma a otra persona a ser valiente y honesta. (Charles Dickens)

Cualquier mensaje escrito se demoraba en el pasado varios días o semanas en llegar al destinatario, debía superar en ocasiones grandes riesgos de extraviarse en el camino, y por lo tanto se cargaba de importancia para el emisor y el receptor.
La expectativa de abrir una carta que hubiera superado tantos obstáculos, que había sido escrita por alguien conocido, nadie sabía cuándo, es una sensación desconocida para los actuales usuarios del instantáneo Whatsapp. Ahora es efectivamente ahora (quizás algunos segundos antes) y no importa dónde se encuentren ubicados el emisor y el receptor. Si todos los elementos involucrados en la comunicación dan lo mismo, si se ha impuesto una tarifa plana para las llamadas telefónicas locales o nacionales, ¿qué importancia adquiere lo que se escriba o fotografíe?
Los telegramas del pasado, se cobraban por cada palabra que incluían; por lo tanto, se escribían solo en grandes ocasiones y se reescribían minuciosamente, con la atención que un poeta dedica a un poema, hasta conseguir la comunicación más precisa, utilizando la menor cantidad de palabras. En la actualidad, cualquiera puede producir y difundir desde cualquier sitio y sin mayor esfuerzo, palabras e imágenes fijas o en movimiento, con las cuales da forma a sus sentimientos.

El propósito de los medios masivos no es tanto informar y reportar lo que sucede, sino más bien dar forma a la opinión pública de acuerdo a las agendas del poder corporativo dominante. (Noam Chomsky)

Si se suprime la conexión actual con las redes sociales, si se anula la televisión, si se deja fuera del aire a la radio, si se imagina la vida sin el teléfono ni el cine, si se olvida la existencia de la prensa escrita, una situación que era normal hace dos siglos, se descubre una disponibilidad de tiempo y energías que probablemente se dedicaba entonces a otras actividades, como el trabajo manual, las conversaciones con los parientes, la lectura, más productivas que el interminable vagabundeo por la red que ocupa hoy a los más jóvenes, aunque fueran menos entretenidas.
Los adultos que detentaron el monopolio de la transmisión del conocimiento y la imposición de valores. presentándose a la vez como los modelos de las mentes juveniles, ya no tienen hoy la misma importancia para los jóvenes.
La irrupción de los medios masivos, desde que la prensa escrita comenzó a desarrollarse en el primer tercio del siglo XIX, desarticuló un sistema que había permanecido sin grandes cambios durante milenios. El horizonte se ampliaba, reduciendo el poder de la comunicación interpersonal y trasladando el centro del proceso a la naciente (y muy rentable) industria cultural. Volver atrás no parece posible.

¿Se puede realmente diferenciar entre los medios de comunicación de masas como instrumentos de información y diversión, y como medios de manipulación y adoctrinamiento? (Herbert Marcuse)

Acerca de oscar garaycochea

Dramaturgo, guionista de cine, libretista de TV, docente especializado en dramaturgia audiovisual, blogger empecinado en aprovechar lo que le queda de vida en comunicarse.
Esta entrada fue publicada en Educación represiva, Estímulo de la orfandad, Modelos de comportamiento infantil, Niños en redes sociales, Padres desaprensivos y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s