USO Y ABUSO DE NIÑOS: EL SEXO

Böttner: Zeus y Ganimedes

Böttner: Zeus y Ganimedes

Ganimedes, joven pastor de Frigia, es raptado por Zeus, bajo las apariencias de un águila, que lo conduce volando al Monte Olimpo, donde moran los otros dioses y lo convierte en el copero de sus banquetes, a pesar de los fundados celos de Hera, su esposa. El chico no se resiste (si lo hiciera, una vez iniciado el vuelo, se estrellaría contra el suelo). En el mundo antiguo, la edad y el sexo del objeto deseado no tienen la menor importancia para quien tiene el poder de elegirlo. Con el objeto de asegurarse el consentimiento del padre de Ganimedes, un procedimiento que legaliza todo lo sucedido, Zeus le informa que lo ha convertido en un (sirviente) inmortal.

Magro consuelo para Ganimedes. No envejecer, en su caso, es conservar la apariencia seductora, que los seres humanos pierden inevitablemente con el paso del tiempo, cuando evolucionan y llegan a otra etapa de sus vidas. Bastan pocos años, para que aquel que en un momento pudo atraer a un pedófilo, le resulte indiferente, por lo que lo más probable es que antes se dedique a la búsqueda de otra víctima. ¿Por qué habría de detenerse?

Neil Labute: Your Friends & Neighbours

Neil Labute: Your Friends & Neighbours

Una escena aterradora del filme de Neil Labute Your Friends & Neighbours, muestra a tres buenos amigos adultos compartiendo un sauna. Puestos a comparar sus experiencias sexuales más satisfactorias, uno de ellos relata la violación colectiva de un compañero estudiante, en la que participó cuando todos eran adolescentes. Rara vez suele oírse la voz de un pedófilo que reconoce su situación, como sucede en este caso. El personaje no se defiende, ni se arrepiente de nada. Por lo contrario, confiesa ante quienes imagina que van a solidarizar con él, que disfrutó ese momento mucho más de lo que ha experimentado con mujeres posteriormente.
El monólogo demuestra que ha conseguido elaborar una sofisticada justificación de lo sucedido: la víctima terminó aceptándolo a él, que era el último en la fila de los agresores; más aún, relata satisfecho, colaboró moviéndose para incrementar su disfrute.
La banalidad del mal, definida por Hannah Arendt a propósito del comportamiento de los dirigentes nazis, responsables durante la Segunda Guerra Mundial de la muerte de millones de víctimas, reaparece en las historias de estos abusadores insospechables, por cercanos y sonrientes, que gozan de una impunidad temible y no es improbable que fueran admirados inicialmente por aquellos a quienes depredan.

Lo que inquieta del abuso sexual de niños es la forma en que esta realidad repercute en nuestro universo de certidumbres cotidianas; sería más tranquilizador encontrar evidencias exteriores de monstruosidad en sus autores. Deberían ser francamente diferentes a nosotros. Y si no lo son, deberíamos deshacernos rápidamente de ellos. (Irene Intebi: Abuso sexual infantil: en las mejores familias)

Lewis Carroll: Retrato de niña como mendiga.

Lewis Carroll: Retrato de niña como mendiga.

La imagen del otro como simple objeto del placer unilateral de un adulto, no queda limitada a la utilización de niños, puesto que utiliza a otros adultos que se prostituyen, pero es con los niños con quienes se revela de manera más cruel. Ellos parecen destinados a convertirse en las víctimas ideales, porque no han adquirido aún la conciencia de lo que es correcto y lo que no lo es, de lo aceptable y lo inaceptable, y en tal caso, es probable que no atinen a defenderse.
Si lo intentan, van a pasarlo todavía peor, se les han advertido los abusadores, con el objeto de controlarlos mejor. Si logran superar la vergüenza y cuentan lo que sufrieron de manos de personas cercanas y respetadas por la comunidad, sus parientes, docentes o guías espirituales, hay demasiadas posibilidades de que nadie les crea.
El climax de The Lost Child, un capítulo de la serie televisiva inglesa Prime Suspect, consiste en la confesión involuntaria de un policía maduro, que fue abusado en la infancia. Muchos años después de haber ocurrido, la herida sigue tan abierta como al comienzo. Continúa siendo algo indecible y al mismo tiempo no deja de manifestarse en actos autodestructivos de la víctima, que no consigue superar el desconcierto.
De algún modo retorcido, puede sentir, colaboró en su desgracia, puesto que no ofreció ninguna resistencia (o al menos suficiente resistencia como para evitar que le sucediera). Para el niño abusado, no suele haber otras alternativas que someterse a quienes lo sedujeron o atormentan, en la esperanza de que esa entrega incondicional les reserve el premio de sufrir menos.

Caperucita Roja de Crane

Caperucita Roja de Crane

¿Quién presta atención a las quejas de los niños? ¿Qué se puede hacer con esos datos que en mala hora llegan a la luz? El panorama que se abre ante quienes se ven obligados a darse por enterados (maestros, terapeutas, confesores, amigos, parientes), resulta demasiado perturbador, como decidió Sigmund Freud, al oír las repetidas historias de abusos sexuales que le presentaban sus pacientes, al punto de decidir que no podían ser ciertas y se trataba de meras fantasías de sujetos neuróticos, nacidas de sus mentes perturbadas, sin demasiado asidero en la realidad.
Si algo parecido hubiera sucedido, se pensaba entre los médicos de la época, no podía ser atribuido a los parientes cercanos, como afirmaban los pacientes, sino al personal doméstico, que aprovechaba el descuido de los padres. De cualquier modo, se pensaba, al pasar el tiempo y madurar la víctima, la memoria del abuso iría debilitándose hasta desaparecer.
Esa perspectiva tan optimista no es la que predomina en la actualidad, porque se ha comprobado que un gran porcentaje de consultas por abusos sexuales corresponden a adultos que pasaron por esa situación durante la infancia. Ellos manifiestan estrés postraumático, baja autoestima y diversas formas de insatisfacción.

La visibilización del abuso sexual en la infancia ha producido reacciones negativas y violentas (…) cuando se comenzó a observar que no se trataba de un fenómeno de las clases sociales empobrecidas (…), que no era patrimonio de la escoria social, sino que atravesaba todas las clases sociales y esto produjo una reacción de quienes se sintieron cuestionados y dieron muestra de que hay un abuso de poder detrás (…) del delito, que intenta desalentar a los terapeutas que se ponen a trabajar en aquello que para Naciones Unidas es considerado el crimen encubierto más extendido de la humanidad. (Jorgelina Beatriz Butta: Del silencio a la palabra)

Los niños dan a entender lo que han sufrido, pero no siempre con palabras, ni ante aquellos que pueden brindarles la protección o la justicia que necesitan. Pierden el sueño y el control de los esfínteres, se vuelven retraídos, hipocondríacos, se refugian en el consumo de drogas, no logran concentrarse en sus tareas escolares, reaccionan violentamente, al punto de intentar suicidarse, ante circunstancias que no permitían esperar una respuesta como esa.
¿Cuán articulados llegan a ser los reclamos de los niños que pasan por situaciones traumáticas? El pudor impide que gran parte de los abusos lleguen a ser descritos con palabras. No es fácil hablar de algo parecido, ni siquiera para un adulto. No se dispone de un vocabulario adecuado, la experiencia de lo que habitualmente se permite decir o lo que se debe callar en el seno de una familia o la escuela, les advierte que no está bien visto referirse a circunstancias como esas.
Las niñas son las víctimas más frecuentes de la violencia sexual ejercida por adultos. Cuando la víctima es un varón, sabe que al denunciar lo que sufrió corre el riesgo de quedar marcado como homosexual, si el victimario fue un hombre, o como un imbécil que teme asumir su virilidad, si fue una mujer quien lo acosó.
Los profesionales utilizan muñecos para que los niños que carecen del vocabulario preciso y se encuentran demasiado afectados por la experiencia, grafiquen sin embargo las situaciones que vivieron. Durante los testimonios de niños ante un Tribunal, se les permite que declaren por circuito cerrado de televisión, para evitar que los reconozcan posteriormente y sufran estar en presencia de aquellos que los agredieron.
Como consuelo, si es posible imaginar algún alivio, la duración del abuso no promete ser eterna para las víctimas infantiles. Al crecer, dejan de resultar atractivas para los adultos que las utilizaban, y por lo tanto proceden a buscar otros objetos eróticos que los estimulen y se encuentren dotados del breve encanto de la novedad.

Rehenes de Boko Haram

Rehenes de Boko Haram

Hacia 2014, de acuerdo la Organización de las Naciones Unidas, comenzaron a detectarse matrimonios forzados y violaciones masivas de niñas de Nigeria, Somalia, Mali, Siria e Irak, atribuidas a grupos militarizados que se plantean aterrorizar y exterminar a minorías religiosas y étnicas. Malala Yousafzai, Premio Nobel de la Paz de 2014, denunció el fracaso de las gestiones internacionales para rescatar a las 276 niñas nigerianas secuestradas por el movimiento Boko Haram y destinadas a convertirse en premio entregado a los militantes o elementos de canje para obtener del gobierno la liberación de los miembros encarcelados del grupo.

Cuando una mujer queda embarazada como consecuencia de una violación y se ve obligado a llevar a término la gestación, suele suceder que su comunidad la rechaza, con lo cual la mujer sufre doble y triple violencia, por una parte es violado, el tener el hijo supone rechazo de su comunidad y en tercer lugar mujer se rechaza a sí misma por no haber resistido, por haber sobrevivido y por el deshonor que ha comportado a la familia. (Tica Font: Secuestro de niñas en Nigeria, violencia sexual, instrumento de guerra)

Cuando las niñas son recuperadas, más de un año después, la mayoría está embarazada y los trastornos emocionales que pueden haberlas marcado resultan difíciles de prever.

Acerca de oscar garaycochea

Dramaturgo, guionista de cine, libretista de TV, docente especializado en dramaturgia audiovisual, blogger empecinado en aprovechar lo que le queda de vida en comunicarse.
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