SUEÑOS Y PESADILLA DE NIÑOS HECHOS A LA MEDIDA

¿Por qué tiene la sensación de que se ha traspasado una línea, de que se ha transgredido una frontera? ¿Cuánto es demasiado? ¿Cuándo se ha ido demasiado lejos? (Margaret Atwood)

Boris Karloff en Frankenstein

Boris Karloff en Frankenstein

Un científico de comienzos del siglo XIX, el doctor Viktor Frankenstein, imaginado por Mary Shelley, desafiaba en la ficción los límites que al parecer Dios había puesto a los seres humanos: solo podían crecer y reproducirse, mientras recurrieran a los engorrosos procedimientos de la naturaleza; pero no estaban autorizados para competir en ningún caso con Dios, en la creación artificial de vida.
Ya se sabe cómo le fue al doctor Frankenstein: creó un monstruo adulto, cosiendo las partes extraídas de seres humanos muertos, un engendro alimentado por la electricidad del cielo, que no tardó en rebelarse contra su creador, cometió una seguidilla de crímenes horribles y (suprema ironía) pasó a ser recordado por el nombre de aquel que le había dado vida con otros propósitos, bastante más nobles.

Aldous Huxley

Aldous Huxley

No tuvieron mejor suerte los científicos y políticos organizadores del sistema descrito en Brave New World (Un mundo feliz) la novela de Aldous Huxley publicada en 1932. Gracias a la inseminación en probeta, en un futuro no distante, los seres humanos serían engendrados en fábricas regidas por la ética de la producción en cadena (eso explica que Henry Ford ocupe el sitio que el monoteísmo reserva tradicionalmente a Dios).
La sociedad perfecta y uniformada que desarrolla la clase dirigente, termina con la variedad para muchos incómoda del mundo actual, mientras resuelve todos los conflictos. Todos pasan a ser iguales, dentro de alguna de las cinco castas disponibles (en las que no tiene ninguna relevancia la “raza”. Mientras los alfas y sus sirvientes, los betas, se encargan de funciones directivas, los gammas, deltas y epsilones se someten y sostienen a la clase ociosa. Todos los individuos de una misma casta, gozan de parecidas oportunidades y el Estado vigila que no desaprovechen las oportunidades que se les ofrecen; todos se encuentran sometidos a diseños que se consideran inmejorables.
Las búsquedas actuales son otras, bastante más efectivas, pero no por eso menos alarmantes. Para Mary Shelley y Aldous Huxley, el territorio de la experimentación que desafía todos los tabúes, es el ser humano. Para los investigadores del siglo XXI, hay aplicaciones tales como el desarrollo de nuevos combustibles que no contaminan el ambiente, o la generación de nuevos alimentos resistentes a las plagas. Nada en este mundo parece resultarles ajeno.

En el comienzo de la era de recombinación del ADN, la lección más importante que aprendimos fue que la confianza pública en la ciencia requiere la mayor transparencia y discusiones abiertas. Esa lección se amplifica hoy con la aparición de la tecnología de CRISPR-Cas9 y los inminentes planes de ingeniería del genoma. (Hank Greeley et al: A prudent path forward for genomic engineering and germline gene modification)

Jennifer Doudna

Jennifer Doudna

Jennifer Doudna es un personaje real, trabaja en los laboratorios de biotecnología de una institución que tampoco es imaginaria, la Universidad de California. Desde hace algunos años, ha desarrollado CRISP-Cas9, una técnica descrita como económica (una inversión de U$ 30 bastaría para efectuar el experimento), sencilla, fácil de aprender, que permite recortar segmentos no deseados del genoma de cualquier célula, lo mismo da si es vegetal o animal, por lo que nada impide pensar que también se incluyan aplicaciones al genoma humano. Ella no está sola en esa institución. Una multitud de científicos de todo el planeta, se encuentra explorando el mismo tema en la actualidad, y los resultados no se hacen esperar.

En cierto punto tienes que preguntarte: ¿Qué pasaría si pudiéramos erradicar ese riesgo del genoma [responsable del cáncer de mama] de una persona y de todas sus futuras generaciones? ¿Cuándo un riesgo tiene más importancia que otro? (Jennifer Doudna)

Los biotecnólogos de la universidad suiza ETH “suprimieron” experimentalmente, en 2013, las alteraciones en el genoma humano responsables de la fibrosis quística, mientras en China se anunciaba que había “suprimido” en ratones la mutación responsable de las cataratas oculares. Científicos de la Universidad de Texas anunciaron en 2014 que habían “reparado” el genoma de ratones, con el objeto de evitar la distrofia muscular. En julio de 2015 la Universidad de California anuncia que se ha logrado destruir los receptores que el VIH emplea para introducirse en el sistema inmune de los seres humanos. En el Hospital de Niños de Boston, se publica en septiembre de 2015 que los investigadores han logrado corregir los “errores” de células humanas consideradas responsables de la anemia depanocrítica (que causa insuficiencia cardíaca y ceguera).
Dios (para los creyentes) o la evolución natural (para los agnósticos) tardaron millones de años en dar forma a las formas de vida que hoy conocemos, con todas sus imperfecciones (las enfermedades) y dejando en el camino más de un experimento fallido (como los dinosaurios o el hombre de Neanderthal). El profesor George Church, que enseña en la Universidad de Harvard y el MIT, insertó no hace mucho genes de mamut en células de elefantes. La utopía del filme Jurassic Park deja de ser una fantasía aterradora, para convertirse en algo que puede ocurrir en poco tiempo más. De pronto, la obra magna de Dios o la evolución puede ser editada a voluntad por científicos de todas partes, con las más opuestas intenciones.
Adolf Hitler pretendía eliminar a millones de seres humanos a quienes consideraba una amenaza para el pueblo alemán, entre otros motivos, por ser miembros de una raza inferior. Si corregirlos era imposible, la muerte debía encargarse de poner fuera de circulación su herencia. La genética actual no se ve a sí misma como un proyecto tan cruel. Solo se trataría de corregir errores, evitar sufrimiento, reparar lo que puede dañarse, reforzar las defensas naturales de la especie.
Quedan en pie varias dudas, sin embargo. ¿Qué sucedería con técnicas tan refinadas, si cayeran en manos de dementes que no buscan el bien de los seres humanos, sino, por ejemplo, su obediencia incondicional o la extinción de un determinado grupo? ¿Qué pasaría si se las explotara para controlar un mercado o imponer una imagen narcisista del mundo?

Adolf Hitler y los niños en 1933

Adolf Hitler y los niños en 1933

La pesadilla surge de la mentalidad consumista que en la actualidad se ha impuesto en buena parte del mundo contemporáneo. ¿Qué sociedad perfecta sería aquella donde los criterios racistas que tuvieron acogida favorable promediando el siglo XX, cuando los nazis los utilizaron en la Operación Lebensborn y en el exterminio de millones de judíos, se aplicaran a la generación de millones de bebés rubios, de ojos azules, como plantean hoy los modelos utilizados en los juguetes infantiles y la publicidad televisiva? Los clones de Barbie y Ken pueden ser encantadores juguetes para los niños, pero la posibilidad de convertirlos en modelos de seres humanos, producidos en serie y uniformados por la mentalidad que divulgan los medios, solo corresponde a una pesadilla.

Ken y Barbie

Ken y Barbie

Los japoneses gastan fortunas tratando de redondear los ojos rasgados con los que nacieron. Los afrodescendientes luchan durante toda la vida con el objeto de aclarar la piel y alisar sus cabellos ensortijados. Los nórdicos encuentran más atractivo el cabello oscuro que el rubio predominante entre ellos, mientras que los italianos o griegos parten de la circunstancia opuesta y para llamar la atención se tiñen de claro el pelo. En China, los padres prefieren tener hijos varones y ven a las niñas como un estorbo, del que no dudan en librarse (antes de las ecografías mediante el infanticidio, ahora recurriendo al aborto).

Ingeniería genética

Ingeniería genética

Gracias a la ingeniería genética, se deberían satisfacer las aspiraciones a un mejoramiento de la descendencia, válido para la próxima generación y las que sigan, una perspectiva que no puede ser más tentadora para los padres obsesivos. Hay aspiraciones legítimas, pero de todos modos superficiales o ajenas a toda consideración ética, que manifiestan los padres respecto de sus características personales y las de sus hijos. Mientras pueden obtener soluciones parciales (ojos más redondos, pelo más liso) que ellos disfrutan, no conseguían legar esas cualidades a sus hijos.
En el mundo antiguo, los niños que nacían con defectos evidentes (o cuando llegaban al mundo en una familia demasiado numerosa, que costaría alimentar) eran abandonados fuera de las ciudades, para que murieran víctimas del clima o el ataque de los animales. Aristóteles, previsor, proponía el aborto para evitar el infanticidio, pero el código de Hipócrates lo prohibía.
Cuando los niños sobrevivían, no se los dejaba crecer a su antojo. Platón creyó útil incorporar a su descripción de la sociedad perfecta, indicaciones prácticas sobre la crianza de niños. Las nodrizas debían estar siempre pendientes de ellos. No era conveniente hacerles mimos, porque conseguirían volverlos irritables y caprichosos. Tampoco se debía castigarlos, porque eso generaba niños temerosos y solitarios. El juego era la principal herramienta educativa aplicada a niños y niñas por igual, desde los tres años a los seis. Castigarlos demasiado por sus faltas era una decisión imprudente de los adultos, porque solo conseguía que los educandos se volvieran resentidos y se cobraran las afrentas en el futuro.
A los siete años, niños y niñas debían separarse. Para Platón, a diferencia de lo que pensaba el común de los contemporáneos, las mujeres debían recibir una instrucción similar a la masculina. Hoy, la posibilidad de intervenir la mente y el cuerpo de los ciudadanos, para estimular apetitos que deberían saciarse en el mercado, y calmar su descontento mediante la tentadora oferta de la industria cultural, no son hipótesis que cuesta imponer a nadie, sino la realidad cotidiana.
Partiendo de un régimen político opuesta al que imaginó Aldous Huxley (de ningún modo el socialismo burocrático de Stalin, sino el capitalismo de las grandes corporaciones transnacionales), se puede llegar a resultados parecidos: un mundo poblado por una humanidad transgénica, uniformada y regida por impulsos tan superficiales y ajenos a la racionalidad, como los explotados por el marketing.

El límite existente entre la terapia y las medidas eugenésicas es difícil de establecer. (…) La singularidad individual, así como la imperfección humana, vienen dadas por su misma naturaleza. En caso de querer medir al hombre de acuerdo a una norma imaginaria, para manipularlo genéticamente hacia esa norma, se actuaría contra la ley fundamental y se dañaría profundamente su dignidad. (Comisión Benda)

Ethan Hawke y Jude Law en Gattaca

Ethan Hawke y Jude Law en Gattaca

Gattaca, un filme de ciencia ficción que pasó desapercibido, durante su estreno en 1997 y luego se convirtió en objeto de culto, muestra un futuro donde la genética se ha erigido en principio rector del Estado. Los individuos son encasillados de acuerdo a su mayor o menor corrección genética. Aquellos que ostentan el patrón aceptado, gozan de ventajas de todo tipo, mientras que el resto debe aceptar (agradecido) su condición de sirvientes.
No parece casual que las ficciones que plantean un futuro transgénico, en lugar de enfatizar las ventajas que mencionan los científicos, tomen partido por los individuos perseguidos, marginados e imperfectos. Ellos se oponen a la mayoría, que representa la normalidad, lo establecido, una perfección tan monótona como odiosa. Hay una fuerte desconfianza hacia los proyectos que prometen superar las limitaciones habituales de la humanidad. ¿Qué ocultan, o en todo caso, cuál es el efecto secundario que no fue previsto y no tardará en manifestarse?

Village of the Damned

Village of the Damned

Los niños perfectos de The Village of the Damned, el filme de 1960 basado en una novela de ciencia ficción de John Wyndham, son frutos de una colectiva inseminación extraterrestre, y se los muestra todo el tiempo como figuras bellas y malvados, carentes de cualquier atadura con los seres humanos con quienes se encuentran emparentados. Las probables mejoras que se han incorporado a sus cuerpos y mentes, no incluyen mayor conciencia moral, ni hay evidencias de solidaridad o piedad. Son colonizadores y llegan para dominar.
Probablemente esa es la imagen amenazante que debe superar la ingeniería genética. Ignora adónde la conducen sus proyectos. Las diferencias entre los seres humanos desconciertan, no se atina a encararlas adecuadamente, pero la perfección asusta.

Acerca de oscar garaycochea

Dramaturgo, guionista de cine, libretista de TV, docente especializado en dramaturgia audiovisual, blogger empecinado en aprovechar lo que le queda de vida en comunicarse.
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