NIÑOS EN TRATO CON EL DEMONIO

Niños en Halloween

Niños en Halloween

En la noche de Halloween, los niños de muchos países se disfrazan de personajes horribles (zombis, monstruos, demonios) y salen en grupos a la calle, ese territorio en el que ya no se atreven a jugar, porque se ha revelado peligroso para ellos desde hace un tiempo. Durante Halloween, los niños tocan las puertas de los vecinos y exigen que se les entregue golosinas para irse a otra parte. Solo se trata de un juego consentido. Ni ellos van a causar ningún daño a quienes se niegan a complacerlos, ni los van a acusar de ser lo que simulan. El juego, puesto que no cabe entenderlo de otro modo, solo puede ser tomado como una diversión que nadie toma en serio. Los disfraces desaparecen del vestuario de los niños un par de horas más tarde, tal como desaparecen los gestos amenazantes. Pasado Haloween, la calle volverá a ser un sitio que temen frecuentar.

William Friedkin: The Exorcist

William Friedkin: The Exorcist

Una película de terror como The Exorcist (1973) de William Friedkin, centrada en la historia de una niña poseída por el Demonio, que habla lenguas desconocidas, revela una fuerza sobrehumana y desafía las leyes de la gravedad, aunque sea disfrutada por millones de espectadores, se exhibe en una época en la que ya no se encuentra vigente el mismo temor que en el pasado se tenía por el Maligno.

¿Hay que retroceder a otras épocas para hallar niños que dialogan con el Demonio? La historia de Regan, protagonista de The Exorcist, se inspira en la de Robbie Mannheim (no es el nombre verdadero, sino aquel con el que se intentaba protegerlo) un adolescente de catorce años, ocurrida en 1949 en los EEUU. Harriet, una de sus tías espiritista, le habría enseñado a utilizar la tabla de la Ouija, para entrar en contacto con los espíritus. Después de la muerte de la mujer, Robbie comenzó a buscar la manera de continuar hablando con ella. Al parecer, no se necesitaba mucho más para entregarlo al Demonio.

En su casa, afirmaron los testigos, ocurrían sucesos inexplicables, como luces que se encendían y apagaban solas, objetos que flotaban, crucifijo que se sacudía en una pared, olores nauseabundos. Después de haber sido expuesto al ritual del exorcismo, el sacerdote logró expeler al Demonio un Viernes Santo. ¿Cuánto de esto pudo ser real y cuánto imaginación de gente predispuesta a dar una explicación sobrenatural de cualquier síntoma siquiátrico?

Juan Pablo II, se informó varios años después de su muerte, participó personalmente en dos exorcismos durante su pontificado. Era el primer Papa que intentaba algo parecido en cuatro siglos. De acuerdo a los testigos de 1982:

Francesca no hacía más que escupir y revolcarse por el suelo. Las personas que rodeaban al Papa no daban crédito a lo que veían: “¡Nunca habíamos presenciado una escena como la que se describe en los Evangelios!” reconocían admiradas. (…) Su exorcismo fue de cierta eficacia, aunque, siendo sincero, debo añadir que para liberar a Francesca se requirieron cinco años enteros de bendiciones. (Gabriele Amorth)

Hrabado medieval: Entrega de niños al Demonio

Hrabado medieval: Entrega de niños al Demonio

Para la mentalidad moderna, el tema del Demonio no importa demasiado. Es parte de un folclore superado. Según la perspectiva cristiana, esa confianza en la ineficacia o inexistencia del Demonio, sería una señal inequívoca de su victoria sobre los seres humanos.  Los niños de quienes se decía que tenían “el diablo en el cuerpo”, no pasaban de ser chicos revoltosos, hiperactivos y desocupados, a quienes los padres no lograban disciplinar como hubieran debido.

Daniel Radcliff como Harry Potter

Daniel Radcliffe como Harry Potter

Las novelas de Harry Potter que hicieron la fortuna de J.K. Rowling, su autora, han establecido una imagen pintoresca y entretenida de un grupo adolescentes brujos, que viven en un mundo aparte de sus familias, riesgoso pero al mismo tiempo excitante, en oposición a la rutina de sus lectores y espectadores. Siempre pasa algo imprevisible en ese mundo paralelo, siempre se presentan nuevos conflictos que habitualmente superan gracias a su ingenio. La existencia de los jóvenes brujos, en la ficción de Rowling, se revela tan emocionante y envidiable como pasar un fin de semana en algún parque de diversiones.

La realidad suele ser algo que no coincide con la ficción. En la Europa medieval, cuando los niños lloraban más de la cuenta, eran denunciados por sus padres como posibles instrumentos del Demonio, que deseaban poner a prueba la paciencia de los adultos, ante los mismos clérigos que juzgaban a las mujeres sospechosas de brujería, torturándolas para que confesaran, y a continuación las condenaban a la hoguera. Por eso los niños eran exorcizados al mismo tiempo que se les administraba el bautismo (si el niño lloraba al recibir el agua bendita, se daba por supuesto que daba salida al Demonio). Si por cualquier motivo los niños no demostraban el cariño y respeto que debían demostrarle a sus padres desde la más temprana edad, se hacían merecedores de castigos corporales y se les anunciaba las penas del Infierno.

A comienzos del siglo XVII en hubo en Logroño, en el país vasco español, una epidemia de histeria colectiva en torno a la brujería. Los inquisidores que habían llegado al lugar, invitaron a autodelatarse a quienes hubieran tenido tratos con Satanás. Pronto fueron centenares aquellos que estaban dispuestos a hacerlo. Decenas de niños impresionables comenzaron a soñar lo mismo: durante la noche, afirmaban, ellos volaban y eran transportados al aquelarre. Al incluir el nombre del pastor que aparecía  en esos sueños, consiguieron que fuera perseguido y encarcelado, como si realmente hubiera participado en ese tipo de actividades. Al cabo de un par de años, la histeria colectiva pasó, dejando una estela de víctimas torturadas y muertas.

En asuntos tan serios como esos, los testimonios infantiles podían ser tan válidos como aquellos de adultos. Cuando alguien los ponía en duda, como hizo el inquisidor Alonso de Salazar Frías, despertaba la desconfianza de sus colegas, convencidos de actuar adecuadamente.

¿Hemos de creer que en tal o cual ocasión hubo brujería, solamente porque los brujos así lo dicen? No, no debemos creer a los brujos, y los inquisidores creo que no deberán juzgar a nadie, a menos que los crímenes puedan ser documentados con pruebas concretas y objetivas, lo suficientemente evidentes como para convencer a los que las oyen. (Alonso de Salazar Frías)

Niños brujos en África

Niños brujos en África

La posibilidad de que haya niños implicados en tratos perversos con el Demonio, no ha perdido vigencia, revela la prensa de 2013, cuando casi 800 menores son acusados de brujería en Togo, en el África subsahariano, por sus parientes y vecinos. Puede ser que se trate solo de niños revoltosos o violentos, que no aceptan las decisiones de los adultos, pero a veces los discriminan también por ser más inteligentes o atractivos que el resto. El bullying muestra aquí su versión primitiva: hay que eliminar de la comunidad a todos aquellos que se aparten del promedio.

Niño brujo en Congo

Niño brujo en Congo

Las misiones salesianas brindan refugio a algunos niños acosados, pero no consiguen desarticular la mentalidad que motiva esas acusaciones. Los curanderos y estafadores persiguen a los padres de los niños sindicados de ser brujos, prometiéndoles oraciones y tratamientos que (previo pago de comisiones) podrían liberarlos de los malos espíritus. Cuando los padres no tienen dinero para financiar la cura, optan por abandonar a sus hijos, sin importar la edad, para que se valgan por sí mismos o mueran. Una situación de intolerancia parecida se da actualmente en Nigeria y Congo. Los niños son designados como los directos responsables de las malas cosechas, la pérdida de un empleo o los problemas de salud de los adultos. En represalia, se considera justo maltratarlos o eliminarlos físicamente.

Cuando una viajera europea descubre esta realidad que no sospechaba, toma la decisión de dedicar su vida a las víctimas.

Hay en Nigeria miles de niños a los que acusan de ser brujos. Hemos visto niños torturados, niños muertos, niños aterrorizados. Estas imágenes muestran por qué lucho. Por qué vendí todo lo que tenía en Dinamarca. Por qué me muevo en territorio inexplorado. (Anja Ringgren Loven)

A pesar del contexto cultural nada favorable para la infancia, que se daba en Europa durante los primeros años del siglo XVI, los conquistadores españoles y portugueses que se asentaron en el continente americano y no se caracterizaron precisamente por su tolerancia de la diversidad étnica, descubrieron en el territorio que habían invadido, ritos nativos que los horrorizaban y convencieron de haber llegado a un lugar que desconocía la palabra de los Evangelios y (tanto si la aceptaban de buen grado o se atrevían a rechazarla) debía abandonar de inmediato sus costumbres tradicionales.

Por eso prohibieron los sacrificios humanos habituales entre los pueblos originarios. Toltecas, aztecas, mexicas, mayas, totonacas, muiscas, incas, practicaban el asesinato ritual de niños para homenajear a sus dioses o celebrar la ascensión al poder de un nuevo gobernante. Entre los totonacas, la sangre de los niños era mezclada con semillas y consumida como parte de un ritual purificador de los adultos.

Para los aztecas, los sacrificios humanos eran parte de sus ritos religiosos. Los cultos relacionados con el cultivo del maíz, requerían la muerte de víctimas de distintas edades. Se sacrificaba a niños recién nacidos para auspiciar las siembras. Otros niños más crecidos eran muertos durante la etapa del grano tierno. Finalmente se mataba a ancianos para proteger la cosecha del maíz maduro.

Entre los incas, durante la celebración de la capacocha (u Obligación Real), se enterraban vivos a parejas de niños y niñas, por lo general hijos de caciques, que provenían de los puntos más opuestos del vasto imperio. Durante los preparativos, los vestían con ricas ropas, puesto que se los consideraba perfectos. Antes de matarlos, los embriagaban, y después de la ceremonia los enterraban en lo alto de las montañas, con el objeto de solicitar el favor de los dioses.

La mayor ofrenda que se podía hacer era un niño, cuanto más bonito mejor, pero no hay que perder de vista el contexto. En los Andes hay un volcán tras otro. Los incas vivían con un miedo tremendo, tenían que estar bien con sus cerros, que estaban vivos, que eran sus ancestros que los protegían. (Alicia Alonso)

El festival de Situa o de la purificación, se celebraba en el Imperio Inca hacia el inicio de la época de las lluvias. Para mitigar las enfermedades que llegaban en ese momento, organizaban una jornada de ayuno, después de la aparición de la luna del equinoccio. Por la noche, los celebrantes se untaban la cabeza, el torso, los brazos y piernas, con una pasta de maíz humedecida con sangre de niños de cinco a diez años, que se obtenía de una herida hecha entre las cejas.

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Acerca de oscar garaycochea

Dramaturgo, guionista de cine, libretista de TV, docente especializado en dramaturgia audiovisual, blogger empecinado en aprovechar lo que le queda de vida en comunicarse.
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