JUEGO Y UNIVERSO MENTAL DE LAS NIÑAS (III): AUTONOMÍA Y DEPENDENCIA

Jugar es un derecho de la infancia y los adultos hemos de velar por su cumplimiento en todos y cada uno de los niños y niñas. (Asamblea General de las Naciones Unidas)

Bullying entre niñas

¿Han dejado de jugar las niñas en la actualidad? No. El juego continúa siendo un placentero entrenamiento para la vida más comprometida del adulto, que las niñas de hoy encaran sin tener mucha conciencia de ello, tal como pasaban tradicionalmente. ¿Siguen jugando tal como lo habían hecho durante siglos? Tampoco. Se preparan para sobrevivir en un mundo competitivo, donde la tecnología de las comunicaciones se ofrece como el ámbito que las rodea, que deben conocer y en lo posible controlar.

Tener muñecas, vestirlas, mostrarlas a otras niñas, involucrarlas en situaciones imaginarias, era uno de los entretenimientos favoritos de las niñas en el pasado. Ellas se convertían en sus madres o hermanas, durante la interacción con otras niñas, que eran parte de su familia o su vecindad en el mundo real. Esas muñecas (y en menor medida, los muñecos de aspecto masculino pero sin genitales) representaban a niños de corta edad, para facilitar las ficciones maternales.

No eran capaces de valerse por sí mismos, carecían de movimientos, solicitaban ser acunados, alimentados, vestidos, corregidos, tal como los adultos hacían con sus hijos, pero fuera de abrir y cerrar los ojos de algunos de ellos, no debía esperarse otras reacciones corporales. En el caso de tener voz, no pasaba de ser un mensaje elemental, repetido cada vez que se los movía.

Barbie

Las muñecas de hoy, en cambio, desde hace medio siglo, representan seres humanos adultos. Barbie tiene pechos de mujer desarrollada, usa calzado con altos tacos, tiene largas piernas y esbelta cintura. Suministra un modelo de belleza física (no pocas veces inalcanzable) a las niñas que juegan con ella. Cuando se las involucra en un juego, resulta imposible otorgarles el rol de menores de edad. ¿Por qué una niña del mundo actual verse como una madre, cuando puede soñar con  ser igual a ese modelo exitoso de la mujer que le ofrecen los medios? Ese sueño prospera en el juego solitario del mundo actual. Sin testigos, cada una es lo que se le antoja. La presencia de algún testigo podría perjudicar la fantasía.

Tamagotchi

Durante los últimos años del siglo XX llegó el tamagotchi, un dispositivo que no sustituía a las muñecas (no intentaba parecerse visualmente a un ser humano), pero le otorgaba otra exigencia a la relación de dependencia que suele establecerse entre el juguete y su dueña. Si la niña no le prestaba una atención similar a la requerida por cualquier bebé, lloraba, se quejaba, ponía en evidencia el descuido. Había que alimentarla en forma regular, había que higienizarla (porque defecaba, una situación impensable en las pulcras muñecas clásicas).

En Australia, reclamaban que se las alimentara con monedas, promoviendo hábitos inadecuados de gasto en sus propietarias. Si la mascota era olvidada, como hacen los niños con tanta frecuencia, agonizaba y moría. Hubo que incorporarles una modalidad de Pausa, para que no interfirieran con sus reclamos la asistencia a la escuela.

Tamagotchi

La reacción emocional de las dueñas de tamagotchis era similar a la despertada por un ser vivo. Podía cuidárselo, pero también cabía hacerlo sufrir. Intentar lo mismo con un ser vivo, hubiera sido un acto criminal. Se habló de intentos de suicidios que ocurrieron en la realidad, como consecuencia de la muerte de tamagotchis o que alimentaron los mitos urbanos. Como todas las modas promovidas por la industria cultural  de la modernidad, la mascota se impuso muy rápido (se vendieron 80 millones en pocos años) y sin embargo no se mantuvo vigente mucho tiempo. ¿Requería más dedicación de la que están dispuestas a conceder las niñas de hoy?

Hoy el juego es más individual. Pero el juego en equipo es clave para aprender a escuchar, a compartir y a aprender a esperar. (Trinidad Goycolea)

¿Qué pasa cuando la dimensión socializadora del juego infantil desaparece? Jugar a las visitas o el doctor, participar en rondas y juegos de prendas, eran formas de conectarse con los pares, de negociar y entrenarse en roles que van a presentarse durante el resto de la vida, una eterna demanda que los niños no se resignan a dejar insatisfecha. Ahora, por la estructura de grandes núcleos urbanos, por el temor a la inseguridad y las ofertas de la tecnología, ellos suelen estar aislados físicamente en sus hogares, incluso en sus habitaciones, pero Internet les brinda nuevas (y peligrosas) maneras de escapar del encierro y ponerse en contacto con probables compañeros de juego.

En la actualidad, se considera necesario quebrar la tradicional separación de géneros, cuando los niños debían jugar por su lado y las niñas por el otro, porque se los preparaba para dos tipos opuestos de desempeño en el mundo real. Mientras las niñas se entrenaban para ser esposas que cocinaban y madres que cuidaban a sus hijos, los niños construían máquinas o edificios, practicaban deportes competitivos, etc. Los niños tienen figuras de héroes de acción, tal como las niñas tienen las diversas versiones de Barbie.

Hoy el juego de socialización es para muchos niños es estar en Facebook, pero no conversar directamente con los amigos. (Hernán Sepúlveda)

Niños con teléfonos celulares

Los juegos de Internet tienen algunos elementos comunes: obligan a los usuarios a distanciarse de otros usuarios con quienes hubieran podido interactuar cara a cara, para depender de los servicios de la tecnología, sin la cual nada parece posible. Hay que consumir equipos, hay que abonarse a la red. No queda mucho sitio para otros juegos sociales, porque para eso están los chats, que brindan la aparente oportunidad de conectarse con iguales distantes. Llega a tenerse la impresión de que cuanto más lejos se encuentra el interlocutor, más intensa es la comunicación. Se trata de depender de los medios o desaparecer del mundo virtual.

Niños y adolescentes se ufanan de la cantidad de seguidores (a los que nunca vieron) documentan las estadísticas de sus cuentas de Facebook. Tener muchos seguidores es la demostración de ser popular, ser aceptado por ellos, demostrar autoridad ante amigos y compañeros, recibir incluso el trofeo ostensible de algunos I like, a pesar de tratarse de figuras virtuales, incluso desconfiables (¿qué o quién se oculta detrás de un seductor avatar?).

En lugar de simular que las niñas juegan en el bosque, mientras el lobo se encuentra ausente, pero no demasiado lejos, obligando a estar preparadas para huir, como pretendía la vieja ronda infantil, las niñas de hoy aceptan dócilmente las seducciones del grooming, mediante el cual una jauría de adultos perversos asumen el avatar de otros niños, que envía falsas fotos de quienes dicen ser, imágenes desafiantes, sexualmente explícitas, que reclaman la reciprocidad de sus incautas víctimas.

Blullying entre niñas

Otros juegos, en otros tiempos, cada vez más riesgosos para las niñas que aceptan participar en ellos. Allí donde los juegos tradicionales establecían roles cambiantes, actividades participativas equivalentes para todos, los nuevos medios de comunicación han aceptado las relaciones desiguales de poder, el abuso espectacular (para disfrute de los testigos distantes). El teléfono con cámara de video y el acceso inmediato a You Tube, se han convertido en herramienta fundamental del bullying escolar. ¿Qué puede ser más sencillo que organizar el abuso de alguna compañera, para subir a la red el video y amplificar planetariamente la humillación?

Las riñas infantiles registradas por los teléfonos de los testigos que ofrece You Tube, se encuentran lejos de ser un juego inocente. Dejan heridos, contusos y algo tal vez menos evidente, el acostumbramiento colectivo a la crueldad, la tolerancia del abuso de parte de los amigos y compañeros. Son luchas encarnizadas y a la vez absurdas, tal como las páginas de las anoréxicas, dedicadas a convertir su enfermedad mental en espectáculo repulsivo y a la vez modelador del comportamiento para otras niñas no menos confundidas.

Probablemente siempre hubo una siempre una buena dosis de crueldad involucrada en los juegos infantiles de la tradición, aunque los adultos despreocupados no la percibieran, pero en la actualidad eso puede registrarse en imágenes y sonidos, y exhibirse, no solo para que los padres y educadores se alarmen ante la evidencia que ya no pueden ignorar, sino mucho antes, para causar graves daños a las víctimas.

Internet sirve hoy para exhibirse, para humillar, para buscar compañía o aplauso, y el medio rara vez interpone algún filtro a las proyectos más delirantes. Si alguien es imprudente al utilizar el medio, como le sucede a los niños, que todavía no han desarrollado suficientes defensas contra los riesgos, Internet se presenta como un insuperable territorio de juegos, solo que no suele ser lo que aparenta. Las invitaciones al juego no pasan de ser estrategias de captación de adeptos, tal como sucede en el mundo real.

Eden Wood, reina de belleza

Cuando las niñas son dejadas a solas, como venían reclamando a los padres controladores las rondas infantiles, quedan en disponibilidad para adentrarse en un mundo que las solicita sobre todo para explotarlas, mientras les ofrece limitadísimas alternativas de desarrollo personal. Desde pequeñas, las niñas de hoy pueden maquillarse y vestirse provocativamente, como mujeres adultas fogueadas en el tema, mientras antes, en la época del control familiar, eso se daba solo en el ámbito de la intimidad protegida, con otras amigas de su misma edad, como parte de un juego.

Concurso de belleza infantil en Australia

Ahora las niñas imitan a sus heroínas mediáticas, las artistas más famosas de la música popular, que les enseñan cómo atraer a millones de admiradores distantes con su look estrafalario. Ellas no tienen una audiencia tan grande, ni se mueven en un escenario, pero están menos protegidas del entusiasmo que pueden despertar y no pocas veces se convierte en abuso masculino.

Desde muy temprano intentan obtener el aspecto de las modelos de la alta costura, a pesar de no contar con los recursos para adquirir sus prendas, por lo que recurren al vómito sistemático, que las conduce a la anorexia y de ahí la muerte. O exploran la sexualidad promiscua, imaginando que después del buen rato no hay consecuencias como el embarazo no deseado, la violencia o las enfermedades sexuales.

Caperucita Roja

Las niñas de hoy se lanzan muy temprano a una vida que se tradicionalmente se reservaba a los adultos y que ellos no siempre conseguían controlar. Juegan a ser mujeres adultas y descubren a continuación que los hombres adultos interesados en menores de edad, son desquiciados, abundan y pueden causarles daños considerables. Es la actualización del cuento de Caperucita Roja, que al menos en la versión de Charles Perrault contenía una advertencia a los jóvenes sobre el riesgo de los adultos embaucadores que afrontaban.

La niña bonita / y la que no lo sea / que a todas alcanza / esta moraleja: / mucho miedo, mucho / al lobo le tenga / que a veces es joven / de buena presencia, / de palabras dulces, / de grandes promesas, / tan pronto olvidadas / como fueron hechas. (Charles Perrault: Caperucita Roja)

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Acerca de oscar garaycochea

Dramaturgo, guionista de cine, libretista de TV, docente especializado en dramaturgia audiovisual, blogger empecinado en aprovechar lo que le queda de vida en comunicarse.
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