Despedida prematura

Supongamos que este es el fin del blog, aunque no lo sea todavía. Gracias por haber pasado por aquí, gracias por detenerse a leer estas líneas. Cuando una situación cualquiera llega a su inevitable  desenlace, aquellos que participaron quieren despedirse de una vez por todas y no verse obligados a repetir la ceremonia, demasiado engorrosa para quienes la ejecutan y bastante aburrida para quienes la presencian.

Hay despedidas oportunas, que cierran definitivamente alguna etapa de nuestra vida, para no volver atrás, evitando redundancias o apresuramientos. ¡Qué incómodo tener que repetir una escena, porque no fueron tomados en cuenta ciertos detalles! Tampoco es bueno verse obligado a abreviar la despedida, destruyendo el efecto que se esperaba lograr.

Al iniciar la redacción de este blog durante los últimos meses del 2009, ignoraba las dimensiones que podía alcanzar este proyecto. Hasta entonces no había escrito ningún blog y tampoco había leído muchos. En mi computador guardaba el texto de un libro que no hallaba editor, nacido a lo largo del 2008, durante los meses finales de mi paso por una institución universitaria que las intrigas y odiosidades había convertido en una prisión. Para no hundirme en ese pantano, debía sujetarme de algún proyecto ajeno a las preocupaciones cotidianas.

Me propuse investigar el tema de la imagen de la infancia, algo que fue tomando forma por sí solo. No soy Historiador, ni Sociólogo. Mis herramientas habituales son las del Periodismo y la producción audiovisual, que se dedica a investigar lo que venga, y no pido disculpas por el atrevimiento de averiguar cómo se articula cualquier tema, con el objeto de comunicarlo no a especialistas, sino a la audiencia masiva.

Cuatro años más tarde, ese trabajo sin metas no ha concluido, porque sigo descubriendo aspectos de la infancia que me interesa explorar, pero la salud me plantea una alerta que no debo ignorar. Soy cuatro años más viejo, mis fuerzas no se recuperan tan pronto como sucedía en el pasado y sobre todo sé que estoy enfermo. Me aguardan situaciones que tal vez reduzcan mi capacidad de trabajar o directamente me borren del mapa. Despedirse ahora puede ser prematuro, pero al mismo tiempo no hacerlo aún, sería confiar en el imposible happy end de los cuentos de hadas.

No soy eterno, reconozco con alivio. Pasé muy buenos momentos redactando este blog. Obtuve una cantidad de visitantes que no sospechaba. No cierro este blog en la fecha que figura más abajo, solo publico esta despedida prematura, para exponer las razones por las que en algún momento (más pronto o más tarde) no estaré disponible para continuarlo y se interrumpirá para siempre. Mientras tanto, sigo trabajando.

O.G.

Noviembre de 2013

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